En diálogo con Radio Up, el médico cardiólogo e integrante de la FAC, Jorge Riera Estival, explicó que la posición institucional de la entidad se basa en la necesidad de proteger el derecho de la población a recibir información clara, visible y comprensible sobre los alimentos que consume.
"La Federación Argentina de Cardiología expresa su preocupación porque somos una sociedad científica que tiene un eje fundamental en la prevención cardiovascular, la promoción de la salud y el derecho de la población a recibir información clara", afirmó.
El especialista aclaró que el etiquetado frontal no prohíbe la compra ni el consumo de ningún alimento, sino que simplemente advierte cuando un producto presenta exceso de nutrientes críticos, como azúcares, sodio, grasas saturadas o calorías, asociados a un mayor riesgo cardiometabólico.
Preocupación por la obesidad infantil
Riera Estival sostuvo que uno de los principales motivos para mantener la norma es el crecimiento de la obesidad en niños y adolescentes.
Según detalló, el 41% de los niños y adolescentes argentinos de entre 5 y 17 años presenta sobrepeso u obesidad, mientras que informes de UNICEF ubican al país entre los tres con mayor prevalencia de obesidad infantil en la región, con cifras cercanas al 40%.

En los adultos, agregó, casi el 65% de la población tiene sobrepeso u obesidad, una situación que incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes tipo 2, colesterol elevado y enfermedades cardiovasculares.
"Las preferencias alimentarias se construyen desde la infancia. La prevención cardiovascular no empieza cuando uno llega al consultorio del cardiólogo, sino mucho antes: en el hogar, en la escuela, en los kioscos y en la publicidad que reciben los chicos", señaló.
"La ley es perfectible"
Consultado sobre el impacto concreto del etiquetado en Argentina, el cardiólogo reconoció que todavía no existen datos nacionales concluyentes, aunque destacó que experiencias de otros países latinoamericanos muestran resultados positivos.
Mencionó los casos de Chile, México y Ecuador, donde, según explicó, el consumo de alimentos con exceso de nutrientes críticos se redujo alrededor de un 25% tras la implementación de sistemas similares.
No obstante, admitió que la normativa puede mejorarse.

"Como toda política pública, debe ser evaluada y es perfectible. Puede haber aspectos para modificar o adaptar, pero la estrategia no debería ser derogarla, sino mejorarla", sostuvo.
En ese sentido, señaló que existen otros modelos de comunicación nutricional, como el sistema de semaforización utilizado en Ecuador, que clasifica los alimentos mediante colores y podría resultar más intuitivo para algunos consumidores.
Convocan a una discusión técnica
Para la Federación Argentina de Cardiología, cualquier modificación de la ley debería surgir de un debate técnico con participación de organismos sanitarios, sociedades científicas, especialistas en salud pública y autoridades gubernamentales.
Riera Estival aseguró que la entidad está dispuesta a colaborar en ese proceso para fortalecer las políticas de alimentación saludable.
"Nos ponemos a disposición del Gobierno para trabajar en estrategias que ayuden a una mejor salud poblacional. Lo importante es seguir brindando información para que las personas puedan elegir con conocimiento qué alimentos consumir", concluyó.



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