El daltonismo afecta aproximadamente a 1 de cada 12 varones (8%) y a 1 de cada 200 mujeres (0,5%), según parámetros epidemiológicos internacionales, pero en Argentina no existe un programa nacional de detección universal en niños ni un registro oficial sobre la prevalencia. La condición, presente desde el nacimiento en la mayoría de los casos, suele hacerse evidente entre los 5 y 7 años, durante la etapa de alfabetización, cuando comienzan a aparecer dificultades para identificar o diferenciar determinados colores.
La diferencia entre hombres y mujeres responde a la forma en que se transmite la alteración. Se trata, en los casos más frecuentes, de una condición genética recesiva vinculada al cromosoma X. Por eso, los varones, que poseen un solo cromosoma X, pueden manifestarla con una única copia alterada, mientras que las mujeres necesitan presentar la mutación en ambos cromosomas.
En el ámbito escolar, algunas señales pueden aparecer cuando los chicos confunden colores de manera reiterada al pintar o dibujar, tienen problemas para identificar determinadas prendas o encuentran dificultades para interpretar señales que dependen exclusivamente de la percepción cromática.
La ausencia de un diagnóstico temprano también puede afectar el desempeño académico. Un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas advierte que los materiales educativos que utilizan exclusivamente colores pueden convertirse en una dificultad que pasa inadvertida.
“Cuando el material didáctico usa colores sin ninguna otra alternativa visual, un chico no diagnosticado puede ser injustamente etiquetado de ‘distraído’ o con ‘dificultades de aprendizaje’, lo que genera una enorme frustración y baja autoestima”, señaló Francisco Ceballos (M.N. 148.491/M.P. 552.537), especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral.
El profesional sostuvo que adaptar los recursos educativos no requiere grandes inversiones. La recomendación consiste en no utilizar el color como único medio para transmitir información y complementarlo con palabras, números, formas, patrones o símbolos.
La dificultad para diferenciar determinados colores también puede trasladarse a la vida adulta. Entre las situaciones que pueden presentar obstáculos se encuentran la combinación de prendas, la interpretación de mapas y gráficos, y la identificación del grado de maduración o cocción de algunos alimentos.
En materia de seguridad vial, la percepción cromática puede adquirir mayor importancia cuando los semáforos se encuentran dispuestos horizontalmente, ya que la ubicación de las luces puede no brindar la misma referencia que en una disposición vertical.
También existen determinadas actividades laborales en las que una correcta discriminación de colores es un requisito relevante. Entre ellas aparecen algunos puestos vinculados con la aviación, la navegación, determinados sectores industriales y áreas de la salud.
Qué tratamientos existen para el daltonismo
Frente a la oferta de productos que prometen solucionar la alteración visual, los especialistas remarcan que no existe actualmente una cura definitiva para el daltonismo congénito.
“Ningún tratamiento puede corregir la causa genética de base ni convertir de forma permanente una visión alterada en una visión normal. En alteraciones adquiridas, por afecciones del nervio óptico, retina o fármacos, abordar la enfermedad de base puede mejorar la visión”, explicó Ceballos.
Los anteojos desarrollados para personas con daltonismo emplean filtros espectrales que modifican determinadas longitudes de onda. De esta manera, pueden aumentar el contraste entre algunos colores y facilitar su diferenciación durante el uso.
“Pueden ayudar a algunos usuarios a distinguir mejor ciertos matices en el momento de uso, pero no curan ni corrigen la causa médica”, aclaró el especialista.
En cuanto a la investigación científica, no existen ensayos clínicos vigentes en humanos para el daltonismo rojo-verde común. En cambio, para la acromatopsia se desarrollan estudios de terapia génica en niños que buscan mejorar la función de los conos, aunque los resultados obtenidos hasta el momento no son uniformes ni sostenidos en todos los pacientes.
El diagnóstico durante la infancia permitiría adaptar los métodos de enseñanza y evitar que una dificultad para distinguir colores sea confundida con problemas de atención o aprendizaje. En ese contexto, la incorporación de controles visuales y de recursos educativos que no dependan exclusivamente del color aparece como una herramienta de prevención y acompañamiento escolar.



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