En esta época del año, cuando el cansancio acumulado, las obligaciones y el estrés parecen intensificarse, también crece un fenómeno cada vez más frecuente: el hambre emocional.
Hambre emocional: por qué aumenta a fin de año y cómo frenarlo
Así lo confirmó la Licenciada en Nutrición Laura Ojeda, quien dialogó con La Última Rosca, emitido por Radio Up, para despejar dudas y ayudar a identificar cuándo el deseo de comer responde a una necesidad real del cuerpo y cuándo es una respuesta emocional.
‘’El hambre emocional o la famosa ansiedad sí existe’’, afirmó Ojeda, y destacó que durante mucho tiempo se creyó que las personas comían solo por hambre fisiológica.

‘’Hoy se sabe que no es así. Yo por ahí con los pacientes lo que trabajo mucho es que puedan aprender a identificarlo y cuando hablo de identificarlo es de manera práctica’’.
Ojeda brindó un ejemplo claro y cotidiano: ‘’si yo tengo hambre emocional, quiero consumir un alimento en particular. Tengo ganas de comer una pizza de tal lado, una hamburguesa de moza, por ejemplo. En cambio, cuando tengo hambre real, lo que me inviten lo voy a consumir’’.
Además, explicó que una señal frecuente es que, tras comer ese alimento buscado, el impulso no disminuye: ‘’muchas veces pasa que después de ingerir ese alimento sigo teniendo más ganas de comer. Entonces ahí estamos: poder identificarlo y decir ‘¿qué me pasa?’, ‘¿estuve cansado?’, ‘¿me peleé con mi jefe?’, ‘¿tuve un mal día?’. ¿De dónde viene esa necesidad?’’.

Según la nutricionista, estas conductas suelen estar vinculadas a factores que exceden la comida: estrés, falta de descanso, problemas laborales o incluso dificultades emocionales más profundas.
Ojeda remarcó que la ansiedad no está asociada exclusivamente al sobrepeso o a un determinado tipo de cuerpo: ‘’la ansiedad es una patología que puede sufrir cualquier persona y que tiende a repercutir en la comida’’, sostuvo.
Relató incluso un caso reciente: ‘’la semana pasada una paciente con anorexia nerviosa me dijo: ‘Me encontré comiendo un paquete de galletitas que nunca hubiese comprado. Abrí la alacena, lo vi y lo empecé a comer. En la mitad del paquete me di cuenta y dije: ¿era esto lo que quería comer o no?’’’.

Para estos episodios, la profesional recomienda frenar el impulso: ‘’un método que utilizo mucho es: me tomo un vaso con agua fría, me conecto con otra cosa, freno antes del impulso. Y después sí veo si realmente eso es lo que quiero comer o no’’.
El cierre del año suele combinar cansancio, responsabilidades acumuladas y encuentros sociales atravesados por la comida. Para Ojeda, esa mezcla puede potenciar la ansiedad y el descontrol alimentario.
‘’Llega fin de año y llega el fin del mundo’’, bromeó y agregó: ‘’hay ciertos tipos de comida que por algún motivo se tienen que comer en diciembre, como si durante el año no pudiéramos. Yo por ahí les digo: dense esos gustos durante el año, así no llegan a diciembre a reventar todo’’.
Su recomendación es clara: mantener la rutina alimentaria habitual incluso en semanas festivas: ‘’el que desayuna, que desayune; el que almuerza, que almuerce. Que se manejen como un día cotidiano. Y si se van a dar una panzada, que sea a la noche. Si no, después terminamos sumando sin darnos cuenta y eso nos deja hinchados y molestos’’.

Según la licenciada, la nutrición actual estaría incompleta sin considerar el aspecto emocional: ‘’los médicos recién ahora empezaron a preguntar a los pacientes cómo se sienten, a conocer más su vida y no solo ver la prescripción médica. Antes no se trabajaba sobre las emociones’’, indicó.
Por eso, en muchos casos recomienda acompañar el tratamiento nutricional con terapia psicológica: ‘’hay cosas más profundas que nosotros como profesionales de la nutrición no podemos resolver, pero sí podemos ayudar a que encuentren la vía. Y eso termina repercutiendo en el peso y en el famoso hambre emocional’’.
Antes de despedirse, Ojeda expresó su satisfacción por poder hablar del tema: ‘’muchas veces la gente tiene esto ahí guardado y no sabe cómo manifestarlo o cree que no le pasa a él. Poder exponerlo está buenísimo’’.



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