Las grandes empresas alimenticias argentinas comenzaron a mostrar, durante el primer semestre de 2026, una fotografía diferente a la de un año atrás. Los balances de Molinos Río de la Plata, Arcor, Mastellone y Ledesma reflejan una mejora en la rentabilidad de parte del sector, con resultados operativos que se recuperaron, mayores niveles de generación de caja y estructuras empresariales más ajustadas.
Sin embargo, detrás de esa mejora aparece una señal que impide hablar todavía de una recuperación plena: el consumidor argentino todavía no volvió a comprar como antes.
La comparación con 2025 permite observar el cambio. Durante el año pasado, las grandes alimenticias habían quedado atrapadas entre un consumo deprimido, costos que crecían más rápido que los precios y márgenes cada vez más estrechos. En 2026, en cambio, varias compañías consiguieron recomponer sus resultados mediante reducción de gastos, eficiencia productiva, mejoras financieras y una administración más ajustada del capital de trabajo.
La paradoja es que las empresas pueden estar ganando más sin vender necesariamente más.
Molinos dio vuelta el balance: de perder $26.000 millones a ganar $37.500 millones
El caso más contundente es el de Molinos Río de la Plata, que logró transformar completamente el resultado de su primer semestre.
La compañía cerró los primeros seis meses de 2026 con una ganancia neta de $37.571 millones, frente a una pérdida de $26.022 millones registrada en el mismo período de 2025.
El resultado operativo también cambió de signo: pasó de un rojo de $27.033 millones a una ganancia de $30.088 millones.
Lo relevante es que esta mejora no estuvo acompañada por un fuerte crecimiento de los volúmenes vendidos. Molinos comercializó 218.096 toneladas durante el semestre, apenas por debajo de las 219.673 toneladas del mismo período del año anterior.
En el mercado argentino, incluso, hubo una leve mejora: las ventas pasaron de 203.787 a 204.299 toneladas. El retroceso se concentró en las exportaciones, que bajaron de 15.886 a 13.797 toneladas.
Esto permite identificar uno de los principales factores detrás del cambio de resultado: la empresa consiguió mejorar sus números fundamentalmente mediante una transformación de su estructura interna.
Molinos informó que sus gastos centrales se redujeron 23,4%, lo que significó un ahorro de $37.023 millones. A eso se sumaron avances en la modernización de los sistemas administrativos, productivos y logísticos, que contribuyeron a reducir el capital de trabajo y el nivel de endeudamiento.
El cambio también se observa en la generación de caja.
Las actividades operativas, que durante el primer semestre de 2025 habían demandado $22.650 millones, pasaron a generar $45.390 millones en los primeros seis meses de 2026.
En total, Molinos alcanzó ventas por $544.029 millones y una ganancia neta de $37.571 millones.
Pero la empresa todavía se mueve en un mercado que no termina de recuperar dinamismo. Según la propia compañía, el mercado de consumo masivo registró una caída interanual del 2,9% durante el primer semestre.
Por eso, la estrategia no estuvo basada en esperar una recuperación automática de la demanda, sino en sostener volúmenes, bajar costos y utilizar parte de los ahorros para mejorar la accesibilidad de sus marcas.
De cara a los próximos meses, la compañía mantiene como ejes la productividad, la eficiencia, las marcas y el consumidor, con el objetivo de crecer sin perder competitividad.

Arcor ganó casi el doble aunque vendió menos
En Arcor, la fotografía también muestra una mejora significativa, aunque con una característica particular: la compañía ganó más pese a haber vendido menos.
El grupo cerró el primer semestre de 2026 con ventas consolidadas por $2,78 billones, un 2,7% menos que en igual período de 2025.
Sin embargo, el resultado operativo aumentó de $169.886 millones a $193.967 millones, mientras que el margen operativo pasó del 5,9% al 7% de las ventas.
La ganancia neta fue todavía más contundente: pasó de $78.184 millones a $148.208 millones, prácticamente el doble que un año atrás.
Una parte importante de esa mejora estuvo relacionada con el resultado financiero. Mientras en el primer semestre de 2025 Arcor había registrado una pérdida financiera de $52.488 millones, este año obtuvo una ganancia de $76.946 millones.
La empresa vinculó este efecto con la apreciación real del peso frente al dólar en un contexto de inflación todavía elevada.
También hubo una fuerte mejora en la generación de caja. Arcor obtuvo $291.073 millones provenientes de sus operaciones, frente a $129.738 millones durante el primer semestre del año anterior.
Pero nuevamente aparece el límite de la demanda.
Las divisiones de consumo masivo produjeron 387.000 toneladas, frente a 405.000 toneladas un año antes.
En el mercado local, las ventas bajaron de 373.000 a 361.000 toneladas, mientras que las exportaciones pasaron de 12.000 a 11.000 toneladas.
La empresa reconoce que el escenario continúa presentando desafíos vinculados con los costos de los insumos, la energía y los combustibles, la competencia y la recuperación del consumo.
Al mismo tiempo, algunas categorías de golosinas, chocolates y galletas consiguieron mantener una evolución positiva en volumen.
El resultado es una ecuación que resume buena parte de lo que está ocurriendo en el sector: Arcor vende menos, pero consigue ganar más.
La eficiencia permitió mejorar el resultado operativo y el desempeño financiero aportó un impulso adicional.
Mastellone y Ledesma muestran que la recuperación no es pareja
La mejora tampoco alcanza de la misma manera a todas las empresas.
En Mastellone, la evolución continúa siendo más compleja y el rojo se profundizó, una señal de que el proceso de recomposición de márgenes todavía no alcanza a todo el entramado de la industria alimenticia.
Ledesma, en cambio, consiguió reducir sus pérdidas, aunque todavía permanece en terreno negativo.
Los dos casos son importantes porque permiten evitar una lectura simplificada de los balances. El sector alimenticio no está atravesando una recuperación uniforme.
Mientras algunas compañías lograron recuperar rentabilidad y generar caja, otras todavía enfrentan dificultades para trasladar costos, recuperar volumen o sostener márgenes suficientes.
La diferencia también tiene que ver con la composición de cada negocio, su exposición al mercado interno, el peso de las exportaciones, el nivel de endeudamiento y la capacidad de implementar reducciones de costos.
El ajuste llegó antes que la recuperación del consumo
Los balances del primer semestre dejan una conclusión central: la mejora de las empresas alimenticias llegó antes que la recuperación del consumo.
Las compañías hicieron buena parte del trabajo puertas adentro. Redujeron gastos, optimizaron procesos, ajustaron estructuras, administraron mejor el capital de trabajo y buscaron proteger sus márgenes.
Eso permitió que varias de ellas presentaran resultados mucho mejores que durante 2025.
Pero el mercado todavía no acompaña con la misma intensidad.
El consumidor continúa condicionado por un escenario en el que el poder de compra y la decisión de consumo siguen siendo factores determinantes. Para las empresas de alimentos y bebidas, recuperar rentabilidad mediante eficiencia tiene un límite: en algún momento necesitan que aumenten los volúmenes vendidos.
Por eso, la pregunta que dejan los balances no es solamente si las alimenticias volvieron a ganar dinero.
La pregunta más importante es si esa mejora podrá sostenerse cuando la recuperación dependa menos del ajuste interno y más de una recuperación genuina de la demanda.

Más rentabilidad, pero todavía sin boom en las góndolas
La comparación entre 2025 y 2026 muestra un cambio significativo. El escenario de fuertes pérdidas y márgenes comprimidos empezó a quedar atrás para algunas de las principales compañías del sector.
Molinos consiguió dar vuelta completamente su resultado. Arcor prácticamente duplicó sus ganancias. Ledesma redujo sus pérdidas. Mastellone, en cambio, todavía enfrenta un escenario adverso.
La foto, por lo tanto, es heterogénea.
Las empresas están mejor preparadas para defender sus balances y algunas consiguieron recuperar rentabilidad sin incrementar sus ventas. Pero eso no significa que las góndolas estén atravesando un boom.
La mejora de los balances todavía no equivale a una recuperación del consumo.
En agosto de 2026, la industria alimenticia parece haber encontrado una fórmula para resistir mejor: menos costos, más eficiencia y mayor control financiero.
El próximo paso será comprobar si esa fortaleza empresarial puede coincidir con una recuperación sostenida del consumidor argentino. Porque para que la recuperación deje de ser solamente contable y se convierta en crecimiento, todavía falta que la gente vuelva a comprar más.
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