El endeudamiento de las familias argentinas continúa profundizándose y comienza a mostrar señales de estrés financiero que, según especialistas, recuerdan a los momentos más delicados de la crisis de 2001. Así lo afirmó Juan Manuel Gispert, especialista en economía política e integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), durante una entrevista en Radio Up, donde analizó los resultados del último informe elaborado por la entidad.
Según explicó, el fenómeno dejó de ser un problema aislado para convertirse en una situación estructural que afecta tanto al sistema financiero como al consumo interno.
La morosidad creció un 600% respecto de la media histórica
Uno de los datos más preocupantes del informe es el fuerte incremento de la mora entre las familias. "La media histórica era del 2,5% de las familias en mora. Hoy ese indicador alcanza el 12,3%, lo que representa un incremento cercano al 600%", señaló Gispert.
Aunque la morosidad también aumentó entre las empresas, el crecimiento fue considerablemente menor: pasó de un promedio histórico del 0,7% al 3%.
Para el economista, la diferencia demuestra que el principal problema se concentra en los hogares y en la pérdida de capacidad para afrontar las obligaciones financieras.
Las billeteras virtuales presentan niveles de mora similares a los de la crisis de 2001
El informe distingue el comportamiento de los distintos tipos de acreedores y encuentra un dato especialmente alarmante: quienes mantienen deudas con entidades no financieras —principalmente billeteras virtuales y empresas de crédito digital— registran un nivel de morosidad cercano al 30%.
"Estamos hablando de niveles de mora comparables con los de la crisis financiera de 2001", sostuvo Gispert.
Actualmente existen 3.445.979 personas físicas calificadas en la categoría de mayor riesgo crediticio. De ellas, 2.291.000 corresponden al sector no financiero, mientras que 1.154.000 mantienen deudas con bancos.

Crece la cantidad de personas en mora, más que el número de endeudados
Otro aspecto destacado del estudio es que el crecimiento del endeudamiento no estuvo acompañado por un aumento proporcional de nuevos deudores, sino por un deterioro en la capacidad de pago.
En febrero de 2024 había aproximadamente 19,3 millones de personas endeudadas, de las cuales 3,3 millones se encontraban en mora.
Para mayo de 2026, el total de personas con deudas ascendió a 20,9 millones, pero quienes presentan atrasos en sus pagos aumentaron hasta 5,8 millones. "El problema no es solamente que haya más personas endeudadas, sino que casi se duplicó la cantidad de quienes ya no pueden cumplir con sus obligaciones", explicó.
El sistema financiero endurece las condiciones para otorgar créditos
Según Gispert, el aumento de la morosidad ya comienza a generar consecuencias sobre el funcionamiento del sistema financiero.
Aunque las entidades mantienen ofertas de financiamiento, aseguró que los requisitos para acceder a nuevos préstamos se volvieron mucho más exigentes.
"Los bancos no pueden manifestar públicamente su preocupación porque dependen de la confianza de los depositantes, pero existen numerosos indicios de que el problema preocupa seriamente al sistema", indicó.
Entre esos indicadores mencionó la reducción efectiva del crédito, el endurecimiento de las evaluaciones para nuevos préstamos y la implementación, por parte del Gobierno nacional, de líneas subsidiadas del Banco Nación destinadas a refinanciar deudas familiares.
El consumo cae mientras aumenta el uso de tarjetas para comprar alimentos
Uno de los principales hallazgos del CEPA es que el mayor endeudamiento no responde a un incremento del consumo por expectativas de crecimiento económico.
Por el contrario. "El consumo continúa cayendo, pero aumenta el endeudamiento. Eso demuestra que las familias no toman crédito para comprar bienes durables, sino para afrontar gastos cotidianos", explicó.
El economista recordó además que otro informe elaborado por el CEPA detectó un crecimiento sostenido del uso de tarjetas de crédito para realizar compras en supermercados. "La tarjeta dejó de utilizarse para financiar consumo futuro y pasó a ser una herramienta para comprar alimentos", afirmó.

Un problema sistémico y no individual
Durante la entrevista, Gispert cuestionó las explicaciones oficiales que atribuyen la situación a una mala administración financiera de las familias.
A su entender, cuando millones de personas presentan dificultades para pagar sus obligaciones ya no puede hablarse de errores individuales. "Cuando un fenómeno alcanza esta magnitud deja de ser responsabilidad de cada familia y pasa a convertirse en un problema sistémico", sostuvo.
Además, explicó que quienes ingresan en mora suelen afrontar intereses muy elevados, especialmente cuando dejan de pagar el saldo mínimo de las tarjetas de crédito, generando un efecto de "bola de nieve" que vuelve cada vez más difícil salir del endeudamiento.
La pérdida del empleo y la informalidad profundizan el problema
El especialista vinculó el deterioro financiero de los hogares con la evolución del mercado laboral.
Según datos relevados por el CEPA, desde la asunción del presidente Javier Milei se perdieron alrededor de 340.000 puestos de trabajo registrados, de los cuales unos 250.000 pertenecían al sector privado.
En paralelo, sostuvo que muchas personas desplazadas del empleo formal recurrieron a formas más precarias de financiamiento y a créditos otorgados por entidades no bancarias.
También mencionó que trabajadores de plataformas digitales comenzaron a endeudarse con las propias aplicaciones para las que prestan servicios, generando relaciones de dependencia económica cada vez más complejas.

Las tasas elevadas agravan el círculo de endeudamiento
Consultado sobre el impacto de las tasas de interés, Gispert afirmó que siguen representando un obstáculo importante para quienes intentan regularizar sus deudas.
Si bien reconoció que las tasas nominales descendieron respecto de meses anteriores, sostuvo que continúan siendo muy elevadas en relación con la evolución de los ingresos. "Cuando una persona deja de pagar una tarjeta, los intereses se disparan y el peso financiero se vuelve muy difícil de revertir", explicó.
Respecto de las recientes líneas de crédito subsidiadas para refinanciar pasivos, consideró que podrían ofrecer cierto alivio, aunque advirtió que todavía es prematuro medir su impacto.
La recuperación dependerá del empleo y de la recomposición de ingresos
Para Gispert, la salida de fondo no pasa únicamente por refinanciar deudas.
"La verdadera solución es recuperar el poder adquisitivo, aumentar el empleo y reactivar la economía", afirmó.
En ese sentido, sostuvo que el actual esquema económico prioriza sectores de alta concentración —como minería, energía y el complejo agroexportador— mientras actividades intensivas en empleo, como la industria, el comercio y la construcción, continúan mostrando retrocesos.
También planteó que el Estado debería destinar parte del superávit fiscal a inversiones en infraestructura, obra pública y mejoras en los ingresos de sectores vulnerables, con el objetivo de dinamizar el mercado interno.

Una señal de alerta sobre la economía de los hogares
El informe del CEPA concluye que el crecimiento simultáneo de la mora, la caída del consumo y el uso creciente del crédito para cubrir gastos esenciales configuran un escenario de alta vulnerabilidad para millones de familias argentinas.
Lejos de reflejar un proceso de expansión del crédito como ocurre en economías consolidadas, el endeudamiento aparece asociado a la pérdida de ingresos, la precarización laboral y la necesidad de financiar consumos básicos, una dinámica que, según advierten los especialistas, exige respuestas estructurales antes de que el deterioro financiero se profundice aún más.
Billeteras virtuales y bancos: dos realidades distintas frente al crecimiento de la mora
El informe identifica diferencias importantes entre el sistema bancario tradicional y las entidades financieras digitales. Mientras los bancos endurecieron las condiciones para otorgar nuevos préstamos e incluso redujeron la cantidad de deudores en las categorías de mayor riesgo mediante la venta de carteras incobrables, las billeteras virtuales continúan registrando un aumento tanto en los montos adeudados como en la cantidad de personas que incumplen sus pagos.
Para el CEPA, esta dinámica también refleja diferencias en los controles sobre la capacidad de pago de los clientes. Las entidades no bancarias presentan menores restricciones al momento de otorgar financiamiento, lo que incrementó significativamente los niveles de morosidad en ese segmento.
La construcción, el comercio y los servicios también muestran señales de deterioro
El fenómeno no afecta únicamente a las familias. El informe advierte que las empresas también presentan un deterioro sostenido en sus indicadores de cumplimiento, especialmente aquellas vinculadas al mercado interno.
La construcción encabeza el ranking de actividades con mayor morosidad empresarial, con un ratio de incumplimiento del 6,6%. Le siguen los servicios de alojamiento y gastronomía (6,2%) y las actividades administrativas (5,2%), sectores que concentran una importante generación de empleo y que reflejan las dificultades que atraviesa la economía doméstica.

Un mapa de la morosidad que alcanza a todo el país
La distribución territorial también muestra fuertes diferencias. Las provincias de La Rioja, San Luis y Catamarca presentan los mayores niveles de morosidad del país considerando bancos y billeteras virtuales, mientras que La Pampa, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Santa Fe registran los porcentajes más bajos.
Sin embargo, el informe advierte que el problema ya tiene alcance nacional: únicamente CABA, Neuquén y Santa Fe presentan menos del 25% de sus deudores en situación irregular, lo que evidencia la expansión del fenómeno en prácticamente todas las jurisdicciones argentinas.
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