El debate sobre el uso de celulares dentro de las escuelas volvió a instalarse en la agenda educativa y, en Misiones, el Gobierno provincial sostiene una posición que busca diferenciar la prohibición del uso responsable. El ministro de Educación, Ramiro Aranda, explicó que la Provincia cuenta con una normativa que contempla los dispositivos como herramientas pedagógicas, aunque eso no implica habilitar su utilización permanente dentro del aula.
En declaraciones al programa Arriba la radio, por Radio Up, Aranda resumió la postura que sostiene su gestión: “El celular hay que enseñarlo a usar, no hay que prohibirlo”.
La definición, sin embargo, tiene un límite concreto. El funcionario advirtió que promover el aprovechamiento educativo de la tecnología no significa que el teléfono deba estar encendido, disponible o en manos del estudiante durante toda la jornada. “No hay que confundir de que el celular tiene que estar todo el tiempo presente”, planteó.

Misiones apuesta al uso responsable del celular
Aranda explicó que existe una normativa provincial vinculada con la utilización de los dispositivos como herramientas pedagógicas y señaló que deja margen para que las instituciones educativas definan cómo administrarlos de acuerdo con sus propias características. “En la normativa no dice ni sí ni no”, explicó el ministro al referirse específicamente a la prohibición, y señaló que se deja abierto el camino para que cada establecimiento determine la modalidad de aplicación.
En ese contexto, reveló que mantuvo conversaciones con escuelas que inicialmente afirmaban haber “prohibido” los celulares, aunque al analizar cómo funcionaba el sistema encontró que, en realidad, los dispositivos eran guardados y solamente podían utilizarse cuando un docente lo requería para alguna actividad. Para Aranda, esa diferencia es central.
“Prohibir es que no ocupen”, señaló. Y agregó: “Hay que fomentar el uso responsable”.
El ministro ejemplificó la situación con una clase de Educación Física: si los estudiantes están realizando una actividad deportiva, planteó, no existe una razón pedagógica para que tengan el celular en sus manos.
“Nosotros prohibimos el celular y se ocupa solamente cuando el docente pide. Y bueno, eso es uso responsable. No es prohibición”, relató sobre el intercambio mantenido con instituciones que adoptaron esa metodología.

El celular como herramienta y no como presencia permanente
El Ministerio de Educación busca así establecer una diferenciación entre utilizar tecnología en el proceso educativo y permitir una exposición permanente a los dispositivos.
Aranda mencionó como ejemplo a la Escuela Secundaria de Innovación, donde los alumnos pueden utilizar teléfonos para buscar información y complementar determinadas actividades, pero simultáneamente continúan trabajando con carpetas y otros recursos. “Vos ves que los chicos están con el celular, pero están escribiendo con la carpeta, están buscando información”, explicó.
Según remarcó, “no hay un fomento de que todo el tiempo tienen que estar con el dispositivo”. La posición apunta a integrar las herramientas digitales cuando tienen una finalidad concreta, sin convertirlas en el centro de la experiencia educativa.
Una postura más restrictiva para las escuelas primarias
La diferenciación por edades ocupa un lugar importante en el criterio expresado por Aranda. Mientras en el secundario considera necesario enseñar a los adolescentes a manejar responsablemente sus dispositivos, para el nivel primario entiende que la necesidad de contar permanentemente con un teléfono es mucho menor.
El ministro valoró un informe que ubicó a Misiones entre las jurisdicciones con menores porcentajes de alumnos de primaria con celular. “Misiones tiene uno de los más bajos porcentajes de chicos de primaria con celular y eso es una gran noticia”, sostuvo.
Y fue más allá: “El chico de primaria no tiene que tener dispositivo, tiene que tener la posibilidad de usarlo cuando se necesita, pero no tiene que tenerlo todo el tiempo”.
Aranda consideró que durante esa etapa deben priorizarse la interacción, las experiencias educativas presenciales, el trabajo con compañeros y las diferentes actividades propias de la escuela. “En la primaria lo mejor es que interactúe, que trabaje, que haga todas las actividades de experiencia que tiene que hacer y puede ocupar con supervisión un dispositivo”, afirmó.
En ese sentido, concluyó: “Los chicos de la primaria no tendrían por qué tener celular para tenerlo todo el día o llevarlo en su bolsito porque no lo necesitan tampoco”.

Educación también pone el foco fuera del aula
Otro aspecto que Aranda incorporó al debate es que los riesgos relacionados con los celulares y las redes sociales no terminan en la puerta de la escuela. Incluso consideró que algunas de las situaciones más preocupantes pueden producirse fuera del ámbito educativo. “El problema no es en el aula. Pues en el aula hay alguien grande, es un ámbito contenido, no entran extraños de afuera”, afirmó.
Como contrapartida, mencionó los riesgos que aparecen cuando un menor utiliza aplicaciones o redes sociales sin acompañamiento y puede establecer vínculos con desconocidos. “El tema es cuando el chico está en la plaza, cuando el chico se va a encontrar con alguien que no conoce por una aplicación o porque se mandó un mensaje”, advirtió.
Frente a esas situaciones, recordó que Misiones cuenta además con un protocolo sobre violencias digitales, destinado a aportar herramientas para trabajar conjuntamente con las familias y las instituciones educativas.
“Fortalecer lo bueno y prevenir lo malo”
Aranda evitó presentar a la tecnología únicamente como un problema. Destacó que los dispositivos permiten acceder a libros, materiales educativos, aulas virtuales e información que anteriormente requería disponer físicamente de numerosos textos y apuntes. “Hay cosas buenas como en todo y hay cosas malas. Entonces, fortalecer lo bueno y sobre todo informar para poder prevenir lo malo”, sintetizó.
La posición planteada por Educación de Misiones se aleja, de esa manera, de dos extremos: ni una prohibición general de los celulares ni una habilitación para que permanezcan encendidos y sean utilizados durante toda la jornada.
El criterio es que el dispositivo pueda ingresar al proceso educativo cuando existe una finalidad pedagógica y bajo la orientación de un adulto. En secundaria, con un componente adicional de formación para el uso responsable; en primaria, con una recomendación mucho más marcada de limitar su presencia y priorizar la interacción y las experiencias educativas sin una pantalla permanentemente disponible.



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