La misionera Isabela Carabante, integrante de la Selección Argentina de Patinaje desde 2024, se prepara para afrontar uno de los desafíos más importantes de su carrera: el Mundial de Patinaje en Chicago, donde representará al país y buscará cerrar con un gran resultado todo el trabajo realizado durante los últimos meses.
En diálogo con Arriba la Radio, por Radio Up, la joven deportista contó cómo fue el camino que la llevó nuevamente a vestir la camiseta argentina, explicó las exigencias de una disciplina que le demanda cerca de 30 horas semanales de entrenamiento y reconoció que uno de sus grandes objetivos es llegar algún día a ser campeona mundial.

Un objetivo claro: hacer lo entrenado y pelear por el podio
Carabante viajará primero a Buenos Aires, donde se reunirá con parte del equipo y continuará con su preparación antes de emprender el viaje hacia Chicago, una ciudad que conocerá por primera vez.
La misionera llega al Mundial con mucha ilusión y una meta concreta: trasladar a la pista todo el trabajo realizado durante su preparación. “Entrené mucho para este momento. Y la verdad que mi expectativa es lograr hacer todo lo que entrené y poder quedar en podio”, explicó Isabela durante la entrevista.
La deportista forma parte de la Selección Argentina desde 2024 y definió esa experiencia como algo “re lindo”, además de remarcar que se trata de una experiencia “muy linda, única”. Su participación en Chicago tendrá además un componente especial: será la primera vez que visite la ciudad estadounidense.

Entre cuatro y seis horas de entrenamiento por día
Detrás de una clasificación mundialista existe una exigente rutina que combina entrenamiento, preparación física y estudios. Carabante explicó que durante el año pasado llegó a entrenar aproximadamente seis horas por día, aunque este año tuvo que reorganizar sus horarios para poder compatibilizar el deporte con la escuela. “Este año me organicé más porque me quitaba mucho tiempo, entonces entreno, a ponerle, de cuatro a seis, o a veces de tres a seis y después tengo preparación física y a la noche sigo”, contó.
Al llevarlo al plano semanal, la cifra permite dimensionar el esfuerzo que realiza para competir al máximo nivel. “Yo supongo que si contamos una semana, 30 horas más o menos”, calculó.
Una carga de entrenamiento que se suma a sus responsabilidades escolares y a otras actividades que también forman parte de su vida cotidiana.

Una disciplina de precisión que se practica en el Club Alemán
A diferencia de otras modalidades del patinaje artístico, la especialidad de Carabante no está centrada en una rutina musical. Su competencia consiste en realizar figuras sobre círculos marcados en la pista y mantener una precisión extrema para no abandonar las líneas. “Mi modalidad no es de música. Es ir arriba de un círculo. Es como son tres círculos grandes y tres círculos chicos y no me tengo que salir de la línea”, explicó.
La preparación para esa modalidad la realiza en el Club Alemán, institución en la que comenzó a practicar desde pequeña y donde continúa entrenándose actualmente. “Yo acá lo practico en el Club Alemán, que es mi club de hace un montón de chica y bueno, y lo practico. Tenemos los círculos y todo y bueno, lo voy practicando día a día”, relató.
La precisión, por lo tanto, no es un detalle menor: es uno de los aspectos centrales de una disciplina en la que un pequeño error puede modificar completamente el resultado.

El camino hacia el Mundial: Córdoba, Buenos Aires y un Panamericano
La clasificación al Mundial no llegó de manera sencilla. Carabante detalló durante la entrevista cada una de las instancias que debió atravesar durante el año para conseguir su lugar en la Selección.
El proceso comenzó en febrero, con el denominado stage nacional e internacional. En su caso, realizó el stage nacional en Córdoba, una instancia en la que los profesores evalúan a las patinadoras y determinan sus posibilidades de continuar en el proceso. “Básicamente es ir, en este caso este año fui a Córdoba y es como un stage que te van viendo los profesores y a medida que te vayan viendo los profesores te van diciendo si estás o no estás”, explicó.
Luego llegó la Copa Apertura, disputada en Don Bosco, Buenos Aires, donde consiguió el tercer puesto.
Más adelante compitió en otra instancia de la IWC, la Copa Clausura, realizada en Río Segundo, Córdoba, donde volvió a terminar tercera. El siguiente paso fue el Panamericano, nuevamente en Buenos Aires. Allí consiguió un resultado fundamental para sus aspiraciones: fue subcampeona. Finalmente llegó el Campeonato Absoluto, competencia en la que reconoció que no tuvo el rendimiento que esperaba.
Pero el segundo puesto en el Panamericano terminó siendo determinante. “Me enteré que si me iba bien el Panamericano, tenía muchas chances de clasificar. Entonces, bueno, en el Panamericano hice un buen desempeño y quedé segunda y bueno, unas dos semanas después me dijeron que quedé y me puse refeliz”, recordó.

La frustración también forma parte del camino
La exigencia de una disciplina individual y de precisión también tiene su contracara. Carabante reconoció que atravesó momentos de frustración e incluso llegó a pensar en abandonar el patinaje. “Tuve muchos pensamientos de haber dejado, de haber terminado con el patín, pero empecé el psicólogo, tipo, lo puede manejar eso”, contó.
La joven explicó que la frustración continúa apareciendo, pero que aprendió herramientas para poder sobrellevarla. “Siempre frustración, muchas veces lo tengo a menudo, pero sé cómo sobrellevarlo”, señaló.
En ese proceso, destacó el acompañamiento de sus profesores, su familia y sus psicólogos. “La mayoría de mis profesores, de mi familia, mis psicólogos, tipo la mayoría me ayudan”, aseguró.
Su mensaje para quienes recién empiezan en el deporte también está atravesado por esa experiencia: “Que confíen, no es un proceso fácil, pero con entrenamiento, esfuerzo y todo lo van a lograr”.

La familia, el sostén detrás de cada competencia
Viajar para competir implica muchas veces hacerlo sin la compañía permanente de la familia. Para Isabela, esa es una de las partes más difíciles de representar al país. “La verdad que medio difícil no viajar con mi familia, tipo a mí me gusta que mi familia vaya y me vea, pero bueno, no siempre se puede”, reconoció.
Sin embargo, aseguró que sus seres queridos permanecen cerca de otra manera. “Siempre están atrás, siempre están atrás mandándome mensajes y todo eso, ya sea mis abuelos, mis tíos, mi familia”, contó.
Ese acompañamiento también aparece en los momentos más difíciles, cuando los resultados no son los esperados y necesita recuperar confianza para continuar.

De una invitación de una amiga a representar a la Argentina
La historia de Isabela con el patinaje comenzó cuando era muy chica. Tenía aproximadamente cinco o seis años cuando una amiga le recomendó probar la disciplina. “Una amiga me recomendó ir y bueno, fui, probé y me re gustó”, recordó.
Desde entonces, el patinaje fue creciendo hasta convertirse en una parte central de su vida. Hoy, además de entrenar y competir, integra la Selección Argentina y se prepara para disputar un Mundial.
Su referente durante los primeros años también estuvo dentro de la elite mundial: Gigi Soler, a quien recordó como una patinadora que fue campeona mundial en varias oportunidades. “Me gusta cómo ella patina”, explicó sobre quien fue una de sus principales referencias.

Una carrera acompañada por profesores desde el comienzo
En su recorrido, Carabante también destacó a quienes estuvieron detrás de su formación deportiva.
La primera fue Karina Alfonso, su profesora desde los primeros días. También mencionó a Esteban, entrenador de Buenos Aires que viajaba para realizar entrenamientos cuando Isabela era más chica.
Desde aproximadamente 2023 se sumó Mari Carmen San Juan, también de Buenos Aires. En la Selección, en tanto, la encargada del equipo es Maru Mantuano, oriunda de Santa Fe. Para Isabela, el trabajo de todos ellos fue fundamental para llegar hasta este momento.
Nervios, concentración y una particular forma de competir
A medida que se acerca una competencia, los nervios aparecen. Isabela contó que comienza a sentir tensión incluso desde el día anterior y que el momento de ponerse los patines suele aumentar todavía más esa sensación. “Mi tensión, literalmente una noche antes ya estoy con tensión”, contó.
Y agregó: “Cuando me estoy poniendo los patines, casi siempre empiezo a tener más nervios, a estar más nerviosa”.
Sin embargo, hay algo que no quiere perder: el disfrute. “Siempre me la paso bien”, afirmó.
Incluso cuando los resultados no son los esperados, la experiencia continúa siendo positiva para ella. “A veces no me va mejor, me va mejor en otras que en otras competencias, pero siempre la paso bien”, sostuvo.
En lugar de una cábala, tiene una estrategia particular para afrontar las competencias: hablar poco y mantenerse concentrada. “En las competencias no me gusta hablar mucho. O sea, yo soy una persona que re habla, tipo ya siendo lo social, así, pero no, en la competencia no me gusta”, explicó.
Su círculo más cercano durante esos momentos son sus entrenadores. “Lo único que creo que les hablo son a mis entrenadores, que tipo ellos son los que están en todo momento”, detalló.

Amistades que cruzan toda la Argentina
La Selección también le permitió construir vínculos con patinadoras de distintas provincias. Isabela contó que tiene amigas principalmente de Santa Fe y Entre Ríos, además de otras partes del país.
Aunque no se encuentran permanentemente fuera de las competencias, mantienen el contacto a través de las redes sociales. “Lo mantenemos en Instagram, TikTok, todo lo mantenemos entre las redes sociales”, contó.
Más allá de la competencia, destacó que existe una buena relación entre las integrantes del equipo. “Yo siento que dentro de todo nos conocemos bien, nos llevamos bien, nos entendemos”, aseguró.
El Panamericano, la competencia que más disfrutó
Entre todas las competencias que disputó hasta el momento, hay una que ocupa un lugar especial para Isabela: el Panamericano.
Cuando le preguntaron por qué fue la que más disfrutó, fue sincera: “La verdad, te digo, soy sincera, no sé por qué, pero me re gusta competir en el Panamericano”.
Y resumió aquella experiencia con una expresión que utilizó varias veces durante la charla: “Fue una experiencia relinda, así que me re gustó”.
En el extremo opuesto quedó el Campeonato Absoluto, competencia que reconoció como la que más la golpeó emocionalmente. “Cuando volví, la semana pasada, vine muy bajón”, contó. Pero esa experiencia ya quedó atrás. Ahora toda su atención está puesta en Chicago.

El sueño que sigue después de Chicago
A pesar de todos los logros conseguidos, Carabante tiene claro que todavía quiere ir por más. Su objetivo a largo plazo no se limita a participar de un Mundial. “A mí me gustaría seguir y bueno, hasta que casualmente no me dé más el cuerpo. Quiero seguir”, afirmó.
Y cuando tuvo que ponerle nombre a su gran sueño deportivo, no dudó: “A mí me gustaría algún día ser campeona mundial. Me gustaría, me re gustaría hacer eso, pero ese es como uno de mis objetivos”.
Esa ambición resume buena parte del recorrido de una joven que comenzó a patinar por recomendación de una amiga, que atravesó frustraciones y momentos en los que pensó en abandonar, pero que hoy se prepara para ponerse nuevamente la camiseta argentina y competir en un Mundial en Chicago.
Isabela Carabante ya tiene su lugar entre las representantes argentinas. Ahora irá en busca de convertir todo ese entrenamiento, esfuerzo y sacrificio en una actuación que la acerque un poco más al sueño de toda una carrera: ser campeona mundial.



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