El mes todavía no empezó y ya trae un golpe directo al bolsillo. Desde el 1° de marzo, cargar nafta o gasoil costará más en todo el país. El Gobierno nacional dispuso una actualización parcial de los impuestos a los combustibles, una medida que se reflejará de inmediato en los precios que exhiban las estaciones de servicio.
La decisión, publicada tras semanas de especulación, reactiva el esquema de actualización del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos (ICL) y del Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC). Son tributos que venían postergados frente a la inflación acumulada y que ahora empiezan a ponerse al día, aunque no completamente: una parte del ajuste se aplicará en marzo y el resto quedará para abril.
En términos concretos, la suba ronda el 1,1% promedio sobre los valores actuales. Puede parecer un número moderado. Pero en un contexto de costos encadenados —transporte, alimentos, logística— cada punto suma presión.
El incremento impositivo agrega alrededor de $17 por litro en el caso de la nafta y cerca de $15 por litro en el gasoil, más los montos correspondientes al tributo ambiental. El traslado final al precio dependerá de la estrategia comercial que adopten las petroleras y estaciones de servicio, aunque históricamente estos ajustes terminan impactando casi en su totalidad en el surtidor.
La actualización forma parte de un cronograma que el Ejecutivo viene aplicando de manera escalonada. El argumento oficial apunta a recomponer ingresos fiscales sin generar un salto brusco en la inflación. En otras palabras: avanzar, pero en cuotas.
Sin embargo, para los conductores el efecto es inmediato. Cada tanque lleno costará un poco más. Y en un país donde el combustible es un insumo clave para casi toda la cadena productiva, ese “poco” tiende a expandirse.



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