La deportación del periodista argentino Adrián Salonia, conductor de La Voz de la Calle en C5N, se convirtió en uno de los episodios más resonantes de las últimas horas en el vínculo entre Argentina y Venezuela. Lo que comenzó como un viaje de cobertura para mostrar la vida cotidiana de Caracas en un contexto de alta tensión política terminó en un operativo migratorio de fuerte carga intimidatoria. El equipo conformado por Salonia, Nicolás Munafó y Fabián Solís fue retenido durante la madrugada, interrogado, fotografiado, clasificado como inadmisible y finalmente expulsado sin explicación formal.
El periodista brindó su testimonio completo en Argentina Divina Comedia por Radio Up, reconstruyendo paso a paso las horas en las que quedaron aislados dentro del aeropuerto venezolano y sin ningún tipo de contención de parte del Estado argentino.
Un arribo marcado por el clima político venezolano
El itinerario parecía rutinario: salida de Ezeiza, escala en Santa Cruz de la Sierra y arribo a Caracas a las dos de la madrugada. Pero apenas arribaron al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, el contexto político se hizo evidente. Lo primero que observaron fue una imagen del opositor González Urrutia con la leyenda “SE BUSCA”, un mensaje que revelaba desde el inicio la sensibilidad del clima interno tras las recientes elecciones en las que compitió contra Nicolás Maduro.
Ese hallazgo fue el preámbulo de un procedimiento que, según relató Salonia, se activó de inmediato cuando los funcionarios identificaron que el grupo llevaba equipamiento televisivo profesional.

Interrogatorios insistentes y un trato diferenciado hacia periodistas
Los agentes de migración comenzaron con preguntas directas:
“¿A qué vienen?”, “¿Quién los invitó?”, “¿Dónde se hospedarán?”, “¿Quién los espera afuera?”.
Las preguntas se repitieron varias veces, cada vez formuladas por distintos funcionarios, algunos uniformados y otros sin identificación visible. Salonia describió a uno de ellos, vestido completamente de negro, como un posible integrante de servicios de inteligencia. El equipo comprendió rápidamente que no se trataba de un control de rutina sino de un filtro específico hacia la actividad periodística.
A diferencia de otros extranjeros presentes, nadie más fue sometido al mismo protocolo. La reacción de las autoridades —según narró el periodista— fue inmediata al identificar la cámara de televisión, las mochilas técnicas y el equipamiento.
El anuncio velado de la inadmisión y el tránsito hacia la expulsión
Tras cuarenta minutos de preguntas, un empleado del aeropuerto —no un funcionario policial— se acercó discretamente para advertirles:
“Creo que no los van a admitir”.
Les pidió que no comentaran nada. Minutos después, el operativo escaló: fueron trasladados a un pasillo aislado donde se les pidió ubicarse uno junto al otro. Les tomaron fotografías frontales y laterales, como en un procedimiento penal, además de someterlos a un nuevo escaneo y revisión de equipaje.
El silencio del personal era absoluto. El periodista describió esa instancia como “una situación intimidante, tensa y sin respuestas”. Preguntaban qué sucedía y nadie respondía.
La escena se volvió definitiva cuando, sin aviso previo, los escoltaron por un corredor que desembocó directo en la manga de un avión. Era un vuelo con destino a Bolivia que estaba a punto de despegar. Allí les informaron que serían expulsados del país.
Pasaportes retenidos y un estatus de inadmisión que los persiguió en tránsito
Los pasaportes nunca estuvieron en su poder desde que fueron retenidos en migraciones. Fueron entregados directamente a la aerolínea, algo inusual en procedimientos regulares, lo que los convirtió oficialmente en pasajeros inadmitidos según estándares migratorios internacionales. Esa condición determinó que, durante su escala en Bolivia, tampoco pudieran salir del aeropuerto ni permanecer una noche adicional en el lugar.
Recién al aterrizar en Buenos Aires, la documentación fue devuelta. Sin embargo, las valijas de dos integrantes del equipo aún permanecen retenidas en Caracas, bajo el argumento oficial de “seguridad”. La única vía de contacto para recuperarlas es la aerolínea boliviana.
El vacío diplomático y la reacción venezolana
Consultado sobre la intervención de autoridades gubernamentales, Salonia fue contundente:
ningún funcionario argentino se comunicó con ellos durante todo el proceso, pese a tratarse de un incidente que involucraba a trabajadores de prensa en el exterior. Sí recibieron un llamado desde la cancillería venezolana, aunque recién después de que el caso tomara estado público y generara amplia repercusión. Ese funcionario les ofreció incluso la posibilidad de regresar a Venezuela, pero Salonia cuestionó la credibilidad de ese ofrecimiento tras haber sido expulsados sin ningún argumento oficial.
El periodista remarcó: “Nos expulsaron del país, no querían que ingresaran periodistas a mostrar lo que está pasando”.
Por qué iban a Caracas: una cobertura que buscaba contar la vida cotidiana
El equipo tenía previsto permanecer una semana en Venezuela. El objetivo —según explicó Salonia— no era realizar una cobertura partidaria, sino mostrar la vida cotidiana en Caracas, en un contexto político y geopolítico marcado por la tensión con Estados Unidos, las denuncias internas, la crisis económica y el impacto en la población.
El trabajo implicaba registrar voces de distintos sectores, tanto afines como críticos al gobierno de Maduro. Para Salonia, esa intención fue incompatible con la decisión de las autoridades migratorias venezolanas, que optaron por impedir la entrada de cámaras y periodistas extranjeros.

Un episodio de gravedad institucional y un precedente preocupante
La secuencia completa expuso a los periodistas a un procedimiento discrecional, sin transparencia, sin asistencia consular y con un grado de presión que, según describió Salonia, genera preocupación para el ejercicio del periodismo internacional. La falta de acción diplomática argentina también abre interrogantes sobre el seguimiento de casos que involucran a ciudadanos nacionales en situaciones irregulares en el exterior.
El relato desnuda no solo el operativo puntual sino un patrón más amplio de control informativo dentro de Venezuela. La deportación, las fotos, el hermetismo y la retención del equipaje componen un cuadro que, según el periodista, configura una decisión deliberada: evitar la presencia de medios extranjeros durante un momento político sensible.
Un regreso con alivio, interrogantes y un debate pendiente
Salonia cerró la entrevista con un mensaje de alivio por el regreso seguro, acompañado de un deseo: que lo ocurrido genere repercusiones diplomáticas y se esclarezcan las razones del procedimiento. Afirmó que, pese al llamado posterior de Venezuela, las condiciones para volver no existen, ya que la decisión de expulsarlos fue terminante:
“No nos querían en el país. Nos expulsaron. No había voluntad alguna de dejarnos entrar”.
El episodio deja abiertos debates sobre seguridad, libertad de prensa, derechos de cobertura y responsabilidades consulares, en un contexto donde el trabajo periodístico atraviesa desafíos crecientes en diversos escenarios del continente.
🔴Tensión en Caracas: Le prohibieron le ingreso al equipo de C5N.
🗣️El testimonio de @salonia_adrian: "Fue impactante cómo nos expulsaron".📲Seguí el vivo: https://t.co/9fxDe5Kt8s pic.twitter.com/ncE2tE8I8P
— C5N (@C5N) December 10, 2025



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