La economía argentina atraviesa una nueva etapa de tensión fiscal y redefinición de la política económica. Frente a una caída sostenida de la recaudación tributaria, el Gobierno nacional anticipa que profundizará el ajuste del gasto público con el objetivo de preservar el superávit fiscal, considerado por la actual administración como un pilar central de su estrategia macroeconómica.
En paralelo, el equipo económico relativiza el repunte de la inflación registrado en febrero y descarta, al menos por ahora, endurecer la política monetaria. Según el análisis oficial, el aumento del índice de precios responde principalmente a correcciones tarifarias y factores estacionales, más que a un deterioro estructural de la dinámica inflacionaria.
Inflación de febrero: el impacto de tarifas y alimentos
De acuerdo con los últimos datos oficiales, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en febrero una suba de 2,9%, cifra que fue considerada elevada dentro del equipo económico, aunque sin encender alarmas.
Desde el Ministerio de Economía sostienen que el aumento se explica en gran medida por la “corrección de precios relativos”, un proceso que implica actualizar tarifas y otros valores que durante años permanecieron rezagados frente a los costos reales de producción y distribución.
Entre los rubros que más presionaron sobre la inflación se destaca vivienda, agua, electricidad y gas, que registró un incremento de 6,8%, reflejando los ajustes tarifarios aplicados en los servicios públicos. También influyó el comportamiento de alimentos, particularmente las carnes, cuyo precio avanzó 4,5% durante el mes.
En el Palacio de Hacienda consideran que estos movimientos forman parte de un proceso necesario para reducir subsidios y disminuir el déficit fiscal, por lo que interpretan que se trata de factores transitorios y no de una tendencia inflacionaria estructural.

Inflación subyacente y política monetaria
Para evaluar la dinámica de los precios, el Banco Central también analiza una medición alternativa conocida como inflación subyacente, que excluye algunos componentes considerados especialmente volátiles.
Este indicador descuenta rubros como alquileres y carnes y registró en febrero una variación de 2,4%, es decir medio punto porcentual por debajo del índice general.
Si bien esta medición mostró una leve aceleración de 0,2 puntos porcentuales respecto del mes anterior, en el equipo económico interpretan que el movimiento no es lo suficientemente significativo como para justificar una mayor restricción monetaria.
En consecuencia, el Gobierno mantiene por ahora su estrategia actual y evita aplicar medidas adicionales que puedan endurecer las condiciones financieras en un contexto en el que la actividad económica aún muestra signos de fragilidad.
Siete meses de caída en la recaudación tributaria
Mientras la inflación sigue siendo un foco de atención, el frente fiscal presenta un desafío aún más relevante para la conducción económica.
Durante los últimos siete meses, la recaudación tributaria registró caídas consecutivas en términos reales. En febrero, los ingresos fiscales alcanzaron $16,2 billones, lo que implicó una contracción interanual cercana al 10% ajustada por inflación.
Especialistas del sector señalan que este descenso no responde exclusivamente al ciclo económico, sino también a decisiones de política fiscal adoptadas por el propio Gobierno.
Entre ellas se destacan la eliminación de determinados impuestos y gravámenes, como el Impuesto PAÍS o algunas retenciones anticipadas sobre importaciones, medidas que buscan reducir la presión tributaria sobre el sector productivo.
Desde esta perspectiva, los analistas advierten que el país podría ingresar en una etapa de menor recaudación estructural, lo que obligará a replantear el funcionamiento de las cuentas públicas.
Cambios en la estructura económica
Otro factor que influye en la evolución de los ingresos fiscales es la transformación del perfil productivo de la economía argentina.
Los sectores que actualmente muestran mayor dinamismo —como agro, energía y minería— tienen una estructura impositiva que, en términos comparativos, aporta menos recursos fiscales que otras actividades históricamente más gravadas.
En cambio, sectores como la industria manufacturera, tradicionalmente relevantes en la generación de impuestos, atraviesan un período de menor crecimiento o estancamiento, lo que también impacta en la recaudación.
Esta combinación de factores explica por qué, incluso en un escenario de recuperación económica, los ingresos fiscales podrían mantenerse por debajo de los niveles históricos.
El superávit fiscal como objetivo central
Frente a este panorama, el Gobierno ratifica que mantener el equilibrio fiscal es una prioridad innegociable. Desde la administración nacional insisten en que el superávit del Tesoro es el principal ancla de la estabilidad macroeconómica.
Hasta el momento, las cuentas públicas han mostrado resultados positivos, aunque con algunos factores extraordinarios que ayudaron a sostener el saldo.
Por ejemplo, en enero el Tesoro registró ingresos de capital por $1,04 billones provenientes de la licitación para la operación privada de las centrales hidroeléctricas del Comahue, recursos que contribuyeron a mejorar el resultado fiscal del mes.
Se espera que los datos correspondientes a febrero también reflejen un saldo superavitario, aunque con menor incidencia de ingresos extraordinarios.
En este contexto, el Poder Ejecutivo anticipa que continuará aplicando una política de contención del gasto público, considerada indispensable para compensar la caída de la recaudación.

Actividad económica: señales incipientes de recuperación
Mientras el Gobierno sostiene su estrategia fiscal, el desempeño de la actividad económica comienza a mostrar algunos indicios de estabilización.
Según estimaciones preliminares manejadas en ámbitos cercanos al Ministerio de Economía, la economía argentina habría tocado piso en noviembre de 2025, luego de varios trimestres de retroceso.
El último dato disponible del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), correspondiente a diciembre, registró una suba mensual de 1,8%, mientras que la serie tendencia–ciclo avanzó 0,3%.
De acuerdo con las proyecciones oficiales, esta leve recuperación se habría mantenido durante enero y febrero, aunque todavía con un ritmo moderado.
Debate por la política monetaria y el crédito
En este escenario, algunos analistas consideran que la política monetaria debería flexibilizarse gradualmente para evitar efectos negativos sobre el sistema financiero y la economía real.
Uno de los puntos de preocupación es el aumento de la morosidad en los créditos al consumo, que según estimaciones privadas ya superaría el 10% en los préstamos a familias.
Desde esta mirada, tasas de interés demasiado elevadas podrían profundizar los problemas de endeudamiento y frenar la recuperación del consumo.
Sin embargo, por el momento el Gobierno mantiene su enfoque prudente: priorizar la estabilidad macroeconómica, el superávit fiscal y la reducción de distorsiones en los precios relativos, aun cuando el proceso implique un ajuste prolongado del gasto público.
La industria metalúrgica cayó 10,3% en febrero y crece la preocupación por el mercado internohttps://t.co/7ejrpddiNU pic.twitter.com/TKJlKv9KnM
— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 16, 2026



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