La inteligencia artificial facilita cada vez más actividades que antes requerían tiempo, concentración y razonamiento. Sin embargo, esa comodidad también genera una preocupación: qué ocurre con las capacidades que dejamos de practicar cuando delegamos esas tareas en una herramienta tecnológica.
Diego Fernández Slezak, investigador del Laboratorio de Inteligencia Artificial Aplicada de la UBA y el CONICET, explicó que aquello que no se practica puede perder entrenamiento. Para describir este fenómeno utiliza el concepto de “sedentarismo cognitivo”, en referencia a la pérdida de ejercicio de determinadas capacidades mentales.

El riesgo es todavía mayor durante la etapa de aprendizaje. Según el especialista, un estudiante puede resolver correctamente una actividad utilizando inteligencia artificial, pero eso no significa necesariamente que haya incorporado el conocimiento o desarrollado la habilidad necesaria para hacerla por sí mismo.
La IA piensa por nosotros: qué podemos perder cuando dejamos de ejercitar el cerebro y convertimos nuestro esfuerzo en sedentarismo
Por eso, la propuesta no pasa por prohibir la IA, sino por utilizarla como una herramienta de asistencia y no como un reemplazo del razonamiento. Pensar primero cómo se resolvería una tarea, analizar la respuesta obtenida y poder explicarla son algunas de las estrategias que permiten mantener activo el aprendizaje.

Además, existe otro desafío: las respuestas de los modelos de inteligencia artificial pueden parecer correctas y, sin embargo, contener errores. Por eso, verificar la información, contrastar fuentes y desarrollar una mirada crítica se vuelven habilidades fundamentales en el nuevo escenario educativo.
La discusión, entonces, ya no pasa solamente por si los estudiantes deben utilizar inteligencia artificial, sino por qué tareas pueden delegar y cuáles necesitan seguir haciendo por sí mismos para aprender y desarrollar sus capacidades.



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