La ciudad de Oberá vivió una de sus noches más significativas para el deporte local con una nueva edición de la Fiesta del Deporte Obereño, un evento que año tras año reconoce el esfuerzo, la constancia y los logros de atletas e instituciones. En esta oportunidad, la celebración llevó el nombre del Profesor Ángel Dalmau, en homenaje a su extensa trayectoria y a su compromiso con el crecimiento del deporte obereño.
El máximo galardón de la velada fue para Tomás Mattje, quien recibió el premio a Deportista del Año, mientras que la joven gimnasta Delfina Steciuk fue distinguida como Revelación, consolidando una noche que puso en valor tanto el presente como el futuro del deporte local.
Tomás Mattje, Deportista del Año: entrega, goles y selección nacional
Integrante de AEMO Handball y jugador de la Selección Argentina de Handball Playa, Tomás Mattje coronó un año de alto rendimiento con el reconocimiento más importante del deporte obereño. Durante la temporada 2024 volvió a formar parte del seleccionado nacional y fue protagonista en el Mundial Juvenil de Handball Playa, donde Argentina alcanzó el séptimo puesto a nivel internacional.
En ese certamen, Mattje se destacó por su potencia ofensiva al convertir 55 goles, convirtiéndose en una pieza clave del equipo argentino. Más allá de los números, el jurado valoró su entrega, fortaleza física y compromiso, cualidades que lo posicionan como un referente dentro y fuera de la cancha y que reflejan el crecimiento sostenido del handball en Oberá.

Delfina Steciuk, Revelación: un año perfecto en la gimnasia rítmica
El premio Revelación quedó en manos de Delfina Steciuk, quien tuvo una temporada sobresaliente en la Gimnasia Rítmica. La joven deportista logró ganar todos los torneos provinciales del año en las modalidades de soga, pelota y manos libres, demostrando un dominio absoluto a nivel local.
Además, Delfina participó de su segundo Campeonato Sudamericano, donde finalizó 13° en la competencia individual y consiguió dos medallas de bronce, una en Máximo Acumulado y otra en Acumulado por Equipo, resultados que no solo marcan su proyección deportiva, sino que también posicionan a Oberá en el plano internacional de esta disciplina.
Reconocimiento a 36 disciplinas y al trabajo colectivo
La Fiesta del Deporte Obereño no solo celebró a sus figuras principales, sino que también distinguió a deportistas de 36 disciplinas, además de reconocer a instituciones y referentes que sostienen el entramado deportivo de la ciudad. Atletismo, gimnasias, deportes adaptados, artes marciales, disciplinas individuales y colectivas formaron parte de una extensa nómina que reflejó la diversidad y el crecimiento del deporte local.
Entre los ganadores por disciplina se destacaron Leonel De Jesús en Atletismo Adaptado, Mikeas Knach en Deportes Adaptados, René Kletke en Judo Adaptado, Jorge Bothner en Fisicoculturismo, Pedro Penayo en Tiro al Arco, Jeremías Pryszczuk en Pádel, Isabella Laurencio en Karate, Macarena Karlen en Tenis de Mesa, Elian Stier en Ajedrez, Solana Datschke en Gimnasia Aeróbica y Mora Costa en Patín, entre muchos otros representantes de distintas áreas deportivas.
La palabra del intendente y el orgullo de una ciudad
En la apertura del evento, el intendente Pablo Hassan remarcó el valor del deporte como herramienta de integración social y construcción de identidad. En su discurso destacó que “Oberá ha dado la nota en varias disciplinas deportivas y nos enorgullece el esfuerzo y los logros obtenidos”, subrayando el acompañamiento del Estado y de la comunidad al desarrollo deportivo.
La noche dejó en claro que detrás de cada logro individual existe un trabajo colectivo que involucra a familias, entrenadores, clubes e instituciones, en una ciudad que continúa apostando al deporte como motor de crecimiento.

Un cierre que proyecta futuro
La consagración de Tomás Mattje como Deportista del Año y de Delfina Steciuk como Revelación sintetizó el espíritu de la Fiesta del Deporte Obereño: reconocer el mérito, el sacrificio y la perseverancia, pero también proyectar a Oberá como una ciudad que forma atletas, acompaña procesos y celebra el esfuerzo sostenido. Una noche de premios, sí, pero también de identidad, pertenencia y futuro deportivo.
Ángel Dalmau y una vida dedicada al deporte, reconocida en su propia fiesta
El Profesor Ángel Dalmau eligió agradecer, reconocer y dejar un mensaje que atravesó a atletas, dirigentes y familias.
En primer lugar, expresó su gratitud más íntima. Agradeció a Dios y a su familia, presente en su memoria y en su caminar cotidiano, aun con las ausencias que duelen, como la de su hermano y la de sus padres. “Siempre están conmigo”, expresó, marcando el tono profundamente humano de sus palabras.
Luego, destacó el acompañamiento institucional recibido a lo largo de los años. Agradeció al Ministerio de Deportes, remarcando la predisposición y la respuesta cada vez que fue necesario recurrir a su apoyo, y tuvo un reconocimiento especial para el intendente Pablo Hassan y su equipo, a quienes dijo haber mencionado “mil veces”, no por repetición vacía, sino por convicción. En ese marco, recordó una obra que sintetiza su mirada sobre el deporte: la construcción de una cancha de beach handball en una ciudad sin playa.
“Siempre digo que empezamos en el potrero”, señaló, y desde esa imagen construyó una de las frases más potentes de la noche: del potrero a tener dos jugadores en la Selección Argentina, participando en dos mundiales totalmente distintos. Para Dalmau, ese recorrido no es casualidad, sino consecuencia del trabajo sostenido y de las oportunidades generadas.

Subrayó el rol fundamental de la comisión que lo acompaña, dejando en claro que su tarea nunca fue solitaria. “No estoy solo”, remarcó, y explicó que puede tomar decisiones con tranquilidad porque sabe que hay un equipo eficaz, rápido y comprometido que sostiene cada proyecto.
El mensaje se amplió luego hacia los protagonistas centrales del deporte: los atletas. Dalmau los felicitó, pero también quiso dejar una reflexión colectiva. Recordó que, aunque los premios obligan a elegir a uno o dos nombres, cada deportista distinguido es el resultado de un grupo más amplio que empuja, acompaña y eleva el nivel general. “Los que no están en la terna ayudaron para que ellos estén ahí”, afirmó, poniendo en valor el trabajo silencioso y compartido.
Mirando hacia adelante, deseó un 2026 exitoso, no solo en lo deportivo, sino también en lo humano y social. En ese tramo citó una frase del gobernador que hizo propia, al señalar que “quien invierte un peso en deporte, se ahorra diez pesos en remedios y enfermedad”, reforzando su convicción de que el deporte es una política de cuidado y prevención.
Antes de cerrar, dedicó un agradecimiento especial a los periodistas, destacando la importancia del reconocimiento público y el valor simbólico de escuchar, desde abajo, que el esfuerzo vale la pena. Habló de “sus jugadores”, aclarando que lo son todos, sin distinción, y afirmó que el reconocimiento recibido era profundamente merecido, no solo para él, sino para todo el camino recorrido.
Dejó un mensaje final que resumió el espíritu de la Fiesta del Deporte Obereño. Invitó a no dejar de realizar este evento, recordando que desde julio los chicos esperan este momento. Reconoció que, aunque el espacio físico pueda ser pequeño, “el corazón es muy grande”, y cerró asegurando que disfrutaría de la fiesta como nunca antes.
“Ya estoy feliz, ya estoy hecho”, dijo, deseando felicidad a todos los presentes y agradeciendo tanto a quienes participaron del evento como a quienes acompañaron desde abajo. Un cierre que no fue despedida, sino reafirmación de una vida dedicada a construir deporte, comunidad y futuro.
El orgullo de compartir a Angelito: el testimonio de Sergio Dalmau, su hijo
Con una emoción contenida y una mirada profundamente personal, Sergio Dalmau, hijo de Ángel, tomó la palabra para trazar un retrato íntimo y colectivo de una figura que marcó generaciones enteras en el deporte obereño. Desde el inicio, dejó en claro que hablar de “Angelito” no es una tarea sencilla.
Hablar de Ángel, dijo, es hablar de deporte, pero también de una escuela de valores, y por sobre todas las cosas, de familia. Recordó que aquel “tren y obelisco por adopción” llegó a Oberá hace más de 30 años y, sin estridencias, fue ganándose el corazón de innumerables personas que se cruzaron con él en distintos ámbitos de la vida, siempre con el deporte como bandera.
Sergio señaló que, inevitablemente, hablar de Angelito es hablar del profe. El profesor de muchos de los presentes, de quienes pasaron por sus clases en la Escuela 185, en el Instituto Concordia o compartieron experiencias con él en el Instituto Montoya, donde también dejó huella como formador y colega. Allí, aseguró, comenzó a construirse un legado que hoy resulta inmenso y transversal.
Pero Angelito no fue solo docente. También fue funcionario público, soñador incansable y gestor de hechos históricos para la ciudad. Desde aquella oficina ubicada en el Ian Barney, impulsó la llegada de distintos seleccionados argentinos, acompañó el resurgimiento de deportes que parecían relegados y levantó, con convicción, las banderas del deporte social, ese que llega a los barrios y ofrece una alternativa frente a la exclusión y al fracaso. Sin embargo, Sergio destacó un detalle que lo define: esa oficina apenas la usaba para guardar sus cosas, porque su verdadero lugar de trabajo siempre estuvo en las canchas.
Lejos de las investiduras, Ángel Dalmau fue siempre uno más. Presente en cada evento, aportando su granito de arena, trabajando desde abajo. Fue también el que un día volvió a las escuelas y nunca más se fue, el que abrazó nuevamente a sus alumnos en clases de 40 minutos que, para muchos, se extendían mucho más allá del horario. “Si estaba Angelito, sabíamos que ese año había campamento intertribal y torneos”, recordó.

En su relato apareció el “loco lindo” que escuchó el pedido de seis adolescentes que querían jugar al vóley y decidió comandar durante años un equipo con el que recorrió distintos puntos de la provincia. Nunca hubo interés económico, remarcó su hijo, solo pasión y el deseo profundo de que sus chicos crecieran. Hoy, Angelito es un profe jubilado que, en realidad, nunca se fue.
Sergio describió a su padre como alguien que quizá se cansa un poco más, que tarda un poco más en recuperarse, pero que sigue sin guardarse nada. Recordó aquel sueño de hace más de 15 años, cuando imaginó a Oberá como referencia en handball y miraba a la selección alemana como modelo.
A pesar de todo eso, Ángel mantiene un perfil bajo. Es imposible, dijo Sergio, que haya pasado por la vida de alguien sin dejar una marca. Y sigue siendo el mismo: si lo buscás, lo encontrás en una cancha, armando un evento, dirigiendo un equipo o levantándose a las cinco de la mañana para preparar una jornada. Es el que consigue publicidades, atiende una cantina si hace falta y no entiende de errores, pero sí de pasiones.
También es el que sigue viajando, a veces resignando momentos familiares, aunque —como explicó su hijo— estar cerca de Ángel es entender que su familia también son todas las personas que pasan por su vida. Si no viaja, está despidiendo o recibiendo chicos a cualquier hora. Si no dirige, sigue resultados por televisión o por el celular. Y siempre, siempre, se emociona gritando los goles de esos jugadores que formó desde cero.
Para el cierre, Sergio habló desde el lugar más íntimo. Reconoció que no es fácil ser el hijo de Angelito, que muchas veces le tocó resignar cosas y compartir a su viejo. Pero también afirmó que tuvo el privilegio de vivir todo ese camino de cerca, como alumno, jugador, ayudante, colaborador y testigo de cada esfuerzo invisible.
Agradeció a quienes hicieron posible el homenaje, valorando especialmente que los reconocimientos se realicen en vida, y celebró que este momento sea un recuerdo compartido. También destacó al grupo de padres que hoy acompaña cada “locura” y demuestra que el legado puede continuar.
“Compartir a Angelito es algo momentáneo”, concluyó, “porque los caminos de sus jugadores y alumnos se separan. Pero Angelito siempre será mi viejo”. Un cierre que condensó orgullo, amor y una herencia que trasciende generaciones.
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