El mercado de trabajo argentino cambió de manera acelerada durante los últimos años, pero el sistema previsional continúa dependiendo, en gran medida, de un esquema diseñado para una realidad muy distinta.
Mientras disminuye la cantidad de trabajadores registrados en relación de dependencia, aumenta el número de personas que se incorporan al monotributo, un régimen que facilita la formalización, aunque con aportes previsionales significativamente menores. Esa transformación comienza a reflejarse con fuerza en las cuentas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
Según un informe elaborado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), hoy son necesarios casi 34 monotributistas para financiar una jubilación promedio, mientras que el mismo beneficio puede sostenerse con apenas 3,5 trabajadores asalariados registrados.
La diferencia revela una de las principales tensiones que enfrenta el sistema previsional argentino.
La expansión del monotributo no alcanza para compensar la caída del empleo formal
Desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026, el régimen de monotributo incorporó más de 150.000 nuevos contribuyentes, un crecimiento del 7,4%, de acuerdo con los registros desestacionalizados del SIPA.
En el mismo período ocurrió el fenómeno inverso en el empleo asalariado.
El sistema perdió 329.667 trabajadores registrados, de los cuales más de 235.000 correspondieron al sector privado, consolidando una tendencia que modifica la estructura de los aportantes.
Los trabajadores autónomos, en tanto, prácticamente permanecieron estables, con un incremento inferior al medio punto porcentual.
Para los especialistas del IERAL, el desafío ya no depende exclusivamente del envejecimiento de la población, sino también del tipo de empleo que predomina en la economía.
Muchos aportantes, pero con contribuciones mucho menores
Actualmente, alrededor de 10,3 millones de personas realizan aportes previsionales, mientras el sistema debe afrontar el pago de aproximadamente 7,5 millones de jubilaciones, pensiones y otros beneficios.
Sin embargo, no todos los aportantes realizan el mismo esfuerzo contributivo.
Mientras un trabajador asalariado aporta en promedio el equivalente al 11,2% de sus ingresos, un autónomo contribuye con el 5,2% y un monotributista apenas con el 1,1%.
La diferencia también aparece cuando se observan los valores nominales.
En marzo de 2026, el aporte previsional promedio de un empleado registrado ascendía a $187.098 mensuales, mientras que un monotributista aportaba alrededor de $19.215, casi diez veces menos.
Esa brecha explica por qué el aumento del número de monotributistas no logra traducirse en una mejora equivalente de la recaudación previsional.

Las categorías más bajas concentran la mayor parte del régimen
Otro de los factores que explica el reducido nivel de aportes es la composición del propio monotributo.
Más de la mitad de los contribuyentes que realizan aportes al SIPA están inscriptos en la categoría A, mientras que casi dos tercios pertenecen a las categorías A y B, las escalas de menor facturación.
El informe destaca que el régimen cumplió un papel importante al incorporar a millones de trabajadores independientes que anteriormente permanecían fuera de la formalidad.
No obstante, también reconoce que esa formalización parcial no logra resolver las necesidades financieras del sistema previsional.
La informalidad sigue siendo uno de los principales obstáculos
La presión sobre las jubilaciones tampoco puede analizarse sin considerar el elevado nivel de empleo informal.
Actualmente, alrededor del 44% de los trabajadores argentinos desarrolla actividades sin realizar aportes previsionales, una cifra que supera los nueve millones de personas.
Ese escenario reduce la cantidad de recursos que ingresan al SIPA y obliga al Estado nacional a cubrir el déficit mediante transferencias del Tesoro.
Actualmente, ese rojo ronda el 2% del Producto Bruto Interno (PBI), considerando jubilaciones contributivas, moratorias, la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) y los bonos extraordinarios.

Una población cada vez más envejecida
El desafío financiero podría profundizarse durante los próximos años.
Las proyecciones demográficas del INDEC indican que la población mayor de 65 años aumentará del 12% registrado en 2022 al 17% en 2040.
Al mismo tiempo, el índice de envejecimiento prácticamente se duplicará: de 55 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años pasará a 115 por cada 100.
En otras palabras, habrá más personas cobrando jubilaciones y proporcionalmente menos trabajadores financiándolas.
El debate sobre la reforma previsional
Para la Fundación Mediterránea, cualquier discusión sobre una reforma previsional debería contemplar las transformaciones del mercado laboral y no concentrarse únicamente en cuestiones como la edad jubilatoria o los años de aportes.
El informe recuerda además que, durante los últimos tres años, el haber jubilatorio promedio perdió 13% de poder adquisitivo, mientras que la jubilación mínima con bono registró una caída real del 20%.
En paralelo, cerca de un millón de personas mayores de 65 años continúa trabajando, lo que representa el 4,6% de la población ocupada.
Desde la entidad concluyen que el crecimiento de la informalidad y de las modalidades laborales con menores aportes modificó profundamente la estructura sobre la que fue diseñado el sistema previsional argentino, por lo que cualquier reforma deberá contemplar esa nueva realidad para garantizar su sostenibilidad futura.
Monotributo 2026: ARCA actualizó las escalas y ya rige la recategorización con nuevos topes de facturaciónhttps://t.co/p7piUaTbSh pic.twitter.com/XEJGmS4GUK
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