La música misionera volverá a encontrarse con sus raíces, sus relatos y sus distintas generaciones en Okareguá, un espectáculo de producción independiente que tendrá lugar el 10 de octubre en el Auditorium Montoya, en Posadas. La propuesta fue anticipada en una entrevista en Radio Up por los músicos misioneros Karoso Zuetta y Nerina Bader, quienes explicaron el sentido de una puesta que busca convertir el escenario en una suerte de espacio de encuentro y construcción colectiva.
El proyecto nació también a partir de una motivación familiar y artística. Según explicó Zuetta, uno de los objetivos fue impulsar la carrera de Luna de la Rosa, quien desde muy pequeña participó de un concierto en el Auditorium Montoya y durante años manifestó su deseo de volver a ese escenario con una propuesta propia. “El año pasado resolvimos iniciar esta producción a la que le titulamos Okareguá”, explicó el músico durante la entrevista.
El nombre remite a un concepto asociado a un ritual desarrollado en el contexto de un patio, como una asamblea ritual. Desde esa idea, la propuesta fue concebida como una confluencia de expresiones y generaciones.
Tres segmentos para recorrer la identidad musical de Misiones
Okareguá estará estructurado en tres segmentos, cada uno con una identidad particular.
El primero estará dedicado a las canciones de autor, una de las características centrales de la obra de Karoso Zuetta. Allí se recuperarán composiciones vinculadas con la historia, los paisajes y las experiencias de Misiones.
El segundo segmento estará relacionado con duendes, mitos y leyendas, un universo que también forma parte del trabajo artístico de Nerina Bader en su faceta solista y de Plenilunio, el espectáculo que Luna de la Rosa viene desarrollando en distintos escenarios de la provincia.
El tercer momento estará protagonizado por la propuesta de Luna, completando una trilogía que, lejos de funcionar como compartimentos separados, busca establecer un diálogo entre distintas generaciones y lenguajes. La propuesta incorpora además niños, jóvenes, colegas, danza y vestuario, ampliando el concepto de espectáculo musical hacia una experiencia interdisciplinaria. “Es una confluencia de muchas disciplinas”, resumieron durante la entrevista.
El repertorio partirá de la música de Misiones y su legado, recorrerá diferentes expresiones de la identidad musical misionera y luego emprenderá un viaje por América Latina, llegando hasta México, para finalmente regresar a la música propia.

Una familia artística con proyectos propios
Uno de los aspectos particulares de Okareguá es que reúne a integrantes de una misma familia que, al mismo tiempo, desarrollan carreras y búsquedas artísticas individuales.
Bader explicó que el desafío consiste precisamente en conservar esas improntas personales dentro de un proyecto compartido. “Somos un grupo, pero a su vez cada uno tiene también su impronta”, señaló. Cada integrante puede desarrollar su propio repertorio y, a la vez, confluir en tríos, juegos vocales y otros formatos colectivos.
Esa diversidad también aparece en la selección del repertorio. Cada integrante aporta su propia mirada y, según explicaron, ese intercambio termina siendo una de las riquezas del proyecto.
En el caso de Zuetta, su trabajo está fuertemente vinculado con la construcción y producción de canciones, desde lo poético y melódico hasta lo rítmico y la elección de instrumentos y texturas sonoras.
La mirada de Bader y, especialmente, la de Luna, que pertenece a otra generación, introduce nuevos desafíos. Para Zuetta, esa diferencia generacional resulta enriquecedora porque lo obliga a salir de aquello que ya conoce y domina.
El desafío de volver a tocar el piano
El proceso de construcción de este proyecto también significó para Zuetta un importante desafío personal como músico.
El artista contó que había dejado de tocar el piano durante unos 25 años y que lo utilizaba fundamentalmente para producciones de estudio y grabaciones. La exigencia de llevar ese instrumento nuevamente al escenario cambió completamente la situación. La preparación demandó años de práctica. Según relató, llegó a dedicar alrededor de 10 horas semanales durante siete u ocho años para recuperar y desarrollar esa capacidad instrumental.
El proceso representa, en sus propias palabras, una manera de salir de la zona de confort, aceptar nuevos desafíos y continuar aprendiendo. “Tengo que estudiar, aprender todo el tiempo”, explicó, al destacar que la interacción con las nuevas generaciones también lo lleva a explorar caminos musicales diferentes.
Tacuapi: instrumentos, memoria y sonido del monte
La entrevista también permitió conocer una dimensión particular de la propuesta: los instrumentos construidos a partir del tacuapi, una caña que crece en estado silvestre en diferentes zonas de Misiones. Zuetta trajo algunos de estos instrumentos al estudio de Radio Up y explicó que lo acompañan desde hace aproximadamente tres décadas.
El tacuapi tiene una fuerte presencia en la cultura guaraní. Es utilizado para la artesanía, por ejemplo en la elaboración de cestos, y también para la construcción de instrumentos musicales.
El músico explicó que comenzó a investigar y construir sus propios instrumentos a partir de una gran cantidad de cañas que encontró a comienzos de la década de 1990, luego de que un cañaveral de tacuapi fuera quemado en las cercanías de un arroyo.
A partir de ese material comenzó un proceso de experimentación que se prolongó durante años.
Una de las características que destacó es que, a diferencia de otros bambúes, el tacuapi permite trabajar directamente sobre la caña sin necesidad de tornear la madera para obtener determinadas proporciones. El resultado son instrumentos de una enorme resistencia. Algunas de las flautas que conserva tienen alrededor de 30 años.

Del instrumento femenino a una construcción colectiva
Durante la conversación también surgió una dimensión vinculada con los usos tradicionales de los instrumentos y las transformaciones culturales. Zuetta explicó que durante mucho tiempo existió una división sexual respecto del uso de determinados instrumentos, pero que esa diferenciación comenzó a desvanecerse.
La flauta de tacuapi que llevó al estudio permitió incluso realizar una pequeña improvisación y mostrar una de las características centrales de estos instrumentos: su capacidad para generar construcciones colectivas. La idea de Okareguá parte, justamente, de compartir sonidos, generar diálogos y permitir que cada participante aporte su propia voz.
En ese sentido, la construcción colectiva no aparece solamente en el escenario, sino también en la concepción de las canciones y los instrumentos.
Flautas que llevan el sonido del monte
Entre los instrumentos presentados también apareció una flauta travesera denominada mindupuku, perteneciente a la familia de instrumentos conocidos como mimbu.
Zuetta explicó que existen diferentes variantes dentro de esta familia y que estos instrumentos poseen vínculos con otras tradiciones de flautas de caña presentes en distintas partes del mundo. Sin embargo, el músico puso el acento en la identidad particular que adquieren en la región. “Nosotros siempre decimos que el sonido del monte es este”, explicó, al asociar el sonido de las flautas con el viento atravesando los gajos y las tacuaras.
La descripción sintetiza una de las búsquedas centrales de su obra: construir una identidad sonora capaz de remitir inmediatamente al territorio misionero.
Incluso el instrumento presenta detalles particulares. Zuetta explicó que el bisel de la flauta está realizado con cera de yateí, lo que genera una experiencia sensorial adicional cuando el instrumento toma temperatura durante la ejecución.

Una tradición musical que dialoga con otras culturas
La entrevista también permitió ubicar a estas flautas dentro de una tradición mucho más amplia. Zuetta señaló que las flautas de tipo pánico tienen antecedentes milenarios en distintas culturas y mencionó ejemplos de China y de la región andina.
En el caso misionero, esas tradiciones adquieren características propias a partir de los materiales, las formas de construcción y los usos vinculados con la cultura guaraní.
Así, Okareguá propone un recorrido que no se limita a recuperar el pasado, sino que busca ponerlo en diálogo con nuevas generaciones, nuevas sonoridades y otras expresiones de la música latinoamericana.
Canciones que rescatan historias de Misiones
Durante la entrevista, Karoso Zuetta y Nerina Bader también compartieron fragmentos de algunas de las canciones que integrarán el espectáculo.
Una de ellas es “Don Calimerio y el mar”, una composición que recupera escenas de una Misiones rural vinculada con las chacras, los almacenes y personajes de otra época. El propio Zuetta explicó que muchas de sus canciones funcionan como una síntesis de momentos, historias y viajes en el tiempo. Aunque ese mundo rural haya cambiado, algunas de sus escenas todavía permanecen en la memoria y en determinados lugares de la provincia.
Villa Bloset y la memoria de una Posadas que ya no está
Otro de los temas compartidos durante la entrevista fue una canción dedicada a la antigua Playita de Villa Bloset, en Posadas.
La composición recupera la memoria de un espacio situado sobre el río, vinculado a una arenera y a un barco que, según los relatos, quedó en el lugar y era utilizado por los niños como espacio de juego. La canción transforma ese paisaje desaparecido en memoria musical.
Para su presentación en Okareguá, además, está previsto el acompañamiento de Espiral Samba Show, una propuesta de percusión que se sumará a la composición.
El tema funciona como otro ejemplo de la manera en que Zuetta trabaja con la memoria territorial: recuperar lugares, personajes y escenas que forman parte de la historia cotidiana de Misiones para convertirlos en canciones.

Okareguá, una asamblea artística sobre el escenario
Más que un recital convencional, Okareguá se plantea como un encuentro entre música, identidad, memoria, generaciones y disciplinas artísticas.
La idea de una asamblea ritual que inspira el nombre del espectáculo se traslada al escenario a través de la participación de músicos, cantantes, niños, jóvenes, bailarines y artistas. La propuesta articula las búsquedas individuales de Karoso Zuetta, Nerina Bader y Luna de la Rosa con una mirada colectiva sobre la identidad musical de Misiones.
El recorrido comenzará en la producción de autor, atravesará los mitos, duendes y leyendas, incorporará instrumentos de raíz guaraní y continuará hacia un repertorio latinoamericano para regresar finalmente a la música misionera.
La cita será el 10 de octubre en el Auditorium Montoya, donde Okareguá buscará convertir el escenario en ese patio simbólico de encuentro que propone su propio nombre: un espacio para compartir sonidos, historias, generaciones y distintas formas de expresar una identidad que continúa transformándose.
Schmidt, tras el acuerdo tealero: “No nos dejó contentos, pero no tuvimos más opción” https://t.co/6l9nCwwiCS pic.twitter.com/srl2tedJDn
— Radio Up (@radioupar) August 28, 2026



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