Diversos estudios científicos indican que la vacuna contra el herpes zóster podría reducir aproximadamente un 20% el riesgo de desarrollar demencia. La investigación, que cobra relevancia ante el aumento de los casos proyectados para las próximas décadas, sostiene que esta inmunización podría convertirse en una herramienta complementaria para la prevención de enfermedades neurodegenerativas, aunque los expertos coinciden en que todavía son necesarios nuevos ensayos clínicos para confirmar su alcance.
La demencia, cuya forma más frecuente es el Alzheimer, representa una de las principales preocupaciones sanitarias a nivel mundial. Las estimaciones actuales prevén que la cantidad de personas con esta enfermedad podría triplicarse y llegar a 153 millones en 2050 debido al envejecimiento de la población.
Sin embargo, distintos especialistas remarcan que el riesgo individual no necesariamente sigue esa tendencia. En varios países desarrollados, la probabilidad de padecer demencia ajustada por edad disminuyó de manera sostenida durante las últimas décadas, un fenómeno que se atribuye a mejores hábitos de vida y al tratamiento de factores de riesgo.
Entre las estrategias que demostraron beneficios figuran una alimentación saludable, la actividad física regular, la estimulación cognitiva y el control de enfermedades como la hipertensión, el colesterol elevado, la depresión y la pérdida de audición. No obstante, mantener estos cambios durante años suele representar un desafío para gran parte de la población.
En ese contexto, la vacunación contra el herpes zóster aparece como una alternativa de fácil implementación. Los investigadores manejan distintas hipótesis para explicar el posible efecto protector. Una de ellas plantea que el virus de la varicela-zóster podría contribuir al deterioro neurológico mediante procesos inflamatorios, mientras que otra sugiere que la vacuna fortalece la respuesta del sistema inmunológico frente a otros agentes que podrían estar relacionados con la demencia.
Actualmente, gran parte de la evidencia proviene de estudios realizados con una versión anterior de la vacuna. Sin embargo, investigaciones recientes también muestran resultados alentadores con Shingrix, la vacuna más utilizada en la actualidad, elaborada con proteínas del virus y considerada más segura al no contener virus vivos.
Pese a estos hallazgos, el acceso a la vacuna continúa siendo limitado en numerosos países. En varios sistemas sanitarios, la inmunización se recomienda únicamente para personas mayores de 65 años o pertenecientes a grupos específicos, aunque algunos análisis sostienen que ampliar la cobertura podría resultar rentable por el ahorro potencial en tratamientos y cuidados de largo plazo.
Los especialistas insisten en que todavía deben realizarse ensayos clínicos aleatorizados para determinar con mayor precisión la eficacia de la vacuna en la prevención de la demencia, la edad ideal para su aplicación y la necesidad de dosis de refuerzo. Mientras tanto, consideran que los resultados obtenidos hasta el momento justifican seguir investigando el potencial de esta estrategia preventiva.



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