Las organizaciones que administran hogares para niños, niñas y adolescentes judicializados en Misiones atraviesan una situación compleja marcada por dificultades económicas, demoras en subsidios y desafíos crecientes en la atención de chicos que llegan con historias de extrema vulnerabilidad.
Representantes de siete instituciones participaron de un encuentro provincial para analizar la realidad del sistema de cuidado alternativo en la provincia y avanzar en estrategias conjuntas para sostener el trabajo que realizan los hogares.
En esos espacios viven chicos que se encuentran bajo medidas excepcionales de protección dispuestas por la Justicia, luego de atravesar situaciones de abandono, violencia o negligencia familiar.

“El 60% lo sostiene la sociedad” de Misiones
En ese contexto, la presidenta de la Fundación Tupá Rendá, Eusebia “Neni” Valdéz, explicó durante el programa Arriba la radio, por Radio Up, que el sostenimiento de los hogares depende en gran medida de la solidaridad de la comunidad.
“Nosotros contenemos en general alrededor de 20 niños. Eso implica comida, uniforme, útiles escolares. Nuestros niños fueron con el uniforme completo, con los lápices nuevos como cualquier niño”, señaló.
Sin embargo, remarcó que el financiamiento es insuficiente.
“Un 40% cubrimos con lo que nos da el Estado y el 60% es la sociedad de pie ayudándonos”, sostuvo.

Las dificultades que enfrentan los hogares
Entre las principales preocupaciones que atraviesan las instituciones aparecen las demoras en la acreditación de subsidios destinados al sostenimiento de los chicos, así como la falta de recursos para cubrir algunos servicios.
También existen problemas vinculados a la atención de salud mental de los niños y adolescentes, procesos judiciales prolongados y dificultades en los procesos de adopción.
A esto se suma la complejidad del acompañamiento de adolescentes que atraviesan situaciones emocionales y sociales muy delicadas.

El desafío de reconstruir la confianza
Más allá de lo económico, Valdéz explicó que el mayor obstáculo en los hogares es el proceso de reconstrucción del vínculo entre los chicos y los adultos. “Es muy triste lo que voy a contar, pero nuestros pequeños no respetan al adulto. ¿Por qué? Porque el adulto les hizo daño toda su vida”, explicó.
Muchos de los niños llegan a los hogares después de experiencias traumáticas y deben adaptarse a normas, horarios y rutinas que nunca existieron en su entorno familiar.
Por ese motivo, el trabajo cotidiano incluye acompañamiento psicológico, apoyo social y la presencia de referentes afectivos que ayudan a reconstruir la confianza.
Procesos de adopción que se prolongan durante años
Otro de los problemas que preocupa a las organizaciones es la duración de los procesos judiciales vinculados a la adopción. Los tiempos judiciales pueden extenderse durante años, lo que provoca que muchos chicos crezcan dentro de los hogares.
“Cuando los chicos ya son grandes es mucho más difícil que una familia los adopte”, explicó Valdéz.
En el registro de adoptantes, la mayoría de las familias busca niños pequeños, lo que deja a muchos adolescentes sin esa posibilidad.
El desafío de acompañar hasta la vida adulta
Cuando los jóvenes alcanzan la mayoría de edad, las instituciones intentan acompañarlos en su transición hacia la vida independiente. En muchos casos se los ayuda a terminar la escuela secundaria o aprender un oficio antes de abandonar el hogar.
Algunos jóvenes que crecieron en estos espacios mantienen el vínculo con las instituciones e incluso vuelven para colaborar como cuidadores o voluntarios. Para las organizaciones que sostienen estos hogares, el desafío es permanente: garantizar el bienestar de los chicos en un contexto social y económico cada vez más complejo.



//



