Un nuevo estudio puso el foco en el tiempo que los adolescentes pasan frente al celular y su posible impacto en el bienestar emocional. Según el primer monitoreo realizado por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires junto con el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), los estudiantes secundarios utilizan el smartphone un promedio de 6 horas y 10 minutos por día.
El relevamiento alcanzó a 3.261 alumnos de primero y cuarto año de escuelas públicas y privadas porteñas y permitió analizar tanto el tiempo de exposición como distintos indicadores relacionados con la salud mental.
El uso del celular aumenta con la edad. Los estudiantes de cuarto año pasan, en promedio, 51 minutos más por día frente al teléfono que los de primero. Entre las aplicaciones más utilizadas aparece TikTok.

Cuatro de cada diez adolescentes presentan señales de alerta
Uno de los principales datos del estudio surge al analizar el bienestar socioemocional. El 40% de los estudiantes presentó al menos una señal de alerta relacionada con depresión, ansiedad, somnolencia diurna o uso problemático del smartphone.
En particular, el 38,1% presentó indicadores asociados a depresión, mientras que el 37,2% registró señales vinculadas con somnolencia diurna. A su vez, el 31,2% mostró indicadores de ansiedad y el 24,9% presentó señales de uso problemático del celular.
El relevamiento detectó además una relación entre determinados patrones de uso y los indicadores de salud mental. Los adolescentes que presentaron señales de depresión utilizaban el teléfono unos 49 minutos más por día que quienes no mostraban esas alertas.
En tanto, quienes registraron un uso problemático del smartphone pasaban alrededor de 46 minutos más diarios frente a la pantalla.

No se trata solamente de cuánto tiempo usan el celular
Uno de los aspectos centrales del estudio es que el impacto sobre el bienestar no estaría determinado únicamente por la cantidad de horas de pantalla.
El denominado uso problemático del smartphone contempla situaciones como la dificultad para desconectarse, la dependencia psicológica del dispositivo, la utilización del teléfono para regular emociones, conflictos derivados de su uso y posibles consecuencias sobre el desempeño escolar.
Los resultados muestran que este tipo de comportamiento presenta una relación más consistente con indicadores negativos de salud mental que el tiempo total de exposición.
Entre los estudiantes que superaron el punto considerado de alerta por uso problemático, también aumentaron los indicadores vinculados con depresión, ansiedad y somnolencia.
Las adolescentes tienen mayor exposición y más indicadores de ansiedad y depresión
El estudio también encontró diferencias según género. En promedio, las mujeres utilizan el celular unos 30 minutos más por día que los varones y presentan mayores niveles en los indicadores asociados con ansiedad y depresión.
También aparecen diferencias relacionadas con el nivel socioeconómico. Los adolescentes pertenecientes al quintil de menores ingresos pasan alrededor de una hora y media más por día con el celular en comparación con quienes pertenecen al quintil de ingresos más altos.
El celular y la atención en las aulas
El relevamiento se realizó en un contexto de cambios en las escuelas porteñas respecto del uso de dispositivos móviles.
En 2024 comenzó a aplicarse una restricción al uso de celulares durante la jornada escolar y, durante 2026, esa medida avanzó hacia una prohibición.
De acuerdo con encuestas realizadas a docentes por la cartera educativa porteña, siete de cada diez señalaron una mejora en la atención de los estudiantes luego de la implementación de las restricciones.
El estudio también registró casos de adolescentes que llegan a utilizar el teléfono durante hasta 11 horas diarias, una cifra que evidencia la distancia existente entre el promedio general y las situaciones de mayor exposición.
Ante este escenario, el desafío no pasa solamente por reducir las horas frente a la pantalla, sino también por promover otras actividades y espacios de interacción. El deporte, el arte, el contacto con la naturaleza y los vínculos sociales aparecen como alternativas para equilibrar el tiempo que los adolescentes destinan al celular.



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