Las apuestas online presentan una dificultad particular cuando se intenta advertir el momento en el cual una práctica inicialmente recreativa comienza a transformarse en problemática: puede ocurrir de manera silenciosa y sin las manifestaciones físicas que aparecen en algunas adicciones vinculadas al consumo de sustancias.
Así lo explicó la psicóloga Isabel Zilveti, coordinadora del Programa Juego Responsable del IPLyC, durante una entrevista en Arriba la radio, por Radio Up, donde detalló cuáles son las señales que deberían observar padres y adultos y cuestionó uno de los principales imaginarios que rodean a las apuestas: la posibilidad de utilizarlas para conseguir dinero o solucionar dificultades económicas.
“La apuesta jamás va a ser una forma de ganar dinero”, sostuvo la especialista. Y fue todavía más contundente: “La única manera de dinero seguro es trabajar”.

Una adicción difícil de ver
Una de las diferencias que marcó Silvetti entre las adicciones conductuales y aquellas relacionadas con determinadas sustancias es la ausencia de algunas señales físicas fácilmente reconocibles. “No hay olor a alcohol, no hay olor a humo”, ejemplificó.
Tampoco necesariamente aparece inmediatamente un deterioro corporal que permita advertir que algo está ocurriendo. La conducta puede avanzar de manera mucho más discreta mientras la persona mantiene aparentemente su vida cotidiana. Sin embargo, existen cambios que pueden encender las primeras alarmas. Silvetti mencionó particularmente la introversión y el aislamiento: comenzar a alejarse, permanecer más callado o dejar de intervenir como se hacía habitualmente.
Otro indicador puede aparecer en las emociones. La especialista habló de “reacciones emocionales muy, muy, muy exacerbadas” y enumeró situaciones como una angustia aparentemente repentina, desconexión o episodios de bronca difíciles de explicar.
En adolescentes, advirtió, la detección puede resultar todavía más compleja porque algunas de esas manifestaciones se confunden con características propias de una etapa atravesada por transformaciones emocionales y neurológicas.

Cuando aparece la pérdida de control
Zilveti explicó que la pérdida de control no necesariamente ocurre de manera abrupta. Puede comenzar progresivamente y acompañada de justificaciones que hacen difícil reconocer el problema. En el caso de las pantallas, ejemplificó algunas de esas explicaciones cotidianas: estar respondiendo un mensaje, leyendo una noticia, realizando un trabajo o atendiendo cuestiones laborales.
El problema es que la exposición permanente a estímulos puede generar una búsqueda cada vez mayor de satisfacción. Según explicó, ante una sobreestimulación constante, progresivamente puede ser necesario “consumir más, hacer más” para buscar el mismo nivel de placer. Paralelamente, la pérdida de control puede comenzar de manera leve.
En ese recorrido ubicó también la relación entre celulares, videojuegos y apuestas. No planteó que necesariamente una conducta conduzca a otra, pero sí advirtió que en determinados casos los videojuegos o el uso intensivo del celular pueden funcionar como antesala de una búsqueda de estímulos más intensos.
Apostar para resolver un problema económico
Otro aspecto sobre el cual Zilveti puso especial énfasis durante la entrevista en Radio Up fue el imaginario del dinero fácil. Al consultar a adolescentes acerca de las razones por las cuales ellos o sus amigos apuestan, aparecen distintas respuestas. Una de ellas es precisamente “la fantasía del dinero fácil” y la creencia de que las apuestas pueden transformarse en una manera sencilla de resolver dificultades económicas.
Pero también aparecen razones aparentemente menos alarmantes: “porque es divertido” y “porque estoy aburrido”. Ese ingreso puede comenzar con montos pequeños. Según describió Silvetti, posteriormente puede aparecer la necesidad de aumentar la apuesta en busca de una satisfacción mayor.
“Quiero más, quiero más”, graficó al explicar el proceso. La especialista advirtió que en adolescentes ese recorrido puede ser especialmente acelerado cuando no existen controles sobre los dispositivos: sostuvo que un proceso problemático puede desarrollarse incluso en alrededor de dos años o “un año y moneda”.

Pedir plata para apostar ya es una señal
Entre todas las recomendaciones aportadas durante la entrevista, Zilveti dejó un parámetro particularmente concreto para las familias. Endeudarse o pedir dinero prestado para apostar ya constituye un indicio de problema. “Tenés un problema económico, financiero, personal, las apuestas no son una solución”, remarcó.
La explicación es sencilla: una actividad de entretenimiento no debería financiarse con recursos que la persona no posee. “Te endeudaste una vez, pediste prestado una vez, eso ya es indicio de problema”, afirmó. Y agregó: “Jamás debiera usarse dinero que yo no tengo, por eso pido prestado, para una actividad de entretenimiento”.
“Juega para entretenerte, no para ganar dinero”
Zilveti hizo una distinción central para comprender el juego responsable. Una apuesta implica arriesgar algo de valor frente al resultado de una actividad que no depende de quien apuesta.
Por eso cuestionó cualquier intento de presentarla como una estrategia económica. En el ámbito del juego legal, explicó, la recomendación es clara: “Juega para entretenerte, no para ganar dinero”.
El concepto permite establecer una frontera: si la persona comienza a apostar pensando que allí encontrará la solución a sus deudas, dificultades económicas o necesidades financieras, se está alejando del concepto de entretenimiento. “La apuesta nunca y no será jamás una forma de dinero seguro”, insistió.

El papel de los videojuegos y la hiperestimulación
La coordinadora del Programa Juego Responsable planteó además que la prevención no debería limitarse exclusivamente a las apuestas. A su entender, existe una fuerte actividad preventiva alrededor del juego con dinero, pero el universo de los videojuegos queda muchas veces relegado.
El riesgo que describió no consiste únicamente en desarrollar una dependencia de los videojuegos. Su planteo apunta a la manera en que una exposición permanente a determinados estímulos puede acostumbrar al cerebro juvenil a funcionar bajo un patrón de intensidad elevado.
Según explicó, puede ocurrir que el placer obtenido mediante el videojuego resulte posteriormente insuficiente y se busque “algo más intenso”. “Viene la apuesta”, ejemplificó, aunque aclaró que también pueden aparecer otras conductas o sustancias. El punto central es la búsqueda constante de estímulos: “Yo tengo que constantemente sentir algo”, describió.
El desafío de recuperar los límites
Para Zilveti, buena parte de la prevención obliga a discutir nuevamente el concepto de límite, tanto para adolescentes como para adultos. El teléfono celular presenta una dificultad adicional porque no es solamente una fuente de entretenimiento: también es una herramienta laboral, educativa y comunicacional. Eso facilita que se desdibuje el momento en el que termina una actividad y comienza otra.
La especialista advirtió que nadie debería ubicarse frente a un elemento potencialmente adictivo bajo la certeza absoluta de que tiene todo bajo control. “Todo el tiempo que yo estoy frente a un elemento adictivo estoy haciendo una evaluación: hasta acá, no quiero más”, explicó.
Ese ejercicio también alcanza a los adultos. Zilveti cuestionó que se les pida a los jóvenes regular el celular mientras padres y referentes permanecen conectados prácticamente durante las 24 horas, contestando mensajes laborales, familiares o personales. La prevención, desde esa perspectiva, no pasa solamente por prohibir apuestas o instalar bloqueos. También implica reconstruir referencias adultas, establecer límites y recuperar espacios alejados de la estimulación permanente de las pantallas.
El desafío que planteó en Arriba la radio, por Radio Up, es reconocer tempranamente cuándo el entretenimiento comienza a convertirse en dependencia. En materia de apuestas, dejó además una frontera concreta: jugar no puede ser entendido como una forma de obtener ingresos y mucho menos como una salida frente a un problema económico.



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