En pocos años, el mercado de la carne vacuna atravesó un cambio que hasta hace poco parecía improbable para uno de los principales productores ganaderos del mundo. Lo que históricamente fue una actividad basada en el abastecimiento interno y la exportación comenzó a incorporar un componente cada vez más relevante: la importación de carne, principalmente desde Brasil.
Las cifras ilustran esa transformación. Si hasta hace algunos años las compras externas apenas alcanzaban unas 500 toneladas anuales, destinadas casi exclusivamente a cubrir picos de demanda estacionales, durante 2025 el volumen trepó a 32.000 toneladas. Para 2026, referentes del sector proyectan que esa cifra podría alcanzar las 65.000 toneladas, duplicando el registro del año anterior.
Del total importado, cerca del 80% corresponde a carne brasileña, mientras que Paraguay y Uruguay completan el resto del abastecimiento externo.
El cambio de matriz productiva
El crecimiento de las importaciones ocurre en paralelo con el sostenido avance de las exportaciones de carne argentina. La industria frigorífica continúa orientando los cortes de mayor valor hacia mercados internacionales como Estados Unidos, Israel y la Unión Europea, donde obtienen precios considerablemente superiores a los del mercado doméstico.
En consecuencia, el abastecimiento interno comienza a incorporar cada vez más cortes provenientes del exterior, especialmente aquellos destinados al consumo cotidiano.
Este proceso refleja un cambio de matriz comercial: Argentina exporta crecientemente sus productos premium mientras recurre a carne importada para sostener parte de la oferta local.

Brasil introduce un nuevo factor de competencia
Los cortes importados incluyen productos muy demandados por los consumidores argentinos, como lomo, vacío y nalga.
Según estimaciones privadas, estos productos ingresan al país con valores aproximadamente 25% inferiores a los de producción nacional. En algunos casos, un lomo importado ingresa con un costo cercano a los $9.000 por kilogramo y posteriormente se comercializa en las góndolas entre $20.000 y $23.000.
Esta diferencia de costos amplía los márgenes comerciales de las grandes cadenas supermercadistas, aunque también introduce un nuevo elemento de competencia para la producción local.
Un límite para los aumentos de precios
Desde distintos sectores de la cadena cárnica sostienen que la importación también comenzó a cumplir una función reguladora sobre el mercado interno.
La posibilidad de abastecerse rápidamente desde Brasil reduce el margen para trasladar aumentos significativos al consumidor, ya que los supermercados cuentan con una alternativa de menor costo para sostener la oferta.
En ese contexto, diversos operadores consideran que las importaciones funcionan como un factor de contención sobre los precios, aunque advierten que ello responde principalmente a la competencia externa y no necesariamente a una mejora en las condiciones del mercado interno.
Menor consumo y nuevos hábitos alimentarios
La reconfiguración del negocio coincide con una caída sostenida del consumo de carne vacuna.
Las estimaciones para 2026 ubican el consumo entre 42 y 45 kilos por habitante al año, uno de los registros más bajos de las últimas décadas. A comienzos de los años 2010 el promedio rondaba los 70 kilos por persona, mientras que durante gran parte de la última década se mantuvo entre 55 y 60 kilos.
La pérdida del poder adquisitivo impulsó un cambio en los hábitos de consumo, favoreciendo proteínas más económicas.
Entre ellas sobresalen:
- Pollo: con un consumo estimado de 51 kilos por habitante, ya supera a la carne vacuna.
- Cerdo: continúa creciendo y alcanzaría entre 22 y 23 kilos por persona este año.
- Huevos: consolidan su expansión gracias a su bajo costo y alto aporte proteico.
El asado mantiene una dinámica diferente
Dentro del nuevo escenario existe una excepción: el asado.
Al no tratarse de uno de los principales cortes destinados a la exportación, conserva una mayor disponibilidad para el mercado interno y presenta una evolución de precios diferente respecto de otros cortes de mayor valor comercial, como el lomo o el bife de chorizo.

Una nueva lógica para la carne argentina
Si las proyecciones del sector se concretan y las importaciones efectivamente alcanzan las 65.000 toneladas durante este año, Argentina consolidará un esquema que hasta hace poco resultaba excepcional para una potencia ganadera: exportar crecientemente los cortes de mayor valor e incorporar carne importada para abastecer parte del consumo interno.
Más allá de la estabilidad que este mecanismo pueda aportar a los precios, el fenómeno expone una transformación estructural del mercado cárnico argentino. El interrogante de fondo ya no pasa únicamente por cuánto cuesta la carne en las góndolas, sino por qué modelo de producción y consumo comienza a consolidarse en uno de los países históricamente identificados con la carne vacuna como emblema de su economía y de su cultura alimentaria.
La CGT Misiones se sumará a la marcha nacional del 22 de julio y Chemes reclamó "demostrar que estamos enojados"https://t.co/1cCPshwLH0 pic.twitter.com/3MptmUw97W
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