A medida que se acerca el fin de año, el merendero Patotí, de Posadas, sigue ofreciendo su valioso servicio a la comunidad, a pesar de las dificultades que enfrenta. Miriam Benítez, encargada del comedor, se muestra preocupada pero también optimista sobre cómo, a pesar de los obstáculos, han logrado seguir funcionando. En diálogo con Radio Up, Benítez relata las penurias y los esfuerzos por mantener el servicio de merienda para los niños del barrio.
"Sí, estamos llegando a fin de año y el merendero sigue funcionando. A veces dejamos de hacerlo por un mes, pero no es por falta de ganas, sino por falta de mercadería. Nos afectó muchísimo el recorte del Gobierno nacional", explicó Miriam. La responsable del comedor menciona que el Gobierno nacional ha recortado la ayuda destinada a los comedores, lo que ha afectado la disponibilidad de productos esenciales. "Nos mandan leche, azúcar y harina, pero no recibimos aceite, hierba, ni cereal. Todo eso está recortado hace mucho tiempo", lamenta Benítez.
Ofrece meriendas tres veces por semana, ha tenido que improvisar de diversas maneras para seguir funcionando. "Nos arreglamos como podemos. Tengo un pequeño vivero que me ayuda a conseguir algo de dinero extra para comprar más productos", comenta Miriam. De hecho, ella misma se encarga de vender las plantas en una feria local y con los ingresos compra alimentos para los chicos.
Este tipo de solidaridad es clave para que el comedor siga funcionando. Además, Miriam detalla que, ante la escasez, las familias colaboran entre sí. "Aunque la ayuda que nos llega es escasa, cada mamá hace su parte. A veces, les entregamos la leche, el azúcar, y la harina, y ellos se encargan de preparar la merienda en casa", asegura.
El merendero, que actualmente asiste a más de 25 chicos, ha visto cómo la cantidad de comensales crece mes a mes. "Antes, solo venían chicos del barrio, pero ahora también se acercan adultos sin hogar", dice Miriam. Muchos de ellos son personas que pasan la noche en la calle o en lugares improvisados, y acuden al comedor buscando una ayuda.
Las familias que asisten son en su mayoría numerosas, con hogares que suelen contar con tres, cuatro o incluso seis hijos. "Vienen de todo el barrio Patotí y de zonas cercanas como Santa Catalina. También llegan personas de barrios como Comas", comenta Benítez. La crisis económica, la inflación y los altos costos de los productos básicos han obligado a muchas familias a recurrir a estos espacios para poder alimentarse.
A nivel económico, 2025 ha sido un año complicado para el comedor. "Terminamos mal, no podemos seguir con la misma capacidad de antes", lamenta Miriam. Los trabajadores del comedor no reciben salarios fijos, y las personas que colaboran, como su hermana y sobrina, lo hacen de forma voluntaria. "Con 78.000 pesos no se llega a fin de mes. Es muy difícil", añade.
A pesar de todo, Benítez se muestra esperanzada de que 2026 pueda traer mejoras. "Esperamos que la situación cambie, que haya más apoyo. Los niños no pueden esperar, y cada vez son más los que dependen de nosotros", afirma con un tono que mezcla esperanza y preocupación.
Uno de los factores que ha empeorado la situación del comedor es el recorte de los recursos destinados a los comedores sociales por parte del Gobierno Nacional. Miriam menciona que, desde la asunción del nuevo presidente, los envíos de alimentos se han reducido drásticamente. "Antes recibíamos más productos, pero ahora solo nos mandan leche, azúcar y harina. Esto no es suficiente para darles una merienda adecuada a los chicos", explica.
A pesar de estas dificultades, la comunidad se ha unido en torno al comedor. Los vecinos y clientes que compran las plantas de Miriam también contribuyen con productos para los chicos. "Ellos mismos me traen alimentos que ellos compran, y con eso podemos seguir adelante", comenta Miriam, agradecida por el apoyo.
El comedor Patotí sigue siendo un refugio fundamental para las familias más vulnerables del barrio. A pesar de las dificultades, la solidaridad de la comunidad y el incansable esfuerzo de Miriam Benítez y su equipo permiten que el comedor continúe brindando su ayuda a los que más lo necesitan. En un contexto de creciente pobreza y desigualdad, iniciativas como esta son más necesarias que nunca.
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