Los recientes ataques protagonizados por perros de gran porte, especialmente pitbulls, reabrieron una discusión que vuelve cada tanto a los títulos de noticias: ¿existen realmente razas peligrosas o el peligro radica en la forma en que se los cría? En Misiones, donde hubo casos graves que incluso derivaron en muertes, los veterinarios insisten en que el enfoque debe ser integral y que la solución no pasa por demonizar a una raza, sino por educar, prevenir y legislar con claridad.
En diálogo con Radio Up, Pablo Castillo, presidente del Consejo de Profesionales Médicos Veterinarios de Misiones, explicó que un perro es considerado potencialmente peligroso no sólo por su raza, sino por la potencia de su mandíbula, su tamaño y la posibilidad de causar daño. Sin embargo, aclaró que esa clasificación no alcanza a todos los animales de una misma especie, ni define por sí sola su comportamiento.
“Hoy ya casi no se habla de razas peligrosas, sino de perros potencialmente peligrosos por su estructura física y su fuerza. Un pitbull puede causar una lesión grave, pero lo mismo podría ocurrir con un doberman o un rottweiler. Lo importante es cómo se los cría y cómo se los integra a la familia”, explicó Castillo.

La crianza, un factor clave en el comportamiento
El veterinario sostiene que la agresividad no es genética, sino aprendida o mal manejada, y que la educación desde cachorro define en gran medida el temperamento del animal. Cuando un perro no reconoce jerarquías dentro del hogar o no se le marcan límites claros, puede asumir un rol dominante y reaccionar con agresividad ante personas u otros animales.
“Los perros son jerárquicos. Si no entienden desde pequeños quién es el líder de la manada, pueden intentar ocupar ese lugar. Por eso hay que enseñarles límites, socializarlos desde cachorros y marcarles reglas básicas de convivencia”, explicó el profesional.
Castillo también resaltó que muchas mordeduras ocurren por causas de territorialidad o dolor, especialmente en animales mayores que sufren artrosis o alguna dolencia y se defienden ante el contacto. En otros casos, los niños resultan los más afectados porque los perros pueden confundirlos con presas en el juego o al percibir movimientos bruscos.
Mitos y realidades sobre las razas peligrosas
Con el aumento de los ataques, proliferan también los mitos y teorías infundadas en redes sociales. Uno de los más repetidos asegura que el cerebro del pitbull “crece más que su cráneo” y que por eso “se vuelve loco”. Castillo desmintió esa versión y aclaró que no existen fundamentos científicos que respalden tales afirmaciones.
“Es totalmente falso. Los perros, al igual que las personas, pueden tener cambios de conducta por dolor, envejecimiento o enfermedades neurológicas, pero no hay ninguna relación con el tamaño del cerebro. La agresividad es multicausal y la mayoría de los casos están relacionados con errores humanos, no con defectos genéticos”, remarcó.

Castración y educación: una combinación necesaria
La castración es, para Castillo, una herramienta que puede contribuir a controlar ciertos comportamientos, aunque no debe considerarse una solución mágica. Explicó que reduce la agresividad relacionada con la testosterona y la territorialidad, especialmente en machos, y estabiliza el temperamento en hembras al evitar los picos hormonales del celo.
“La castración puede bajar entre un cincuenta y un setenta por ciento la agresividad sexual, pero no corrige por sí sola los problemas de conducta. Hay que trabajar con el entorno, con la educación y con la rutina del animal”, señaló.
El veterinario añadió que algunos casos requieren acompañamiento profesional o terapias de comportamiento, y destacó que los perros equilibrados son el reflejo de un ambiente estable, con afecto y límites coherentes.
Una legislación que todavía no alcanza
En Misiones, varias iniciativas municipales buscaron regular la tenencia de perros potencialmente peligrosos. Posadas, Iguazú y Oberá cuentan con ordenanzas que intentan crear registros de propietarios, pero según Castillo, aún no se han implementado plenamente por falta de reglamentación y control.
A nivel nacional, algunas provincias como Buenos Aires y Catamarca tienen leyes específicas que exigen registro, bozal, seguro de responsabilidad civil y medidas de seguridad en los domicilios. Sin embargo, la realidad muestra que todavía hay vacíos legales y que la conciencia ciudadana avanza más lento que los casos judiciales.
En Misiones, hubo situaciones extremas que marcaron precedentes. Castillo recordó, por ejemplo, el caso ocurrido en Campo Viera, donde un hombre falleció tras ser atacado por varios perros. “En ese hecho la propietaria fue sancionada con una multa muy elevada y hubo incluso detenciones preventivas. Son tragedias que podrían evitarse con educación y con normas más claras”, afirmó.
Prevenir antes que castigar
Para los veterinarios, la clave no está en prohibir determinadas razas sino en educar a los dueños y promover una convivencia responsable. Enseñar a leer las señales del perro, fomentar la castración, asegurar espacios adecuados y mantener rutinas equilibradas son, según Castillo, medidas mucho más eficaces que cualquier sanción.
“Cuando un perro gruñe, muestra los dientes o eriza el lomo, nos está avisando que algo anda mal. Esas señales se pueden leer y comprender. Detrás de cada ataque hubo antes una advertencia que muchas veces nadie supo interpretar”, insistió.
En su opinión, los municipios deberían acompañar con campañas públicas, talleres y capacitaciones para los propietarios, además de establecer registros y controles efectivos. De esa manera, los ataques podrían reducirse y las razas estigmatizadas dejarían de cargar con una fama que no siempre se corresponde con la realidad.

El cierre del debate
El debate sobre las razas peligrosas está lejos de cerrarse, pero cada vez más voces coinciden en un punto: el comportamiento de un perro refleja cómo fue criado, tratado y entendido por su entorno. En palabras de Pablo Castillo, “no existen razas peligrosas, existen dueños irresponsables y una falta de educación que todavía debemos resolver”.
Mientras tanto, Misiones sigue esperando una legislación provincial que regule la tenencia de animales de gran porte y garantice la seguridad de las personas sin caer en prohibiciones arbitrarias. Porque, en definitiva, el desafío no está en temerle a un perro, sino en comprenderlo y convivir con responsabilidad.
Registran en Corrientes el primer oso melero albino de la Argentina https://t.co/xE8J02rfGz pic.twitter.com/iBCpCp41Vi
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