En un contexto donde el delito migra cada vez más hacia el entorno digital, las estafas online se consolidan como una de las principales preocupaciones en Misiones. Así lo confirmó el fiscal provincial de ciberdelitos, Juan Pablo Espeche, en diálogo con Radio Up, quien trazó un panorama detallado sobre las modalidades más frecuentes, los cambios en el perfil de las víctimas y las estrategias que utilizan los delincuentes para engañar.
Lejos de tratarse de hechos aislados, el fenómeno muestra una evolución constante, con mecanismos cada vez más sofisticados que combinan tecnología, manipulación psicológica y aprovechamiento del error humano.
Marketplace y falsas transferencias: la estafa que marcó el último año
Durante el año pasado, una de las estafas más denunciadas en la provincia fue la vinculada a operaciones de compra-venta en redes sociales, especialmente en plataformas como Facebook Marketplace. Allí, los estafadores simulan ser compradores interesados, establecen contacto con la víctima y avanzan rápidamente hacia una supuesta transacción.
Según explicó Espeche, el engaño comienza cuando el delincuente asegura haber realizado una transferencia bancaria que en realidad nunca se concreta. Para reforzar la mentira, envían comprobantes falsos y argumentan demoras en la acreditación del dinero, generalmente apelando a una excusa recurrente: el fin de semana.
“Siempre ocurre viernes o sábado, cuando los bancos no están operativos. Ahí empieza la presión”, detalló el fiscal.
El mecanismo escala cuando el estafador afirma haber transferido un monto superior al acordado —por ejemplo, millones en lugar de miles— y solicita la devolución urgente del excedente. En ese punto, incluso puede intervenir un falso “asesor bancario” que contacta a la víctima para guiarla en la supuesta devolución del dinero.
La clave la estafa radica en generar confianza y desesperación, dos factores que empujan a la víctima a actuar sin verificar la información.
Inversiones falsas y promesas de alta rentabilidad: la nueva ola de engaños
En lo que va de este año, la fiscalía detectó un cambio de tendencia: crecieron las denuncias vinculadas a estafas de inversiones fraudulentas, muchas de ellas promocionadas en redes sociales como Facebook e Instagram.
Uno de los casos más recurrentes es el uso indebido de nombres de empresas reconocidas —como supuestas inversiones en YPF— para dar credibilidad a propuestas que prometen ganancias extraordinarias en poco tiempo.
El modus operandi incluye la descarga de aplicaciones falsas, donde el usuario visualiza supuestos rendimientos positivos. Sin embargo, todo forma parte de una simulación.
“Te hacen creer que estás ganando dinero, pero cuando querés retirarlo, la plata nunca existió”, advirtió Espeche.
Esta modalidad también está migrando hacia el universo de las criptomonedas, donde la trazabilidad del dinero se vuelve más compleja y dificulta las investigaciones judiciales.
Suplantación de organismos y robo de datos personales
Otra de las estrategias en crecimiento es la utilización de nombres de organismos públicos como ANSES o el IPS, con el objetivo de ofrecer falsos beneficios, descuentos o viajes.
En estos casos, el objetivo no siempre es obtener dinero de forma inmediata, sino recolectar datos personales sensibles: DNI, números de cuenta, claves o información bancaria.
“Cuantos más datos obtiene el delincuente, más herramientas tiene para concretar una estafa”, explicó el fiscal.
Este tipo de maniobra evidencia que el delito digital no siempre es directo, sino que puede desarrollarse en etapas, donde la información robada se utiliza posteriormente.
Del WhatsApp a las criptomonedas: cómo muta el ciberdelito
Las modalidades cambian con rapidez. Si bien en su momento fueron frecuentes los hackeos de cuentas de WhatsApp o los mensajes en nombre de sanatorios y empresas, hoy los delincuentes buscan nuevos caminos.
“Cuando una modalidad deja de funcionar, cambian el foco. Siempre van un paso adelante”, sostuvo Espeche.
En ese sentido, el auge de las criptomonedas, los cursos online y las plataformas de inversión se convirtió en terreno fértil para nuevas estafas, muchas de ellas con características similares a esquemas piramidales.
El factor humano: la puerta de entrada al delito
Uno de los puntos más relevantes que destacó el fiscal es que, en la mayoría de los casos, el delito no ocurre por una falla técnica, sino por un error humano.
“Es muy difícil que accedan a tu cuenta sin que vos les des acceso. Siempre necesitan que alguien abra la puerta”, explicó.
Por eso, la recomendación central es simple pero efectiva: detenerse unos segundos antes de actuar. Preguntarse si la situación es lógica, si el banco realmente se comunicaría de esa manera o si la urgencia tiene sentido.
Señales de alerta: cómo identificar una posible estafa
Entre los indicadores más frecuentes que deben encender alarmas, Espeche mencionó:
- La desesperación del supuesto comprador, especialmente en ventas online.
- La falta de interés real por el producto (no lo revisa ni hace preguntas).
- La comunicación desde múltiples números de teléfono.
- Las excusas vinculadas a urgencias personales o familiares.
- Las promesas de ganancias rápidas y sin riesgo.
“Si alguien quiere comprar algo y ni siquiera lo vio, ya es raro”, ejemplificó.
Grooming, huella digital y exposición de menores
Más allá de las estafas económicas, el fiscal también alertó sobre los riesgos vinculados a la exposición digital de niños, niñas y adolescentes.
En este punto, hizo hincapié en la importancia del rol de las familias, especialmente en un contexto donde el contenido se comparte masivamente en redes sociales.
“Una vez que una imagen está en internet, se pierde el control. No hay forma de garantizar que desaparezca”, afirmó.
La construcción de una identidad digital desde edades tempranas puede tener consecuencias a largo plazo, por lo que recomendó mayor precaución al publicar información o imágenes de menores.
Denuncias y dificultades en la investigación
Ante cualquier sospecha, la recomendación es clara: denunciar siempre. Las presentaciones pueden realizarse en cualquier comisaría o directamente ante la fiscalía.
Sin embargo, investigar este tipo de delitos implica desafíos complejos. La rapidez de las transacciones, la multiplicidad de cuentas y la falta de fronteras en el mundo digital dificultan la identificación de los responsables.
A esto se suma un dato preocupante: muchas estafas se originan desde unidades penitenciarias, lo que abre un debate sobre el uso de teléfonos celulares en contextos de encierro.
Un delito en expansión que exige conciencia social
El crecimiento de los ciberdelitos responde, en parte, a su bajo costo operativo y alto alcance. Con apenas un teléfono celular, los delincuentes pueden afectar a víctimas en cualquier punto del país o incluso del mundo.
“El delito cambió. Hoy es más rentable estafar desde un celular que salir a robar”, sintetizó Espeche.
En ese escenario, la prevención aparece como la herramienta más efectiva. La información, la desconfianza ante situaciones inusuales y el uso responsable de la tecnología son claves para reducir el impacto de estas maniobras.
Misiones cayó 7,6% en ventas de supermercados y lidera las bajas del NEA https://t.co/C2kMrI7aw8
— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 24, 2026



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