El sistema energético de Cuba atraviesa una situación crítica y podría colapsar en un plazo de seis a ocho semanas si no logra garantizar nuevos suministros de petróleo o combustibles derivados, según advierten especialistas internacionales. El escenario se desarrolla en la isla, a comienzos de 2026, bajo el gobierno de Miguel Díaz-Canel, y está directamente vinculado a las sanciones de Estados Unidos contra los proveedores de crudo, que profundizan una dependencia estructural histórica y reducen al mínimo el margen de maniobra del régimen.
La advertencia fue realizada por Jorge Piñón, experto del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, quien sostuvo que resulta complejo determinar el punto exacto de quiebre, aunque remarcó que el tiempo se agota. “Si en las próximas 6 a 8 semanas no se concreta ninguna entrega de crudo o combustibles, ya sea desde Venezuela, México, Rusia, Estados Unidos o mediante compras propias, Cuba enfrentará una crisis de proporciones graves”, alertó.
Uno de los focos más preocupantes es la escasez de diésel, un recurso que representa cerca del 20% del consumo energético nacional y que resulta indispensable para el funcionamiento cotidiano del país. Su falta impacta de forma directa en el transporte público y de mercancías, el ferrocarril, la agricultura, la industria, el abastecimiento de agua y la generación eléctrica distribuida.

Este último punto es clave: los grupos electrógenos distribuidos en todo el territorio aportan aproximadamente el 40% de la electricidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Sin diésel, ese respaldo desaparece, lo que anticipa un empeoramiento de los apagones, que en varias regiones ya superan las 20 horas diarias.
La crisis energética actual no es un fenómeno aislado, sino el resultado de más de seis décadas de un modelo económico centralizado que nunca logró la autosuficiencia. Tras el colapso de los subsidios soviéticos y la fuerte caída de la producción petrolera venezolana —que redujo sus envíos de 100.000 a apenas 27.000 barriles diarios antes de la salida de Nicolás Maduro—, Cuba quedó sumida en un aislamiento financiero y tecnológico extremo.
A esto se suma un parque energético obsoleto: las centrales termoeléctricas superan los 40 años de antigüedad y la producción local apenas alcanza los 40.000 barriles diarios, muy lejos de los 110.000 necesarios para cubrir la demanda nacional.

Con este panorama, la isla se encamina a un escenario de desabastecimiento total, comparable al “Período Especial” de los años 90, pero con una infraestructura más deteriorada y menos aliados estratégicos. La cuenta regresiva ya comenzó y el margen para evitar un colapso energético parece cada vez más estrecho.



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