En Argentina se estima que ocurren alrededor de 60.000 accidentes cerebrovasculares (ACV) por año. Se trata de una emergencia médica en la que el tiempo de respuesta puede influir en las posibilidades de supervivencia y recuperación. Si bien en los últimos años se incorporaron tratamientos específicos y se desarrollaron redes de atención, una parte de los pacientes todavía enfrenta dificultades para llegar oportunamente a los centros preparados para tratar esta enfermedad.
La rapidez en la atención puede marcar la diferencia en la recuperación del ACV
El ACV constituye la principal causa de discapacidad adquirida en el país. Sus consecuencias pueden afectar la movilidad, el habla, la visión y la capacidad de realizar actividades cotidianas. Sin embargo, la atención médica inmediata y el acceso a tratamientos adecuados pueden contribuir a reducir el impacto de las lesiones y mejorar la calidad de vida posterior.
Según especialistas en neurología, algunos tratamientos pueden administrarse dentro de una ventana terapéutica de hasta cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas, de acuerdo con las características de cada paciente y las indicaciones médicas.
Federico Giner, neurólogo del Hospital Luis Carlos Lagomaggiore y coordinador de la Red de TeleACV y Teleneurología de Urgencia de Mendoza, destacó la importancia de actuar rápidamente ante un episodio de este tipo. La intervención temprana puede influir tanto en la supervivencia como en la posibilidad de recuperar la autonomía y retomar actividades familiares, laborales y recreativas.
Las demoras en la atención siguen siendo un desafío
El acceso oportuno al tratamiento depende de diferentes factores, entre ellos el reconocimiento de los síntomas, la rapidez con la que se activa el sistema de emergencias y la disponibilidad de centros especializados.
Las distancias geográficas representan una dificultad en algunas regiones del país, mientras que en otras los obstáculos se relacionan con los traslados, las derivaciones y la coordinación entre instituciones sanitarias.
En Córdoba se avanzó en la organización de una red de atención del ACV que integra hospitales de referencia y establece protocolos para derivar pacientes. Este tipo de articulación busca facilitar el acceso a tratamientos específicos y aprovechar los recursos disponibles.
Pamela Dorrego, jefa del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Córdoba y coordinadora de la Red de ACV de esa provincia, remarcó la necesidad de organizar una respuesta sanitaria que permita ampliar las oportunidades de recuperación, independientemente del lugar donde ocurra el episodio.
Entre las principales dificultades identificadas por los especialistas figuran la demora en reconocer los síntomas, la activación tardía de los servicios de emergencia, los problemas de derivación y la falta de articulación entre los sectores público, privado y de la seguridad social.
También señalaron la necesidad de contar con registros que permitan conocer cuántos pacientes reciben tratamientos específicos, cuáles son los tiempos de respuesta y qué resultados se obtienen. Esa información puede contribuir a detectar problemas y orientar las decisiones sanitarias.

El Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del ACV
Durante 2026, el Ministerio de Salud de la Nación creó el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (PRONAC-ACV), que contempla la implementación de un Código ACV Nacional, centros coordinadores regionales y mecanismos de articulación entre hospitales y servicios de emergencia.
Además, en agosto el ACV fue incorporado al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud como evento de notificación obligatoria.
Estas medidas se enmarcan en los esfuerzos para mejorar la organización de la respuesta sanitaria y disponer de información que permita conocer la situación epidemiológica de la enfermedad.
Sin embargo, los especialistas advierten que la respuesta no debe limitarse a la emergencia inicial. Después de superar la fase aguda, muchos pacientes necesitan meses de rehabilitación para recuperar funciones, fortalecer su autonomía y retomar actividades personales, familiares y laborales.
La disponibilidad de estos servicios presenta diferencias entre regiones e instituciones, lo que puede condicionar las posibilidades de recuperación de quienes requieren tratamientos prolongados.
Por eso, el abordaje integral del ACV comprende tanto la atención inmediata como el seguimiento posterior, la rehabilitación y el acompañamiento necesario para recuperar la mayor independencia posible.
Cómo reconocer los síntomas de un accidente cerebrovascular
La identificación temprana de los signos de un ACV es fundamental para reducir las demoras en la atención. Los síntomas suelen aparecer de manera repentina y pueden manifestarse de distintas formas.
Entre las principales señales de alerta se encuentran:
- Debilidad o pérdida de fuerza: dificultad repentina para mover un brazo o una pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo.
- Asimetría facial: caída de un lado de la cara o dificultad para sonreír de manera simétrica.
- Problemas para hablar: dificultad repentina para expresarse, articular palabras o comprender lo que dicen otras personas.
- Alteraciones visuales: pérdida repentina de visión o cambios importantes en uno o ambos ojos.
- Pérdida del equilibrio: dificultad súbita para caminar, mareos intensos o problemas de coordinación.

Ante cualquiera de estas señales, debe llamar inmediatamente al servicio de emergencias, incluso si los síntomas desaparecen después de unos minutos. No es recomendable esperar a comprobar si la persona mejora ni retrasar la solicitud de asistencia médica, esto provocaria un agravamiento en el estasdo general del paciente
La rapidez de la intervención puede influir en las opciones de tratamiento y en las secuelas posteriores. Por eso, reconocer los síntomas y solicitar asistencia sin demora constituye una de las principales herramientas para mejorar el pronóstico de las personas afectadas por un ACV. La atención integral también requiere garantizar el acceso a tratamientos de rehabilitación y seguimiento después de la emergencia, con el objetivo de favorecer la recuperación funcional y la calidad de vida de los pacientes.
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