A dos años de la puesta en marcha del Plan Nacional de Alfabetización, la política logró instalarse como una prioridad en la agenda educativa argentina, con un crecimiento inédito de la inversión pública. Sin embargo, los resultados en términos de aprendizaje todavía no muestran mejoras sostenidas, principalmente por demoras en la implementación, falta de evaluaciones comparables y desigualdades entre provincias. Así lo explicó en el programa «Arriba la radio», por Radio Up, Tomás Besada, analista de datos de Argentinos por la Educación, al desglosar los principales hallazgos del informe “Alfabetización: ¿Qué pasó y dónde estamos?”.
Uno de los datos centrales del relevamiento es el fuerte incremento del financiamiento nacional. Según detalló Besada, el gasto destinado a alfabetización pasó de representar el 2,4% del presupuesto educativo en 2024 al 6,4% en 2025. “Estamos hablando de un aumento de cuatro puntos porcentuales, que en términos reales implica un crecimiento del 152% del presupuesto destinado a alfabetización”, precisó. En números constantes, el salto fue de 144.510 millones de pesos a 364.840 millones.
Para el analista, este cambio presupuestario es una señal política clara. “Evidencia que la alfabetización fue puesta como una prioridad en la agenda educativa, no solo a nivel nacional sino también en las provincias”, señaló. La mayor parte de esos recursos se destinó a transferencias a las jurisdicciones, principalmente para ampliar la jornada escolar, financiar la compra de libros y sostener instancias de formación docente.

Libros que llegaron, pero tarde
El informe también advierte que el aumento de recursos no siempre se tradujo en mejoras inmediatas en el aula. Un ejemplo concreto es la provisión de materiales. Durante 2025 se distribuyeron alrededor de 19,6 millones de libros vinculados a la alfabetización, aunque la entrega se realizó con demoras. “Los libros llegaron, pero de forma tardía, y eso es importante remarcarlo porque si los materiales no están disponibles en tiempo y forma, el proceso de enseñanza se resiente”, explicó Besada.
Esta situación llevó a que 12 provincias complementaran la entrega con recursos propios, mientras que en otras jurisdicciones la provisión sigue “en desarrollo” o directamente no fue iniciada. El informe muestra así un escenario heterogéneo, donde la política existe, pero su implementación avanza a ritmos distintos según la provincia.

Evaluaciones: el punto más débil
Consultado sobre el impacto concreto de la mayor inversión en los aprendizajes, Besada fue contundente: todavía no se puede medir. “Los plazos para ver resultados son de mediano a largo plazo, pero lo clave es que haya evaluaciones”, remarcó. En 2024 se aplicaron pruebas nacionales muestrales de alfabetización en tercer grado, que alcanzaron a más de 91.000 estudiantes y dejaron un dato alarmante: solo el 45% alcanzó el nivel de lectura esperado.
Sin embargo, en 2025 no se realizaron evaluaciones comparables. “Eso impide saber si esta política está dando resultados o no”, advirtió. La falta de continuidad en las mediciones es uno de los principales límites para evaluar el impacto real del plan, más allá de los avances presupuestarios e institucionales.

Misiones, entre las provincias con peores desempeños
En el análisis provincial, Besada se refirió puntualmente a la situación de Misiones. Señaló que muchos de los ejes de los planes jurisdiccionales —como la capacitación docente, la provisión de materiales y el acompañamiento pedagógico— están en marcha, pero con desafíos importantes en materia de evaluación. “No hay evaluaciones provinciales sistemáticas y, en ese sentido, falta información clave para saber qué está funcionando y qué no”, indicó.
En los resultados de la prueba Aprender 2024, Misiones aparece entre las provincias con mayores dificultades en alfabetización, junto con Chaco y Neuquén, lejos de los mejores desempeños observados en Formosa, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires. De todos modos, Besada aclaró que el informe no busca construir rankings. “La idea no es señalar quién está mejor o peor, sino mostrar un estado de situación para que se puedan tomar decisiones”, explicó.
Docentes, familias y tiempo escolar
El Plan Nacional de Alfabetización no se limita a los estudiantes. Según Besada, también tiene un impacto directo en la formación docente. “El objetivo es que los chicos puedan leer, comprender y producir textos en tercer grado, pero eso requiere docentes mejor capacitados”, afirmó. En ese marco, más de 11.500 docentes participaron en ateneos presenciales y más de 37.000 en cursos virtuales durante los últimos dos años.
Además, el analista subrayó el rol de las familias. “Es fundamental que los chicos estén en la escuela, que cumplan con los días y las horas de clase, y que las familias acompañen ese proceso”, sostuvo. En un contexto donde menos de la mitad de los estudiantes comprende lo que lee, el acompañamiento familiar y la permanencia en el sistema educativo aparecen como factores clave.
Una política prioritaria, con desafíos abiertos
A dos años de su implementación, el Plan Nacional de Alfabetización logró avances importantes: marco federal común, mayor institucionalización, equipos técnicos en la mayoría de las provincias y un fuerte incremento del financiamiento. Sin embargo, persisten deudas estructurales: evaluaciones insuficientes, uso limitado de los resultados para tomar decisiones pedagógicas y demoras en la llegada de materiales.
“Lo importante es entender qué se hizo hasta ahora y cuáles son los desafíos que vienen”, concluyó Besada. La alfabetización está hoy en el centro de la política educativa, pero su éxito dependerá de que la inversión sostenida se traduzca, con el tiempo y con datos confiables, en mejores aprendizajes para los chicos.



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