En los barrios de todo el país, los almacenes de cercanía siguen cumpliendo un rol cotidiano que para muchas familias resulta imprescindible: el comercio al que se recurre cuando falta un ingrediente para la comida, cuando se necesita un producto de limpieza o simplemente cuando se busca comprar lo justo para el día. Sin embargo, detrás de esa rutina diaria se esconde una realidad económica cada vez más compleja. La combinación de aumentos constantes en alimentos, caída del consumo y bolsillos familiares ajustados golpea con fuerza al pequeño comercio.
El panorama fue descripto por Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros, quien aseguró, en diálogo con Radio Up que los primeros meses del año estuvieron marcados por subas de precios en numerosos productos y una fuerte caída en las ventas, especialmente durante febrero.
Según explicó, el arranque del año ya anticipaba dificultades. “En enero comenzamos con muchos aumentos”, relató, al detallar que los lácteos subieron cerca de 2,5% en ese mes y 2,7% en febrero, mientras que el café registró incrementos de entre 7% y 9%. A eso se sumaron los productos de limpieza y perfumería, con subas de entre 6% y 7%, los fiambres con aumentos cercanos al 5%, y también galletitas y otros productos básicos con incrementos de entre 4% y 5%.
Para los comerciantes de barrio, cada aumento genera un dilema delicado. El almacén es el último eslabón de la cadena comercial y muchas veces el cliente percibe que el precio alto proviene directamente del negocio. “Cuanto más aumentan los precios, más riesgo tenemos de que el cliente deje de confiar en nosotros”, explicó Savore.

Febrero, el mes más difícil para el comercio de cercanía
Más allá de las subas de precios, el golpe más fuerte llegó con la caída del consumo. De acuerdo con el dirigente, febrero fue el mes más complicado del verano para los almacenes.
En parte, esto responde a un fenómeno estacional: durante enero y febrero muchas familias viajan o pasan algunos días fuera de sus ciudades, lo que reduce el movimiento en los comercios de barrio. Pero este año se sumó otro factor determinante: el fuerte impacto de los gastos fijos en el presupuesto de los hogares.
“El sueldo llega y lo primero que hace la familia es cumplir con sus obligaciones”, explicó Savore. En esa lista aparecen la electricidad, el gas, el combustible, el internet y el agua, gastos que han aumentado y que absorben buena parte de los ingresos.
El resultado es que queda muy poco dinero disponible para el consumo cotidiano.
La magnitud de la caída se refleja en una medición simple que utilizan los propios comerciantes para evaluar su actividad. Según Savore, un almacén necesita alcanzar ocho puntos de ventas para sostenerse sin pérdidas, mientras que diez puntos representarían una situación cómoda.
Durante febrero, sin embargo, la actividad apenas llegó a cuatro puntos.
“Fue un terremoto”, resumió.
El cliente cambia marcas para poder seguir comprando
En ese contexto, el consumo comenzó a transformarse. El cliente no deja de comprar alimentos, pero modifica sus elecciones para adaptarse a los nuevos precios.
Savore explicó que el cambio más visible es el paso de primeras marcas a productos más económicos, muchos de ellos elaborados por pequeñas y medianas empresas.
La diferencia de precios puede ser muy marcada. Un ejemplo es el pan lactal: una marca líder puede superar los 7.000 pesos por un paquete de 600 gramos, mientras que una alternativa de producción pyme ronda los 2.500 pesos.
Algo similar ocurre con las gaseosas. Una botella de 2,25 litros de primera marca puede acercarse a los 5.000 pesos, mientras que otras marcas se consiguen entre 1.400 y 1.900 pesos.
El resultado es que las marcas tradicionales continúan presentes en las góndolas, pero con menor volumen de venta.
“No dejamos de tenerlas porque siempre hay clientes que las buscan”, explicó Savore. “Pero la cantidad que compramos es cada vez menor. El producto se corre solo”.

Productos que directamente dejan de venderse
En algunos casos, el precio se vuelve directamente incompatible con el presupuesto familiar.
Uno de los ejemplos que mencionó el dirigente es el de los cereales para desayuno, que pueden costar entre 7.000 y 8.000 pesos por caja. El producto atrae a los chicos por el diseño del envase, pero cuando el padre o la madre consulta el precio en la caja, muchas veces decide dejarlo.
Esa situación llevó a algunos comerciantes a buscar alternativas para seguir ofreciendo esos productos a precios accesibles. Una de las estrategias es comprar cereales a granel y fraccionarlos en el propio comercio, lo que permite vender el mismo peso por valores cercanos a 1.800 pesos.
Algo similar sucede con la avena: mientras una marca conocida ronda los 4.000 pesos, el mismo producto fraccionado puede venderse cerca de 1.400 pesos.
Estas prácticas permiten sostener la venta y adaptarse a un consumidor cada vez más cuidadoso.
Comerciantes más cautelosos al momento de comprar
La caída del consumo también cambió la forma en que los almaceneros se abastecen.
Savore explicó que hoy los comerciantes deben ser mucho más prudentes al comprar mercadería. No solo por el riesgo de quedarse con productos sin vender, sino también por la fecha de vencimiento, un aspecto que los clientes revisan cada vez más.
Incluso relató que hoy, cuando recibe un pedido, revisa uno por uno los productos para verificar su fecha de vencimiento, algo que antes no era habitual.
En muchos casos, algunos distribuidores ofrecen precios atractivos en productos que están cerca de vencer, una práctica que también fue planteada ante las autoridades de Defensa del Consumidor para exigir mayor transparencia.
Una actividad que todavía resiste
A pesar del escenario complejo, el dirigente aseguró que el sector todavía logra sostenerse.
Según los relevamientos informales que realizan a través de vendedores y distribuidores que recorren distintos comercios, no se registran cierres masivos de almacenes de barrio.
“Cuando preguntamos cuántos clientes cerraron, la respuesta suele ser ninguno”, explicó.
Esto refleja la capacidad de adaptación de un sector que históricamente supo ajustarse a los cambios económicos.

Marzo muestra señales leves de recuperación
Con el inicio de marzo comenzó a percibirse una leve mejora en el movimiento, aunque todavía lejos del nivel necesario para equilibrar las cuentas.
Actualmente, los comercios se ubican alrededor de cinco puntos y medio de actividad, todavía por debajo de los ocho puntos necesarios para sostener el negocio.
A este escenario se suma el inicio del ciclo escolar, otro gasto importante para las familias que vuelve a reorganizar el presupuesto mensual.
Mientras tanto, los almacenes de barrio continúan cumpliendo su función cotidiana, adaptándose a las nuevas condiciones del consumo y buscando alternativas para mantener abiertas sus puertas en un contexto económico que sigue siendo desafiante.
Defender recibió más de 6.000 reclamos por las facturas de SAMSAhttps://t.co/xa9Ds3cDw7 pic.twitter.com/g7xYlPIHgD
— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 4, 2026



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