En diálogo con el programa Argentina Divina Comedia, emitido por Radio Up, el antropólogo Gonzalo Iparraguirre, investigador del Laboratorio Interdisciplinario del Tiempo y la Experiencia (LITERA - UdeSA), brindó un detallado análisis sobre el proyecto que busca cambiar el huso horario de Argentina. Sin embargo, advirtió que lo ideal es mantener un mismo huso horario todo el año, ya que alternar horarios de manera constante podría afectar negativamente a los argentinos y su ritmo circadiano.
Diputados aprobaron el cambio de huso horario en Argentina
La Cámara baja dio media sanción al proyecto que propone modificar el huso horario durante el invierno para que amanezca más temprano y así reducir el consumo eléctrico. La iniciativa, que obtuvo 151 votos a favor, 66 en contra y 8 abstenciones, deberá ser tratada en el Senado para convertirse en ley.
La propuesta plantea pasar de la actual franja -3 a -4, e incluso considerar -5 en los municipios cordilleranos, con el objetivo de alinear mejor los horarios oficiales con el ciclo natural de la luz solar. “Nosotros hoy estamos en -3, pero si pasamos a -4 estaríamos mejor posicionados para aprovechar la luz solar. En la cordillera hasta se podría pensar en -5, porque se ajusta mejor al mediodía real, cuando el sol está en su punto más alto”, explicó Iparraguirre.

El investigador destacó que la modificación del huso horario tendría repercusiones directas en la salud: “Hay una sincronización directa entre la luz solar y nuestro ritmo circadiano. Estar más expuestos a la luz mejora nuestro sueño, nuestro ánimo y, en general, todos los ritmos biológicos”.
Actualmente, gran parte de la población inicia su jornada aún de noche, lo que repercute negativamente en la calidad del descanso. “Nos levantamos muy temprano sin exposición solar, y eso condiciona nuestro día desde el inicio”, señaló.

Horario de verano: ¿sí o no?
Desde LITERA consideran que lo mejor es mantener un único huso: “Los cambios constantes generan dificultades para conciliar el sueño. Es mejor sostener un horario fijo y trabajar los ajustes de manera local, por ejemplo, en los ingresos a las escuelas o en los horarios de apertura de oficinas y comercios”.
Uno de los sectores más afectados por la falta de descanso es el de los adolescentes. Iparraguirre explicó que los jóvenes tienen cronotipos tardíos, lo que significa que biológicamente tienden a dormirse más tarde.

“En estudios comparativos, se vio que los alumnos que entran una hora más tarde a clases logran mejores resultados académicos. Adaptar los horarios escolares puede favorecer su rendimiento y bienestar”.
Otro de los puntos en discusión es si conviene aprovechar la luz del sol en la mañana o en la tarde. Sobre esto, Iparraguirre sostuvo que la exposición matutina es más beneficiosa: “No es lo mismo recibir luz a la mañana que a la tarde. Estar expuesto temprano ayuda a regular mejor el ritmo biológico. Además, permite que la jornada no se extienda tanto hacia la noche, lo que favorece un descanso más saludable”.
Más allá de la cuestión horaria, Iparraguirre introdujo el concepto de “políticas del tiempo”, que implica pensar en normas y decisiones colectivas que favorezcan un mejor equilibrio entre trabajo, descanso y vida personal.
“Que se discuta el huso horario ya es un paso. Pero lo central es preguntarnos cómo organizamos el tiempo. No se trata solo de trabajar más, sino de darle espacio al bienestar, a la educación y a otras actividades que enriquecen la vida”, sostuvo.
El antropólogo advirtió sobre los riesgos de jornadas laborales excesivas: “Hoy en día, con la virtualidad, mucha gente trabaja prácticamente 24 horas. Si solo vivimos para trabajar, llega un punto en el que la salud se resiente. El tiempo no es dinero: es nuestra experiencia vital, y debemos cuidarlo”.
El problema es que el proyecto habilita a alternar horarios de verano e invierno. Esto no funciona, y se está discutiendo y abandonando en muchos lugares del mundo. Quedémonos en el horario correcto todo el año!
— Diego Golombek (@DiegoGolombek) August 21, 2025
Finalmente, el investigador celebró que este tema se haya instalado en la agenda pública: “La discusión abre la puerta a un cambio de paradigma. No podemos seguir organizando la vida únicamente en torno al trabajo. Es necesario incorporar otros valores y repensar la manera en que usamos nuestro tiempo cotidiano”.
El debate sobre el huso horario en Argentina no es nuevo: el país la alternó en distintas épocas entre -3 y -4, e incluso llegó a aplicar un horario de verano. Pero esta vez, la discusión apunta a algo más profundo: vincular el tiempo con la salud, la educación y la calidad de vida de la sociedad.



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