El cometa 3I/ATLAS se convirtió en uno de los protagonistas absolutos de la astronomía en 2025 desde su detección, el 1 de julio, cuando los astrónomos confirmaron que su órbita hiperbólica no estaba ligada gravitacionalmente al Sol. Esa trayectoria reveló que se trataba de un objeto interestelar, el tercero identificado hasta ahora, después de 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov.
Este viernes 19 de diciembre, el cometa alcanzará su máxima aproximación a la Tierra a las 06.00 GMT, es decir, a las 03.00 de la madrugada en Argentina, cuando pasará a unos 270 millones de kilómetros de nuestro planeta. Aunque no será visible a simple vista, quienes cuenten con telescopios de al menos 20 centímetros de diámetro podrán intentar observarlo con un brillo tenue, apuntando hacia la constelación de Leo.
☄️Acercamiento a nuestro planeta:
✅3I/ATLAS cometa interestelar
✅19 de diciembre a una distancia de 1,8 UA (270 millones de kilómetros de la Tierra)
❌No se podrá ver a simple vista
✅Ubicable con telescopios
➡️Rastreo en tiempo real @NASA_es https://t.co/JznC9jkqqE pic.twitter.com/hci9VukPuq— Observatorio ALMA📡 (@ALMAObs_esp) December 18, 2025
Desde su descubrimiento, más de 200 observatorios y telescopios de todo el mundo participaron en su seguimiento. Instrumentos de última generación, como el Observatorio Rubin en Chile, el Telescopio Espacial Hubble y sondas en órbita de Marte, permitieron obtener imágenes, espectros y mediciones detalladas que revelaron un objeto muy diferente a los cometas conocidos.
Uno de los primeros datos que sorprendió a los científicos fue su tamaño: el núcleo del cometa mediría al menos cinco kilómetros de diámetro, lo que lo convierte en un objeto mucho más masivo que los otros visitantes interestelares detectados hasta ahora. En términos de masa, sería hasta un millón de veces más pesado que ‘Oumuamua y mil veces mayor que Borisov.

Además, los modelos dinámicos sugieren que 3I/ATLAS podría ser incluso más antiguo que el propio sistema solar, que tiene unos 4.600 millones de años. Su velocidad, cercana a los 210.000 kilómetros por hora, refuerza la idea de que se trata de un fragmento expulsado de otro sistema estelar hace miles de millones de años.
Durante su paso por el perihelio, ocurrido el 29 de octubre, el cometa mostró una intensa actividad: emisión de gas, polvo y el desarrollo de colas complejas. Sin embargo, su composición química llamó especialmente la atención. A diferencia de la mayoría de los cometas del sistema solar, 3I/ATLAS presentó altos niveles de dióxido y monóxido de carbono, carbono diatómico, una presencia elevada de níquel y una baja proporción de hierro, un desequilibrio poco habitual.
Otro fenómeno inesperado fue la detección de un “latido cósmico”, con destellos de luz que se repiten cada 16 horas, asociados a la rotación del núcleo y a la liberación periódica de gas y polvo. También se observaron chorros de material orientados hacia el Sol que mantuvieron su dirección incluso mientras el cometa giraba, un comportamiento poco común en este tipo de objetos.
Durante el perihelio, además, el cometa mostró una tonalidad azul intensa, más marcada incluso que la del Sol, lo que sugiere la presencia de procesos químicos o partículas aún no completamente explicados.
A pesar de algunas especulaciones mediáticas, la comunidad científica coincide en que 3I/ATLAS es un objeto natural, aunque extremadamente raro. “Hace cosas de cometas”, resumieron desde la NASA, descartando hipótesis extraordinarias.
Tras este acercamiento, el cometa iniciará su retirada definitiva del sistema solar y no volverá jamás. Sin embargo, el enorme volumen de datos recolectados seguirá siendo analizado durante años y permitirá profundizar el conocimiento sobre cómo se forman y evolucionan los cuerpos en otros sistemas planetarios.
El paso fugaz de 3I/ATLAS no solo ofreció un espectáculo científico excepcional, sino que abrió nuevas preguntas sobre la diversidad del universo y los mensajeros que, de tanto en tanto, lo atraviesan.



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