A veces la vida coloca a las personas frente a desafíos que parecen imposibles. En esos momentos, algunos se quiebran y otros se transforman en ejemplo. Araceli Fernanda Rojas lucha con fuerza y esperanza. Esta joven obereña, de apenas 29 años, lleva sobre sus hombros una batalla que comenzó hace cuatro años y que aún continúa, pero sin robarle las ganas de vivir, de trabajar y de soñar.
Su historia, contada en una entrevista con Radio Up, refleja una lección sobre la fuerza del espíritu.
“Es un poco de constancia y de no rendirse. Tener fe y no rendirse”, dijo con la serenidad de quien ya atravesó demasiadas pruebas. “Todo lo que pasé tiene que tener un final bueno”, afirma.

El inicio de una lucha: del diagnóstico a la amputación
El primer diagnóstico llegó cuando Araceli tenía 25 años: sarcoma sinovial inicial en la rodilla, un tipo de cáncer agresivo y poco frecuente. Se sometió a seis ciclos de quimioterapia con la esperanza de salvar su pierna, pero el tratamiento no funcionó. “Me la amputaron, y fue durísimo, pero lo acepté. Pensé que con eso se terminaba”, recordó.
Sin embargo, el cáncer volvió a aparecer, esta vez en los dos pulmones. En 2023 inició una nueva serie de tratamientos, seis ciclos de quimioterapia que tampoco dieron resultado. En octubre de 2024 comenzó un nuevo tratamiento, más intenso, con once quimios que parecían dar buenos resultados.
“En agosto la tomografía mostraba que las manchas del pulmón estaban más chicas. Pero hace unos días me hice otro estudio y una de las manchas volvió a crecer, más del 30%. Así que ahora voy a iniciar otra quimio, de tres a cuatro días”, explicó, sin perder el tono calmo ni la fe.
La fuerza que viene del amor
Araceli vive en Oberá junto a su madre y su hija Martina, de diez años. Son su sostén emocional y su razón de vida. “Pienso en mí y pienso en mi hija. No es justo para ella, pero sigo adelante por las dos. Por eso digo que no hay que rendirse, que hay que tener fe”, expresó.
A lo largo de estos años, la enfermedad no solo le impuso limitaciones físicas, sino también una dura carga económica. Su ingreso principal proviene de una jubilación por incapacidad, que no alcanza para cubrir los tratamientos, los viajes a Posadas y las dietas especiales que debe seguir.
“Cada vez que tengo quimioterapia tengo que viajar a Posadas. Son varios días de internación, y siempre voy con mi mamá. Todo eso cuesta mucho, desde los medicamentos hasta la comida. Pero tratamos de salir adelante”, contó.

El pan como sustento y terapia
Sin poder trabajar formalmente, Araceli encontró en el pan casero un refugio, una terapia y una fuente de ingreso. Junto a su madre, prepara panes en horno de barro, que vende en su barrio y entrega a domicilio en Oberá.
“Hago panes para vender, eso es lo que me ayuda. Mi mamá hace el fuego y yo amaso, preparo y reparto. Los que no pueden venir a buscar, yo voy y llevo. Tengo una pierna ortopédica, pero me manejo en moto y trato de hacer todo lo que puedo”, relató.
El trabajo diario no solo le da un ingreso, sino también una rutina que la mantiene activa y conectada con la gente. “Cuando amaso me olvido de todo. Es mi cable a tierra. Me hace bien sentirme útil, saber que puedo hacer algo por mi hija”, confesó.

Una lección de vida y fe
A pesar de la enfermedad y las adversidades, Araceli mantiene intacta su fe. “Dios tiene la última palabra. Hay que disfrutar, no dejar nada para mañana. A los que recién empiezan un tratamiento les digo que no se encierren, que no se dejen estar. El pelo se cae, se baja de peso, pero lo importante es estar acá, con fuerza y con fe”, aconsejó.
Y agregó: “Lo más importante que tiene la vida es la salud. Si uno tiene salud, puede hacer todo. Pero cuando la salud te limita, entendés lo que realmente vale”.
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Sueños que siguen en pie
Lejos de resignarse, Araceli tiene metas claras: curarse y abrir su propia panadería. “Mi sueño es sanarme del cáncer y seguir con mis panes. Quiero tener mi local, poder trabajar tranquila y ver crecer a mi hija. Eso es lo que más deseo”, contó emocionada.
Hoy, entre masas, tratamientos y oraciones, esta joven obereña demuestra que la vida vale más cuando se enfrenta con coraje. “Yo siempre digo que todo lo que ya pasé no puede ser en vano. Tiene que tener un final bueno. Y voy a luchar hasta lograrlo”, concluyó.

Una historia que inspira
La historia de Araceli es mucho más que un relato sobre enfermedad. Es un testimonio de resiliencia, fe y amor por la vida. En tiempos en los que las quejas cotidianas parecen dominarlo todo, su ejemplo ilumina.
Como expresó Laureano Rodríguez al despedirla: “Nos quejamos de pavadas, pero al escuchar a Araceli uno entiende lo que es realmente luchar. Su historia nos enseña que siempre se puede, que la vida vale, y que la fe y el trabajo pueden más que cualquier diagnóstico.”
El apoyo de la comunidad
A través de un video que se viralizó en redes sociales, la historia de Araceli llegó a cientos de personas. Varias familias y vecinos de Oberá comenzaron a colaborar con ella. Las madres del colegio de su hija organizaron una rifa solidaria, cuyos premios fueron donados por la comunidad, y todo lo recaudado será destinado a sus tratamientos.

Para quienes deseen colaborar directamente, Araceli compartió su alias de Mercado Pago:
-Alias: Ara.Fer.Rojas (figura como Araceli Fernanda Rojas).
-Teléfono de contacto: 3755 203665.
“Recibí ayuda gracias a la gente que se enteró por las redes, y estoy muy agradecida. Cada aporte, por pequeño que sea, hace una diferencia enorme”, expresó.



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