La final de la Copa Africana de Naciones tuvo uno de los desenlaces más insólitos que se recuerden en el fútbol continental. Senegal y Marruecos se enfrentaron en el Estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat en un partido que terminó envuelto en escándalo y controversia.
El encuentro se desarrolló con la tensión esperada por un título, pero todo cambió en los minutos finales. A los 8 minutos de descuento, el árbitro congoleño Jean Ndala anuló un gol a Senegal tras cobrar una infracción dudosa, lo que generó una furia inmediata en el equipo visitante.
La polémica escaló aún más cuando, en un córner para Marruecos en el último segundo, el VAR llamó al árbitro por un leve contacto en el área. Ndala sancionó penal, una decisión que el entrenador senegalés Pape Thiaw consideró injusta. Ante esta situación, Thiaw ordenó a sus jugadores que abandonaran el campo de juego en señal de protesta.
Durante más de diez minutos reinó la incertidumbre sobre la continuidad del partido. Finalmente, el capitán Sadio Mané y el propio técnico convencieron al plantel para que volviera a la cancha. El marroquí Brahim Díaz ejecutó el penal en el minuto 114, pero su débil intento fue atajado sin problemas por Edouard Mendy.
El partido, que había terminado 0-0 en el tiempo reglamentario, fue al tiempo suplementario. Allí, a los tres minutos de iniciado el alargue, Senegal armó una rápida contra que terminó con Pape Gueye lanzando un potente remate desde media distancia. La pelota se coló en el ángulo, marcando el 1-0 definitivo.
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Senegal logró mantener ese resultado hasta el pitazo final, consagrándose así campeón de la Copa Africana de Naciones. La victoria llegó tras un final de partido inverosímil, que combinó protesta, suspenso y un golazo para el recuerdo.



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