Por 11° año consecutivo, Juana “Tany” Espíndola puso en marcha una campaña solidaria destinada a reunir libros para pintar y lápices de colores nuevos que serán entregados a niños que atraviesan tratamientos en el sector de Oncología Pediátrica del Hospital Pediátrico de Posadas.
La iniciativa nació del vínculo que Espíndola estableció con la Fundación Virginia Fideli Vida Felices, de Rosario, luego de atravesar la muerte de su hija Marina Muntaner a causa de un cáncer. Desde entonces, la acción se convirtió en una tarea sostenida que cada año encuentra respuesta entre quienes deciden colaborar.
En una entrevista con Arriba la radio, por Radio Up, Tany contó cómo surgió la iniciativa, explicó por qué actualmente se solicitan exclusivamente elementos nuevos y destacó que incluso en los momentos económicos más complejos la solidaridad continúa apareciendo. “Hace 11 años que estoy en contacto con la Fundación Virginia Fideli Vida Felices de Rosario”, relató.

Un bibliomóvil que circula entre las camas de los niños
El destino de las donaciones es un bibliomóvil instalado en el sector de Oncología Pediátrica del Hospital Pediátrico de Posadas.
Se trata, según describió Espíndola, de una biblioteca de aproximadamente 1,20 por 1,20 metros equipada con ruedas, característica que permite trasladarla entre las camas de los pacientes. “Es una biblioteca de 1,20 por 1,20 que tiene rueditas para pasar entre las camas de los niños internados”, explicó.
En sus comienzos, el bibliomóvil se completaba tanto con libros como con juegos para que los chicos pudieran utilizarlos durante las internaciones o mientras aguardaban ser atendidos. Sin embargo, la modalidad fue modificada a pedido de los profesionales del área.
Tany recordó que el bibliomóvil comenzó a funcionar en Posadas en 2015 y que, al año siguiente, los médicos solicitaron priorizar materiales de uso individual para reducir posibles focos de contagio entre pacientes. “A partir del 2016 la colecta es de libros para pintar y lápices de colores, que pueden ser ceritas, marcadores, como les quede mejor, y tienen que ser nuevos”, precisó.
Esa última condición es fundamental: todo el material donado debe ser nuevo.

¿Por qué los libros y lápices tienen que ser nuevos?
La razón está directamente vinculada con las condiciones sanitarias que requieren los pacientes de Oncología Pediátrica. Espíndola explicó que compartir libros de cuentos entre distintos chicos podía generar un riesgo que los profesionales buscaban evitar. Por ese motivo se optó por materiales que cada paciente pudiera recibir y conservar. “Para evitar focos de contagio, tiene que ser todo estar muy bien higienizado, con la asepsia”, señaló.
La propuesta quedó así concentrada en libros para colorear, lápices, ceritas y marcadores, siempre nuevos. Los elementos son entregados tanto a niños internados como a pacientes que realizan tratamientos ambulatorios o se encuentran en la sala de espera.
La posibilidad de elegir también forma parte de la experiencia. “Cuando ven ese bibliomóvil lleno de libros y de lápices de colores y ellos pueden elegir el que más les gusta, realmente para nosotros es una gran satisfacción”, expresó.
Una campaña que continuó incluso durante la pandemia
Uno de los momentos de mayor incertidumbre para la iniciativa llegó durante la pandemia. Las restricciones, las dificultades para movilizarse y un contexto en el que las familias concentraban sus gastos en necesidades esenciales hicieron que Tany dudara sobre la conveniencia de mantener la campaña.
Fue entonces cuando, según recordó, Sandra Borchich, jefa de Oncología Pediátrica, la alentó a continuar. “Me dijo: ‘Tany, no importa, pidamos igual’. Y así lo hicimos y fue impresionante la cantidad de gente que respondió”, recordó.
La pandemia terminó generando, además, una nueva modalidad de colaboración. Muchas personas que no podían acercarse personalmente comenzaron a realizar transferencias bancarias o aportes mediante Mercado Pago para que los organizadores compraran directamente los materiales.
Esa alternativa continúa vigente. Una vez finalizada la campaña y reunido el dinero, los elementos son adquiridos en comercios mayoristas. Posteriormente, Espíndola exhibe públicamente lo comprado y las facturas correspondientes. “Yo hago una exhibición de todo lo comprado y de las facturas para que todo quede bien claro”, remarcó.

Hasta 1.700 libros y más de 1.000 cajas de lápices
La magnitud que alcanzó la campaña en algunas ediciones demuestra el nivel de participación conseguido a lo largo de los años. Espíndola recordó que en una oportunidad llegaron a reunir alrededor de 1.700 libros para pintar y más de 1.000 cajas de lápices de colores. “La gente responde con una generosidad impresionante”, destacó.
Y aseguró que los primeros movimientos de la nueva campaña volvieron a mostrar esa predisposición. Apenas realizó la convocatoria, comenzaron a llegar transferencias y también las primeras bolsas con materiales. Incluso los aportes pequeños tienen importancia, remarcó.
“Hay personas que me dicen: ‘Disculpame, solo puedo esto’. Pero eso es para un libro. Alcanza para un libro o para una cajita de lápices de colores o para las dos cosas. Todo va sumando”, expresó.
Una iniciativa nacida de la historia de Marina y Jenny
Detrás de la campaña existe una historia profundamente personal. Marina Muntaner, hija de Tany, murió de cáncer en septiembre de 2011, a los 34 años. Poco tiempo antes, en junio del mismo año, había fallecido Virginia —Jenny—, de 27 años, cuya madre, Graciela, impulsó en Rosario la fundación con la que posteriormente se contactaría Espíndola.
El objetivo de la organización era acompañar a las familias que atravesaban internaciones y tratamientos complejos, una experiencia que Graciela había conocido personalmente durante la enfermedad de su hija.
A partir de ese vínculo, Tany comenzó a participar de diferentes actividades hasta impulsar en Posadas la propuesta vinculada con los bibliomóviles. Con el paso de los años, aquella acción se transformó en una convocatoria que se repite y renueva.

“Va a significar la sonrisa de un niño”
Durante la entrevista con Radio Up, Espíndola describió uno de los momentos que explican por qué mantiene la campaña después de más de una década: la entrega. “Vos ves la carita de los chicos que están ahí y te das cuenta de que vale la pena”, afirmó.
La imagen de los niños coloreando durante una internación y la reacción de sus familias se convirtieron para ella en la principal respuesta frente al esfuerzo que significa sostener la convocatoria durante semanas. “Ver cómo esos niños se entretienen, cómo esos niños, a pesar de estar acostados en la cama, toman un lapicito de color y colorean, realmente vos los ves felices con ese librito que se les entrega”, relató.
La invitación, entonces, vuelve a repetirse por undécimo año: colaborar con libros para pintar, lápices, ceritas o marcadores nuevos, o aportar dinero para que esos materiales puedan ser adquiridos. “Los invitamos a que participen porque estén seguros de que va a significar la sonrisa de un niño y eso vale mucho”, resumió Tany Espíndola.



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