La crisis del sistema científico argentino en el CONICET suma un capítulo crítico ante la finalización de becas posdoctorales y la falta de definiciones sobre la continuidad de investigadores que llevan más de ocho años de formación. Desde la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) advirtieron que la incertidumbre laboral está provocando no solamente protestas y preocupación dentro del sector, sino también la salida de científicos hacia otros países.
El doctor Pedro Zapata, secretario de Ciencia y Tecnología de la UNaM, explicó en el programa Arriba la radio, por Radio Up, cómo funciona la carrera científica y cuáles son las consecuencias que pueden provocar las demoras administrativas y presupuestarias.
Ante la consulta concreta sobre la posibilidad de que Argentina atraviese una nueva fuga de cerebros, Zapata fue categórico: “No hay solo riesgo, está ocurriendo eso”.
La advertencia adquiere especial relevancia en Misiones. Según explicó, dentro de la propia Universidad existen investigadores formados que esperan una definición sobre su ingreso a carrera y que, frente a la falta de certezas, deberán buscar otras alternativas laborales.

Más de ocho años de formación y un futuro incierto en CONICET
Zapata explicó que convertirse en investigador requiere un extenso proceso de preparación. Generalmente comienza con una beca doctoral que demanda aproximadamente cinco años y continúa con una instancia posdoctoral de otros dos años.
A ese período se suma el tiempo previo y posterior necesario para ingresar formalmente a instituciones como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
No se trata, remarcó, de una incorporación automática. Las becas doctorales y posdoctorales son otorgadas después de evaluaciones en las que se analiza la trayectoria científica, la relevancia de la temática investigada, su impacto y las condiciones del lugar donde se desarrollará el trabajo.
Una vez obtenido el doctorado, los científicos pueden acceder a una beca posdoctoral mientras continúan produciendo conocimiento y preparan su ingreso a la carrera de investigador.
El problema aparece cuando ese puente entre la formación y la estabilidad laboral se interrumpe. “Durante ese camino tienen la oportunidad de presentarse al ingreso a carrera, de presentar sus papeles para poder transformarse en investigadores”, explicó Zapata.
El ingreso significa abandonar el esquema de becas y acceder finalmente a una relación laboral formal, con salario, obra social, aportes y cargas sociales.
El 31 de julio, una fecha límite para los investigadores
El secretario de Ciencia y Tecnología de la UNaM señaló que el proceso de evaluación para ingresar a carrera habitualmente demanda alrededor de un año, pero sostuvo que durante la actual gestión nacional se registraron importantes demoras. “Particularmente en este período, durante este Gobierno, ha habido una gran dilatación de los procesos de evaluación”, afirmó.
Según detalló, existen postulaciones que llevan aproximadamente ocho o nueve meses bajo evaluación y todavía no tienen resolución.
El problema inmediato es que las becas posdoctorales de esos investigadores finalizan el próximo 31 de julio. La consecuencia puede ser un vacío entre la finalización de la beca y la eventual incorporación formal del científico. “Si el Estado no es eficiente para hacer esa evaluación de la continuidad de la carrera de estos investigadores, lo que sucede es que, al quitarle la beca, se produce un bache en el tiempo de trabajo porque esta gente tiene que dedicarse a otra cosa”, explicó.
Zapata graficó crudamente las alternativas: investigadores altamente capacitados podrían terminar trabajando como conductores de aplicaciones, dando clases o buscando cualquier otra fuente de ingresos para sostenerse mientras esperan una definición.

“Una vez que los expulsás del sistema” es difícil recuperarlos
El problema, advirtió, no termina cuando posteriormente se regulariza una convocatoria. Una interrupción laboral puede provocar que el científico directamente abandone el sistema. “Si yo me voy de la actividad laboral, después no sé si voy a volver otra vez cuando me convoquen”, planteó.
Además, sostuvo que todavía existen demoras acumuladas de convocatorias anteriores. De acuerdo con Zapata, aún quedan investigadores correspondientes al proceso de ingreso de 2022 que no completaron su incorporación, mientras persisten pendientes posteriores y en 2024 directamente no hubo convocatoria de ingreso a carrera.
“Tenés todo un estancamiento de personas que se han formado durante más de ocho años de su vida, que han profundizado una temática de importancia para el país y que van a quedar a la deriva después de todo este tiempo”, resumió.
La fuga de cerebros ya comenzó
Consultado en Radio Up sobre si estas condiciones podían generar una salida de científicos argentinos hacia otros países, Zapata descartó hablar de un fenómeno hipotético. “No hay solo riesgo, está ocurriendo eso”, aseguró.
El funcionario universitario identificó además un segundo problema: la dificultad para generar un recambio generacional dentro del sistema científico.
Los investigadores con mayor trayectoria necesitan que nuevas generaciones continúen las líneas de trabajo, pero Zapata aseguró que actualmente existen menos jóvenes dispuestos a elegir ese camino. “Cada vez hay menos vocaciones científicas, hay cada vez menos gente que quiere dedicarse a esto”, afirmó.
La explicación, sostuvo, está directamente vinculada con la ausencia de perspectivas laborales: aun cuando los jóvenes tengan interés por la ciencia, observan un escenario sin certezas sobre su futuro profesional.

La situación de los investigadores en Misiones
La crisis nacional también tiene una expresión concreta dentro de la UNaM. Zapata señaló que actualmente existen seis investigadores formados en la Universidad que se presentaron para ingresar a carrera y todavía desconocen cuál será la resolución.
Sin una respuesta, deberán encontrar alternativas para generar ingresos y algunos, indicó, ya analizan la posibilidad de marcharse.
A ellos se agregan científicos que superaron instancias de ingreso pero todavía esperan que el Estado efectivice su incorporación. El riesgo es perder profesionales cuya formación demandó años de inversión pública y trabajo académico.
Salarios: cuánto cobra un investigador del CONICET
La continuidad laboral no es el único inconveniente señalado por Zapata. También advirtió sobre el deterioro salarial.
Según indicó durante la entrevista, un investigador del CONICET con una carga laboral de 40 horas semanales en Misiones percibe alrededor de $1,5 millones mensuales, pese a las exigencias de producción científica, publicaciones, formación de recursos humanos y vinculación con empresas.
“Están mal pagos”, sostuvo.
Zapata aclaró además que en Misiones existe el adicional correspondiente a la zona, por lo que consideró que la situación puede resultar todavía más desfavorable para investigadores radicados en otros puntos del país.

Menos financiamiento y proyectos que apenas logran sostenerse
La crisis también alcanza directamente a los proyectos científicos. Zapata explicó que para investigar son indispensables dos componentes: financiamiento para adquirir insumos y recursos humanos capaces de llevar adelante los trabajos. “Sin el que hace la investigación, la mayoría de los proyectos te financia solamente los insumos que necesitás para investigar”, señaló.
Las instituciones como el CONICET y las universidades aportan buena parte de esos recursos humanos. Por eso, cuando se interrumpe la carrera de un científico, el impacto no se limita a su situación personal: también compromete las líneas de investigación en las que participa.
A esto se agrega, según Zapata, el cierre de fuentes de financiamiento. “Se han cerrado todas las fuentes de financiamiento. Queda prácticamente solamente lo que la Universidad pueda darle de gasto de funcionamiento, que además es muy poco”, describió.
El resultado, aseguró, es que muchos proyectos apenas consiguen mantenerse activos. “Solamente están flotando los proyectos y eso hace que, más que la cantidad, la calidad de los proyectos baje”, advirtió.
Una inversión que Argentina puede terminar aprovechando en otros países
Para Zapata, detrás de la discusión presupuestaria existe además una cuestión estratégica: Argentina invierte durante años en formar investigadores que después pueden terminar desarrollando sus conocimientos en sistemas científicos extranjeros.
El secretario de Ciencia y Tecnología de la UNaM planteó que un investigador también necesita construir un proyecto personal, sostener económicamente una familia y desarrollarse profesionalmente, por lo que no puede permanecer indefinidamente esperando una eventual incorporación. “Una vez que vos los expulsás del sistema, por más que vos le digas: ‘Bueno, el año que viene vuélvanse a presentar’, es un año entero que una persona con familia, que tiene que realizarse humanamente también, tiene que quedar esperando y a la deriva”, afirmó.
Y advirtió que otros países de la región aparecen como destinos posibles para esos profesionales. “Una vez que vos espantes a estas personas y los mandes a trabajar al extranjero, Brasil nomás, que tiene muchísimo fondo para la investigación, esa gente no vuelve más”, sostuvo.
La advertencia instala una discusión que excede al presupuesto universitario y científico. El problema, según la mirada planteada por Zapata, es qué ocurre cuando un país invierte durante ocho años o más en formar recursos humanos altamente especializados pero luego no consigue garantizar las condiciones mínimas para retenerlos.
En ese escenario, la protesta de los investigadores no aparece solamente asociada a la continuidad de una beca o a una discusión salarial. El interrogante de fondo es si Argentina podrá conservar a una generación de científicos cuya formación ya financió o si ese conocimiento terminará incorporándose a los sistemas científicos y productivos de otros países.



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