El Carnaval en Argentina tiene raíces que se remontan a la época colonial, cuando los bailes de máscaras y los juegos con agua ocupaban tanto salones como calles. Con el paso del tiempo, la celebración incorporó aportes afrodescendientes e inmigrantes, consolidándose en expresiones como las murgas, comparsas y corsos barriales.
A lo largo de la historia, la fiesta atravesó intentos de restricción y fue eliminada del calendario oficial en 1976 por la última dictadura militar. Sin embargo, la tradición se mantuvo viva en los barrios y fue oficialmente restituida en 2010, recuperando su carácter de feriado nacional.

En 1976, la última dictadura militar eliminó los feriados de Carnaval mediante decreto, lo que afectó directamente la organización de corsos y celebraciones en el espacio público. Sin embargo, la tradición persistió en los barrios, sostenida por agrupaciones culturales y murgas que resistieron la interrupción oficial.
Con el regreso de la democracia en 1983, las agrupaciones comenzaron a reorganizarse y recuperar espacios. Finalmente, en 2010, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, los feriados nacionales de lunes y martes de Carnaval fueron restituidos al calendario oficial, reconociendo su valor histórico y cultural.

Hoy, más allá del descanso y el movimiento turístico que genera, el Carnaval representa el reconocimiento estatal de una manifestación cultural que forma parte de la identidad argentina y que sigue convocando a miles de personas en todo el país.



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