Hoy 18 de enero se cumplen seis años del crimen que conmocionó a la Argentina: el asesinato de Fernando Báez Sosa, un joven de 18 años que murió tras ser brutalmente golpeado por un grupo de rugbiers a la salida del boliche Le Brique en Villa Gesell.
Lo que comenzó como una discusión terminó en una tragedia que marcó profundamente a la sociedad y dejó al descubierto la problemática de la violencia juvenil en grupo.
Fernando había viajado a la costa atlántica junto a sus amigos durante el receso de verano. En la madrugada del 18 de enero de 2020, un grupo de jóvenes lo atacó sorpresivamente en la vía pública, propinándole golpes que resultaron fatales.

Las cámaras de seguridad, los mensajes de los agresores y los testimonios de testigos fueron claves para reconstruir el episodio y exponer la violencia con la que fue cometido el homicidio.
Horas después del ataque, la Policía detuvo a diez jóvenes, la mayoría vinculados al rugby y residentes de Zárate. Todos fueron imputados y llevados a juicio.
El proceso judicial, seguido minuto a minuto por el país, se desarrolló en 2022 y expuso peritajes forenses, análisis de cámaras y relatos desgarradores.

Prisión perpetua para Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli y Luciano Pertossi, como coautores del homicidio doblemente agravado.
15 años de prisión para Ayrton Viollaz, Blas Cinalli y Lucas Pertossi, señalados como partícipes secundarios.
Las penas fueron ratificadas por el Tribunal de Casación Penal bonaerense.
Si bien la sentencia aportó alivio y reconocimiento social, la familia de Fernando remarcó que ninguna condena podrá compensar la pérdida de su hijo.
El crimen de Báez Sosa trascendió las instancias judiciales. Encendió un debate nacional sobre:
violencia grupal y discriminación,
responsabilidad social del deporte,
educación emocional en jóvenes,
consumo problemático del alcohol y comportamiento agresivo nocturno.
Marchas, vigilias y campañas de concientización se multiplicaron en todo el país.
La imagen de Fernando –recordado como un joven solidario, amable y estudioso– se convirtió en un símbolo de “Nunca Más” a la violencia entre pares.
Hoy, el caso Báez Sosa sigue siendo mencionado en escuelas, clubes y comunidades. Programas educativos, charlas y políticas institucionales comenzaron a tomar el problema con mayor seriedad, reconociendo que la prevención debe comenzar antes de que el conflicto llegue a los tribunales.
Para muchos especialistas, la tragedia expuso la necesidad urgente de:
formar jóvenes en resolución pacífica de conflictos,
intervenir cuando aparecen conductas violentas,
promover una cultura de empatía, solidaridad y cuidado del otro.
Fernando, a seis años de su muerte, continúa presente como una memoria activa: un llamado a construir una sociedad donde la vida y la convivencia prevalezcan sobre la brutalidad y la indiferencia.



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