En una nueva columna de Radio Up, el filósofo y educador Eduardo Cazenave reflexionó sobre una pregunta tan sencilla como profunda: ¿qué hace a un buen docente?. En un contexto marcado por el paro docente y el debate sobre las condiciones laborales del sector, planteó que la calidad educativa no depende únicamente de la vocación o de la experiencia, sino de un conjunto de habilidades profesionales y humanas que permiten dejar una huella en los estudiantes.
Para iniciar la charla, invitó a los conductores a recordar al mejor docente que tuvieron durante su etapa escolar. Las respuestas coincidieron en un punto: ninguno fue recordado únicamente por la materia que enseñaba, sino por la forma en que lograba transmitir los contenidos y generar un vínculo con sus alumnos.
"Lo más lindo que le puede pasar a un docente es dejar huella. Cuando aprendiste algo de verdad, muchas veces ya no recordás quién te lo enseñó, pero sí te acordás de la persona", expresó.
Los cuatro pilares de un buen docente
A partir de esas experiencias, Cazenave identificó cuatro características que, a su entender, son esenciales para ejercer la docencia.

La primera es dominar profundamente el contenido que se pretende enseñar. Sin conocimiento sólido, explicó, no es posible construir un proceso de aprendizaje consistente.
La segunda es contar con herramientas didácticas y pedagógicas. "Hay mucha gente que sabe muchísimo, pero es pésima transmitiendo. Un buen docente conoce la materia, pero también sabe cómo enseñarla", afirmó.
El tercer aspecto es la planificación, entendida como la capacidad de organizar las clases, definir objetivos y diseñar actividades que permitan alcanzar los aprendizajes esperados.
Por último, destacó el manejo del grupo y la flexibilidad para adaptar la enseñanza según las necesidades del aula.
"Un docente no puede limitarse a cumplir un programa. Tiene que tener la capacidad de modificar la clase si hace falta, encontrar otras estrategias y mantener a los alumnos interesados", señaló.
La experiencia ayuda, pero no garantiza una buena enseñanza
Durante la entrevista también se refirió al rol de la experiencia dentro de la profesión docente. Si bien reconoció que los años de trabajo aportan seguridad y herramientas, advirtió que también pueden transformarse en un obstáculo cuando llevan al conformismo.
"El docente con mucha experiencia puede quedarse estancado porque dice 'esto me funcionó hace veinte años'. Pero los chicos de hoy no son los mismos que los de hace veinte años", sostuvo.
En ese sentido, remarcó la importancia de que los educadores mantengan una actitud de aprendizaje permanente y se animen a probar nuevas metodologías.
"No tengan miedo a equivocarse. Muchas veces en las capacitaciones se habla mucho desde la teoría, pero después hay que entrar al aula. La práctica siempre desafía", comentó.
Conocer a cada alumno, una tarea fundamental
Para Cazenave, uno de los mayores desafíos de la educación actual consiste en conocer realmente a quienes están del otro lado del aula.
"Una de las claves fundamentales de un buen docente es conocer a sus alumnos. Conocer a cada uno y entender cómo funciona el grupo", afirmó.
Según explicó, cada estudiante aprende de manera distinta y posee intereses, motivaciones y realidades diferentes, por lo que una enseñanza uniforme difícilmente logre llegar a todos.
"Si no conocés a tus alumnos, hacés una planificación para una realidad que no existe. Tengo que preguntarme cómo engancho a Maxi, cómo engancho a otro y cómo logro que ninguno quede afuera", ejemplificó.
En ese punto, recordó una frase del escritor francés Daniel Pennac, autor del libro Mal de escuela, para destacar la importancia de acompañar especialmente a quienes atraviesan mayores dificultades.
"El profesor que salva es el que se tira al fondo del mar para que un alumno no se ahogue. Muchas veces falta más amor que técnica", afirmó.
También señaló que pequeños gestos pueden marcar la diferencia.
"El docente que un día te llama por tu nombre, que nota que estás distinto o te pregunta cómo estás, muchas veces te cambia la vida."
La autocrítica como herramienta de mejora
Otro de los ejes centrales de la charla fue la necesidad de que los docentes evalúen permanentemente su propio desempeño.
"Un buen docente sin autocrítica no es un buen docente", aseguró.
Contó que, durante su experiencia como director de colegios, asumía como un fracaso personal cada vez que un estudiante repetía el año.
"Yo decía: ese chico no tenía que repetir. Si no aprendió, algo no logramos hacer como institución."
Para Cazenave, esa mirada permite revisar las prácticas pedagógicas y mejorar continuamente.

"Hay que preguntarse qué podría haber hecho mejor, a quién no le estoy prestando atención o qué estrategia necesito cambiar."
Enseñar en un mundo que cambia
El educador también hizo hincapié en que los cambios sociales y tecnológicos obligan a repensar permanentemente la enseñanza.
"El mundo cambia a una velocidad enorme y la docencia parecería ir a paso de tortuga. Si el docente no acompaña ese ritmo, no va a conectar con sus alumnos."
Por ello, consideró fundamental conocer los intereses de los estudiantes, su lenguaje cotidiano, la música que escuchan y los contenidos que consumen para utilizarlos como herramientas pedagógicas.
"Podés enseñar una figura literaria con una canción que ellos escuchan todos los días y lograr mucho más que con un ejemplo lejano a su realidad."
Disciplina con empatía
Finalmente, Cazenave sostuvo que un buen docente debe encontrar el equilibrio entre mantener el orden y generar un clima cercano con sus estudiantes.
"Entre el autoritarismo y el desorden, prefiero el orden. Pero ese orden tiene que construirse con empatía, no con abuso de autoridad."
Recordó una frase de Don Bosco que, según dijo, sigue plenamente vigente: "Firmeza en las normas, ternura en su aplicación".
Además, defendió la importancia de establecer consecuencias cuando no se cumplen los compromisos, pero también de que los propios docentes sean responsables con sus obligaciones.
"Si yo les prometo devolver una evaluación en una semana y no cumplo, también tengo que asumir una consecuencia. El ejemplo también educa."
Para el filósofo, la enseñanza no termina cuando el profesor expone un contenido, sino cuando logra que cada alumno aprenda.
"El protagonista de la clase no es el docente; es el alumno. Todo lo que hacemos tiene que estar pensado para que el otro aprenda."



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