¿Qué significa ser un buen director? A partir de los recuerdos de los propios conductores del programa sobre sus experiencias escolares, el filósofo y docente Eduardo Cazenave planteó que la dirección de una institución educativa requiere mucho más que el cumplimiento de normas y cuestiones administrativas.
Según explicó, uno de los principales problemas del sistema es que los docentes son preparados para enseñar, pero no necesariamente para dirigir una escuela.
“Maestro, profesor, depende del nivel, se preparan para enseñar y de repente se encuentran en un lugar que es más de liderazgo, de gestión, y hay que prepararse”, señaló.
Cazenave comparó esta situación con lo que ocurre en el ámbito de la salud: un médico puede estar preparado para atender pacientes, pero eso no significa que tenga las herramientas necesarias para administrar un hospital o una clínica.
Por eso, consideró fundamental que quienes asumen cargos directivos puedan capacitarse específicamente en liderazgo, organización, gestión y administración.

La cercanía con el aula, una condición fundamental
Para Cazenave, un buen director no puede limitar su tarea a una oficina. Por el contrario, debe conocer de cerca lo que sucede en las aulas y mantener contacto cotidiano con estudiantes y docentes.
“Un director adentro de una oficina no es un buen director. Un buen director recorre la escuela, conoce los rincones, sabe lo que está sucediendo a nivel ambiental en cada clase”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que la cercanía también implica conocer a los alumnos más allá de sus nombres y comprender sus contextos familiares y sociales.
La misma lógica, explicó, debe aplicarse a los docentes. El director necesita saber quiénes integran su equipo, cuáles son sus fortalezas y qué herramientas necesitan para mejorar.
Motivar y potenciar a los docentes
Otro de los puntos centrales de la entrevista fue el rol del director como líder de un equipo de profesionales.
Cazenave sostuvo que una de las características más importantes de un buen director es la capacidad de rodearse de personas que sepan más que él en determinadas áreas.
“Un buen director se rodea de gente mejor que él”, afirmó, y utilizó como ejemplo la relación entre Lionel Scaloni y Lionel Messi: el entrenador no necesita ser mejor futbolista que sus jugadores, sino saber cómo poner las capacidades de cada uno al servicio del equipo.
En la escuela ocurre algo similar. El director no tiene que dominar todas las materias, sino saber elegir buenos docentes, reconocer sus capacidades y generar las condiciones para que puedan desarrollar su trabajo.
También destacó la importancia de la capacitación permanente y propuso que los directores puedan reunirse periódicamente para compartir experiencias, problemas y soluciones.

Reconocer los logros y asumir los errores
Cazenave también puso el foco en cómo debe actuar un director cuando las cosas salen bien o cuando aparecen problemas.
“Cuando las cosas salen bien, el mérito es del equipo”, sostuvo. En cambio, cuando los resultados no son los esperados, consideró que el director debe asumir públicamente la responsabilidad.
Las correcciones a los integrantes del equipo, explicó, deben realizarse puertas adentro y de manera cuidadosa, sin exponer al docente frente a alumnos o familias.
Para el filósofo, liderar también significa saber corregir, pero hacerlo de una manera que permita mejorar y no simplemente sancionar.
El problema de los directores “amargos existenciales”
Cazenave diferenció entre quienes cumplen correctamente con las cuestiones formales y quienes realmente logran generar un buen clima institucional.
“Hay directores que en lo formal son buenos directores, pero son amargos existenciales”, planteó.
Según explicó, esa actitud termina afectando al conjunto de la institución porque tanto los alumnos como los docentes perciben rápidamente cuando quien conduce una escuela no demuestra entusiasmo por su tarea.
En contraposición, destacó a aquellos directores que, aun con recursos limitados, consiguen contagiar energía, compromiso y vocación a sus equipos.
Autonomía para tomar decisiones
Sobre el final de la entrevista, Cazenave vinculó el rol del director con uno de los debates actuales sobre el sistema educativo: la autonomía de las escuelas.
En su opinión, las experiencias educativas que funcionan mejor tienen dos elementos centrales: equipos directivos con capacidad de decisión y evaluación de los resultados pedagógicos.
“Donde el equipo directivo toma decisiones sobre la gestión del colegio y después se evalúan sus resultados, la educación mejora”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que las decisiones deberían tomarse lo más cerca posible del lugar donde ocurre el proceso educativo.
“La revolución educativa viene de las bases”, aseguró, al plantear que las políticas públicas deberían brindar herramientas y autonomía a las instituciones, en lugar de concentrar todas las decisiones lejos de las aulas.
Para Cazenave, en definitiva, un buen director debe estar presente, conocer a su comunidad educativa, formar y motivar a sus docentes, asumir responsabilidades y contar con las herramientas necesarias para decidir. La mejora del sistema educativo, sostuvo, también depende de fortalecer a quienes tienen la responsabilidad cotidiana de conducir las escuelas.
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