En una sociedad cada vez más conectada digitalmente, la pérdida de los espacios de encuentro presencial comienza a generar nuevas preocupaciones sobre la forma en que niños, adolescentes y adultos construyen sus relaciones. Durante su columna en Arriba la Radio, por Radio Up, la psicóloga Isabel Zilvetti puso el foco en lo que definió como una de las grandes problemáticas actuales: la epidemia de soledad.
La profesional explicó que el uso excesivo de las pantallas puede reducir las interacciones cara a cara y modificar la manera en que las personas se vinculan, incluso dentro de sus propias familias. "Esa es la gran pandemia que hoy se está hablando en un contexto informal todavía, pero es la pandemia de soledad", advirtió.

En ese sentido, señaló que las redes sociales no necesariamente generan vínculos más profundos, aunque permitan mantener una comunicación permanente. También cuestionó que los adolescentes sean considerados nativos digitales y que, por esa razón, se suponga que pueden desenvolverse sin acompañamiento en los entornos tecnológicos.
Para Zilvetti, el desarrollo de las habilidades sociales necesita experiencias concretas, tiempo compartido y la posibilidad de interactuar con otras personas fuera de las pantallas.

Las pantallas también afectan los vínculos familiares
Uno de los puntos que destacó la psicóloga fue el impacto que tiene la exposición constante a dispositivos electrónicos en las relaciones cotidianas. No se refirió únicamente al uso de celulares, sino también a la presencia permanente de televisores y otras pantallas dentro del hogar. "Hay evidencia científica que dice que las pantallas disminuyen nuestras interacciones sociales cara a cara", explicó.
Además, advirtió que esta situación también alcanza a los espacios familiares, donde la atención puede quedar dividida entre las conversaciones y los dispositivos. "Cuando los padres y los hijos tienen muchas pantallas enfrente, y pantalla no me refiero solo a celular, sino tele encendida, disminuyen las interacciones familiares", sostuvo.

"Menos es más": la recomendación para reducir la exposición digital
Al ser consultada sobre qué pueden hacer las familias frente al uso de las redes sociales, Zilvetti fue contundente: reducir la exposición digital y recuperar tiempo para las actividades fuera de internet. "Menos es más", recomendó la psicóloga, especialmente al referirse a los adolescentes menores de 15 años.
La profesional explicó que, a diferencia de lo que ocurría años atrás, cuando una situación de acoso podía quedar circunscripta al ámbito escolar, actualmente las agresiones pueden continuar a través de las redes sociales y llegar hasta los espacios que antes representaban un refugio. "Antes te bullyineaban en la escuela, pero vos llegabas a tu casa y tu casa era un santuario, tu pieza era un santuario, era tu lugar sagrado, la casa de tus amigos. Ahora todos los espacios son peligrosos porque yo estoy con mi mamá en el supermercado y estoy leyendo aquello que me hace sentir como si estuviera en la escuela directamente", explicó.
De esta manera, advirtió que la conectividad permanente puede hacer que los adolescentes no encuentren momentos de desconexión frente a las situaciones de hostigamiento y exposición.
Por eso, insistió en que limitar el tiempo en las redes sociales no debe entenderse solamente como una prohibición, sino como una forma de recuperar otros espacios de desarrollo y socialización.

Más tiempo fuera de internet y menos aislamiento
Para Zilvetti, el acompañamiento de los adultos debe incluir alternativas concretas que permitan a los niños y adolescentes construir experiencias fuera del mundo digital.
Entre sus recomendaciones mencionó las actividades extraescolares, el juego con amigos, la lectura y los momentos compartidos en familia. "Alcanza con darle más tiempo offline, donde el niño, el joven puede empezar a discernir lo que está sucediendo", señaló al referirse a la necesidad de ampliar los espacios de interacción fuera de las pantallas.
También cuestionó la costumbre de entregarles un teléfono a los chicos para mantenerlos dentro de casa bajo la idea de que así estarán más seguros. "Esta idea de que yo le doy un teléfono para que no salga de casa, para que esté seguro, termina vulnerando más su desarrollo y eso sí, la evidencia lo muestra mucho", afirmó.
En esa línea, consideró que el desarrollo de los más jóvenes necesita la presencia de adultos que orienten, acompañen y establezcan límites. "Porque el ser humano ante todo lo que necesita es presencia adulta que guíe", remarcó.
La psicóloga también recomendó que los padres revisen sus propios hábitos tecnológicos. No se puede pedirles a los adolescentes que reduzcan el uso del celular si los adultos tampoco están dispuestos a dejarlo de lado durante los momentos compartidos. "Una recomendación es que nosotros abramos más el diálogo, dejemos más el teléfono en el auto, alejemos los teléfonos un rato porque a nosotros también nos genera una distracción, disminuye nuestra calidad de vida cuando es en exceso la pantalla", planteó.
La propuesta consiste en recuperar conversaciones cotidianas: contar qué pasó durante el día, compartir una experiencia graciosa, hablar de alguna dificultad o simplemente generar momentos de intercambio sin dispositivos de por medio.

La importancia de acompañar sin invadir
Otro aspecto que desarrolló durante la entrevista fue la necesidad de que los adultos encuentren un equilibrio entre supervisar el uso de las redes sociales y respetar la privacidad de los adolescentes.
Zilvetti consideró que no alcanza con recomendar que los jóvenes se mantengan alejados de determinados contenidos. También es necesario hablar sobre los riesgos que existen en los entornos digitales.
Entre ellos mencionó el grooming, el sexting, la extorsión mediante imágenes íntimas, la pornografía y los juegos de apuestas. "Por más que yo le diga a mi hijo: 'Menos es más', yo tengo que hablarle de lo que es el sexting. No compartas imágenes íntimas tuyas ni en bombacha ni en ropa interior, no compartas videos. Yo tengo que hablarle del grooming", explicó.
En ese sentido, sostuvo que los peligros del mundo digital deben abordarse de la misma manera que se conversan las situaciones que pueden presentarse en la vida cotidiana. "Yo necesito hablarle de cosas que suceden en el entorno físico, porque esto pasa en nuestro entorno, en nuestra realidad donde nos movemos, pero también pasa en los ecosistemas digitales. Solamente que en los ecosistemas digitales pasa mucho más rápido. Y más solitario", advirtió.
Para la profesional, ese aislamiento representa una de las principales dificultades: en internet no siempre hay un adulto, un docente o una persona cercana que pueda intervenir cuando se produce una situación de violencia.

Los límites también son una forma de cuidado
En el cierre de la columna, Zilvetti volvió a destacar que el acompañamiento de los adultos no debe confundirse con dejar que los niños y adolescentes resuelvan solos todas las situaciones que atraviesan.
La presencia adulta, explicó, tiene que combinar el afecto con la capacidad de establecer límites y orientar las conductas. "Es aquella que tiende a lo amoroso y a que pone límites", señaló.
Finalmente, dejó una reflexión sobre el sentido de esos límites en la crianza y en el desarrollo de los más jóvenes. "Los límites joden, los límites molestan. Sin embargo, los límites nos protegen, los límites nos educan, los límites nos permiten amar", concluyó.
En un contexto de hiperconectividad, su planteo apunta a recuperar algo esencial para el desarrollo humano: la presencia, el diálogo y los vínculos que se construyen más allá de una pantalla.



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