La tranquilidad que caracterizaba a la zona sur de Posadas parece haber quedado en el olvido. Los vecinos de la parcela 32 -33, ubicada en las inmediaciones de las avenidas Cocomarola y Salvador Miqueri de Posadas, atraviesan una situación crítica marcada por el aumento exponencial de delitos y un fenómeno que describen como "atípico": el desembarco de drogas pesadas que transforman a los consumidores en "zombis".
La preocupación es tal que para este jueves estaba prevista una reunión clave con la Policía Comunitaria y comisiones vecinales de la zona. Sin embargo, las inclemencias climáticas obligaron a postergar el encuentro para la próxima semana. Mientras tanto, los residentes aseguran sentirse desprotegidos pese a las inversiones privadas en cámaras y alarmas.
En diálogo con Radio Up, Víctor Piris, vecino referente de la zona, describió un panorama desolador. "El año pasado tuvimos muchos hechos de inseguridad. A mí me rompieron una ventana y me entraron. Hicimos la denuncia, hubo investigaciones, pero no se recuperó nada ni se identificó a nadie", comenzó relatando.

Crecimiento del consumo de estupefacientes
Piris hizo especial hincapié en la degradación social que observan a diario: "Vemos mucha gente en situación de consumo, algo atípico para nuestra zona. Se nota que están muy trastornados. Lo más preocupante es que vimos a dos chicos de unos 10 años deambulando drogados, muy perdidos. Esto se salió de control".
El vecino detalló que el tipo de sustancias que se comercializan en el barrio generan efectos aterradores. "Se ve gente grande como zombis caminando. Algunos se quedan dormidos sentados por horas y otros están exaltados, rompen botellas y hacen fuego. Un vecino me comentó que mezclan la droga con plástico quemado", denunció Piris en Radio Up.
Uno de los grandes reclamos hacia el Estado es la falta de herramientas tecnológicas para prevenir el delito. Según Piris, cuando solicitaron la instalación de cámaras de seguridad oficiales, la respuesta fue negativa: "Me dijeron que las cámaras necesitan señal 4G clara y que aparentemente en esta zona no hay".
A esto se suma un obstáculo físico inusual: un palo borracho gigante que obstruye una de las calles del barrio. "La municipalidad lo dejó ahí. La calle está semiabierta, no pueden entrar autos y eso genera que haya menos circulación, convirtiéndose en el lugar ideal para que los grupos se junten a consumir", explicó.
Para los habitantes de la Parcela 32-33, el barrio se ha convertido en un punto de destino para personas de otras jurisdicciones. "Viene gente de muy lejos, de más de 50 años y jóvenes de 15. Notamos que no son de acá. Hay comentarios de que hay más venta o una venta particular en una casa que atrae a toda esta gente. Es como si hubiera un 'shopping' por acá cerca", sentenció Piris.
Pese a que la policía realiza patrullajes y operativos esporádicos, la sensación de inseguridad persiste. Los vecinos denuncian que el sistema 911 suele demorar y que, tras los operativos donde se detiene a personas con consumos problemáticos, el movimiento se reactiva a los pocos días. "Hace 3 años esto era supertranquilo. Ahora los chicos andan con la mirada perdida buscando si a alguien se le cayó un poco de droga. Se nota que están muy enfermos", concluyó el vecino.
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