El bar Universal Club de Posadas, uno de los pocos espacios culturales auténticamente pensados para la música emergente y las juventudes misioneras, atraviesa un momento de cambio profundo. El lugar, que se consolidó como escenario para más de 300 bandas y artistas en seis años de historia, cerrará su sede actual en diciembre por el fin del contrato de alquiler, pero su alma no se apaga: su dueña, Laura Ripoll, aseguró en su visita a Radio Up que el objetivo es reabrir en otro punto de la ciudad y sostener la esencia de bar cultural que lo convirtió en un símbolo de la escena local.
En una entrevista cargada de emociones, Ripoll repasó cómo llegó a Universal, qué significó este proyecto para las bandas, el público y su propio equipo de trabajo, las dificultades económicas y burocráticas que enfrentó y los desafíos que implica hoy buscar un nuevo espacio en un contexto económico hostil.
De la radio al bar cultural: la apuesta personal de Laura Ripoll
Hace tres años, Laura Ripoll tomó una decisión que cambió su rutina profesional y su vida cotidiana: compró el fondo de comercio de Universal Club Misiones, un bar que ya venía funcionando desde hacía otros tres años en Posadas. Ella venía del mundo de los medios, del periodismo y la radio, y vio en este lugar una posibilidad de unir sus pasiones: la difusión cultural, la noche, la música y la sociedad. “Universal Club Misiones lo compré hace tres años. Es un bar que ya existía tres años antes y la idea siempre fue continuar con la esencia del lugar: un bar cultural.”
Desde el inicio, Ripoll tuvo claro que no se trataba de un bar más, sino de un espacio con identidad propia, donde la música en vivo no era un extra, sino el corazón mismo del proyecto. Ese concepto se convirtió en regla: “Si no hay banda, no se abre el bar.”
La esencia de Universal era, y sigue siendo, la de un bar cultural: un lugar donde tomar algo, picar algo y disfrutar siempre de artistas sobre el escenario. Un punto de encuentro íntimo, con capacidad para 30, 40, hasta 50 personas, que priorizó lo artístico por encima de la lógica puramente comercial.
Un escenario para quienes no tenían lugar: más de 300 bandas y artistas
En estos años, Universal Club se transformó en un verdadero semillero de la música local. Por su escenario pasaron más de 300 bandas y proyectos artísticos, muchos de ellos integrados por jóvenes que daban sus primeros pasos. “Más de 300 bandas han pasado. Yo pensé que conocía todas las bandas y no conocía a nadie”, reconoció Laura, entre risas y asombro.
El bar le abrió las puertas tanto a grupos de Posadas como del interior de Misiones y de otras provincias. Sin embargo, la prioridad siempre estuvo puesta en la escena local: “Siempre para mí el objetivo era darle las fechas y el lugar a gente nuestra, local. Me han hablado de Buenos Aires y otros lugares, pero primero las fechas eran para la gente de Posadas o del interior.”
En Universal se presentaron bandas de rock, pop, indie, blues, canto popular, pero también hubo rap, freestyle, trap, hip-hop, teatro, stand up y otras expresiones emergentes. Viernes tras viernes, y muchas veces también los sábados, las fechas estaban ocupadas: “Sabía que era un lugar querido y elegido, pero no pensé que era tanto. No había fechas a veces, no se daba abasto. Desde que abría hasta ahora, los viernes siempre estuvieron ocupados con músicos, teatro, stand up.”

Un bar cultural atravesado por la experiencia familiar: el impulso del rap y el freestyle
Detrás de la decisión de abrir un bar cultural también hubo una motivación muy personal. Laura es madre de un joven rapero de 25 años, que desde la secundaria participa en competencias de freestyle. Ver de cerca las trabas que enfrentaban él y sus amigos para conseguir espacios, incluso gratuitos, fue un detonante. “Veía que a mi hijo y a sus amigos les costaba muchísimo conseguir espacios hasta gratuitamente en la Costanera. Todo era burocracia por todos lados. Ellos necesitaban que les pongan una mesa para el jurado y sonido. Y tenés que ser conocido para que te habiliten las cosas.”
Ese panorama la llevó a pensar en la necesidad de darles lugar a los que no lo tienen, especialmente a jóvenes que comienzan en el rap, el trap y el freestyle, escenas que muchas veces son miradas de reojo o no consideradas “formales”. “Dije: voy a comprar este fondo de comercio. Tenía ganas hace rato de tener algo propio y estaba justo involucrado con lo que a mí me gusta: la música, los jóvenes, la noche.”
De ese cruce entre su vocación comunicacional, su experiencia materna y su amor por la cultura nació un proyecto que no sólo dio escenario, sino también contención e impulso simbólico a decenas de chicos y chicas. En los últimos días, uno de ellos le escribió un mensaje que la marcó: “Hoy me escribía un chico que hace hip-hop y me decía: ‘El hip-hop, el rap, el trap te vamos a estar agradecidos de por vida. Nunca te vamos a olvidar’.”
Un bar manejado por mujeres y un equipo que se volvió familia
Otro aspecto distintivo de Universal Club Misiones fue su gestión fuertemente femenina. Ripoll contó que el bar estuvo manejado “por un grupo de mujeres”, desde las mozas y encargadas hasta el personal de cocina, además del DJ y otros colaboradores. “Fue un bar manejado por un grupo de mujeres, básicamente. Mozas, encargadas, gente en cocina, un DJ. Es una familia ese lugar.”
El tamaño del bar, pequeño e íntimo, ayudó a que se construyera un clima familiar tanto en el equipo como con el público y las bandas. Laura conoce las necesidades de sus trabajadoras, el esfuerzo de cada una para mantener el espacio siempre prolijo y cuidado, y siente la responsabilidad de no dejarlas a la deriva: “Yo pensaba en mi equipo de trabajo, que son seis personas. ¿Cómo les voy a decir qué hago? Uno los quiere, es responsable. Es una familia.”
Esa familiaridad también se trasladó al público. No era raro ver a padres, abuelos, tíos y amigas acompañando a jóvenes que se subían por primera vez a un escenario. “Veías que arrancaban bandas de chicos de 18, 19, 20 años y estaba la familia ahí, la abuela, los padres. Y yo decía: qué lindo, ¿no? Poder aportar eso.”

Reglas claras, convivencia con los vecinos y cero conflictos
Lejos de la imagen caótica que muchas veces se asocia a la noche, Universal Club se organizó con reglas claras y respeto por el entorno. Desde el comienzo, Ripoll fijó pautas para las bandas: horarios de prueba de sonido, de inicio y fin de los shows, cuidado del mobiliario y del comportamiento hacia los vecinos. “Las bandas respetaron absolutamente algunas reglas que yo puse, porque tenés que tener reglas en los lugares. Horario para probar sonido, para empezar, para terminar.”
Su mayor preocupación era no tener problemas con el vecindario ni con el municipio: “Al principio me estresaba, porque yo decía: no quiero una denuncia. Les decía a las bandas: ‘Acá está mi cara en juego. Si llaman los vecinos, llaman por Laura Ripoll. Así que respeten’.”
El resultado fue contundente: en todos estos años no hubo conflictos ni denuncias por ruido o desmanes. La convivencia con el entorno fue uno de los puntos que incluso los propietarios del inmueble valoraron de la gestión. “Están recontentos con lo que fue esta gestión, porque nunca hubo un problema: ni de sonido, ni de vecinos, ni nada raro.”
Modelo solidario: 100% de las entradas para las bandas
Uno de los pilares del proyecto fue su modelo económico a favor de los artistas. Desde el primer día, se tomó la decisión de que la recaudación de entradas fuera en su totalidad para las bandas. Universal sólo ganaba a través de la consumición de bebidas y comida. “El 100% de las entradas siempre fue para los músicos, las bandas, los artistas. Yo nunca me quise meter en ese tema. Ellos ponían su propio Mercado Pago y listo.”
Las entradas se mantenían en precios muy accesibles:
2.000, 3.000, 4.000 pesos, que ella graficó “como el valor de una latita de cerveza”. Eso permitía que el público pudiera asistir sin grandes gastos y que los artistas, a la vez, se llevaran algo por su trabajo y por el esfuerzo de convocar. “La gente va según la banda que está. Si van a escucharte a vos, está bien que te quedes con el 100%. Me parece justo.”
Incluso hubo bandas que optaron por no cobrar entrada, tocando simplemente por amor al arte: “Hay bandas que se juntan porque les gusta la música. Cada uno tiene sus trabajos y se siguen reuniendo para tocar. A veces no cobran entrada, invitan a su familia y amigos, y tocan igual, con una entrega como si estuvieran en un auditorio gigante.”

Un concepto de salida nocturna distinta: previa, música en vivo y algo para comer
Universal Club se pensó como una alternativa a los boliches tradicionales. No era un lugar de madrugada ni de baile masivo, sino un punto de encuentro para hacer la previa con cultura: comer, tomar algo y disfrutar un show en vivo. “Siempre fue mi concepto tener un lugar para hacer una previa: ir a comer algo, escuchar música en vivo, onda temprano, entre las 8, 10, 11 de la noche. Después, si la gente quiere, se va al boliche. El lugar no está habilitado como boliche.”
La cocina, aunque chica, ofrecía pizzas, empanadas y picadas, y el salón climatizado permitía una experiencia cómoda. Para cumpleaños y eventos, cada uno podía llevar su propio DJ o elegir la música.
A futuro, si logra encontrar un nuevo espacio, Laura sueña con ampliar las opciones de cocina e incorporar cerveza tirada, algo que no pudo concretar por la falta de espacio físico para barriles y equipos. “Mi idea es agregar comida, sumar cerveza tirada. Antes no podía porque el lugar era chico. Quiero un espacio un poco más grande y mejor preparado.”
Una decisión que no fue propia: el fin del contrato y un cierre obligado
El cierre del local actual no responde a una decisión empresarial de bajar definitivamente la persiana, sino a una situación contractual: se termina el alquiler y los propietarios necesitan el inmueble para otro proyecto. “Hace unos meses me avisó el dueño, son tres hermanos, de que iban a necesitar el lugar para poner otra cosa. Y, bueno, cuando termina el contrato te pueden renovar o no.”
Esa noticia generó un fuerte impacto emocional y logístico: “Estuve tres, cuatro meses con estrés pensando: ¿qué hago? ¿A dónde me voy? Yo pensaba en mi equipo, en las seis personas que trabajan conmigo. ¿Cómo les voy a decir que cerramos?”
La dueña tiene claro que no quiere cerrar, pero también sabe que hay límites: “Mi idea era continuar. La balanza es súper positiva. Pero los dueños son los dueños y si termina el contrato y no lo renuevan, hay que irse.”
Últimos días de Universal: un cierre de lujo en la vereda
El cierre del local actual está previsto para fines de diciembre. El último fin de semana de actividad será el del sábado 20 y domingo 21, fechas que ya se comenzaron a organizar como una gran despedida. “Estoy organizando para el domingo 21. Varias bandas quieren estar en el último fin de semana en Universal. Estoy con ganas de cerrar un poco la vereda, que la música esté afuera, la barra de tragos afuera y hacer algo lindo porque adentro no vamos a entrar todos.”
La idea es transformar las últimas noches en una fiesta comunitaria, con la participación de bandas que ya tocaron en el bar, vecinos, amigos, público habitual y nuevas personas que quieran conocer el espacio antes de que deje de funcionar en esa dirección.
Cansancio, burocracia y cero apoyo económico: un proyecto sostenido a pulmón
La entrevista también dejó a la vista el lado más difícil de sostener un bar cultural independiente en la Argentina actual: la falta de apoyo estatal, la presión tributaria, la burocracia municipal y los elevados costos de alquileres y habilitaciones.
Ripoll relató que tardó un año en lograr la habilitación completa de Universal, cumpliendo todas las exigencias: “Estuve un año para habilitar Universal. Cumplí con todas las normas y, aun así, siempre faltaba algo. Es un dolor de cabeza.”
La búsqueda de un nuevo local se enfrenta ahora a condiciones muy exigentes:
garantías, depósitos, varios meses de alquiler adelantado, reformas, adecuaciones para cocina, baños, accesibilidad y salidas de emergencia, entre otros. “No está tan fácil. Los alquileres están muy caros. Te piden tres alquileres, depósito, garante. Cuesta muchísimo juntar todo, más en este momento.”
Además, lamentó que nunca recibió apoyo de organismos de Cultura a pesar de sostener durante años un espacio que difunde y promueve a artistas misioneros: “Pedí al principio una ayuda, pero para las bandas. Todo el tiempo promocioné a músicos de Misiones, desde el bar y desde mi programa de radio, y nunca nadie me dijo: ‘Lau, te ayudo con esto’.”
En lo económico, fue muy honesta: “Si me preguntás si gané plata, si junté plata, no junté nada. Lo que se logró fue mantener el lugar, pagar sueldos, mejorar el sonido, invertir en lo necesario. Pero ahorro, no.”

Aprendizajes de un primer negocio y los requisitos del próximo espacio
Universal fue el primer negocio propio de Laura Ripoll. Ella misma admite que cometió errores de principiante, pero que todo ese recorrido hoy funciona como una guía para lo que vendrá. “Fue mi primer negocio y me equivoqué en varias cosas. Ahora, en el segundo, ya tengo que estar viendo otras cosas desde el principio.”
Entre los requisitos que busca en un nuevo lugar, menciona un espacio para cocina bien equipada: dos baños, ya que muchos locales sólo tienen uno, accesibilidad para personas con discapacidad, salida de emergencia, posibilidad de tener mesas en la vereda, espacio para que quienes fuman puedan salir sin problemas, zona donde se pueda estacionar. “No todos los lugares después se pueden habilitar. Hay que ver un montón de cosas. Y aprender de lo ya vivido.”
Entre la desilusión y la apuesta: manifestar la reapertura
Ripoll no esconde que está desilusionada y cansada por la dificultad de encontrar un nuevo lugar, además del desgaste emocional de desarmar lo que construyó durante tres años. Pero, al mismo tiempo, sostiene con fuerza la idea de no bajar los brazos. “Estoy desilusionada porque no me está siendo fácil encontrar un lugar parecido. Pero mi idea es continuar.”
La entrevistada incluso habla de “manifestar” la reapertura, como un acto de fe y voluntad: “Ya lo manifesté al universo. Creo mucho en las manifestaciones, más cuando te dicen: ‘No vas a poder’. Vamos a ver si no voy a poder.”
Su horizonte ideal es reabrir entre febrero y marzo, aunque eso dependerá del escenario económico y del hallazgo de un local que cumpla con los requisitos mínimos. Lo que sí da por casi seguro es que mantendrá el nombre Universal Club: “Creo que el nombre se va a mantener. Cierra en diciembre, pero con toda la expectativa de que reabra en algún lugar de la ciudad y podamos seguir disfrutando de bandas en vivo.”
La importancia simbólica de un bar cultural en la noche posadeña
A lo largo de la charla, quedó claro que Universal Club no fue solo un bar: fue un punto de encuentro generacional, un trampolín para artistas y una especie de casa para la cultura emergente.
Familias enteras acompañando a sus hijos, bandas que se subían al escenario como si estuvieran en un gran teatro aunque hubiera apenas unas pocas mesas, jóvenes raperos y raperas encontrando por fin un espacio donde el freestyle no era “ruido”, sino arte, y un equipo de mujeres sosteniendo el día a día del lugar. “Qué lindo poder aportar eso: que si te gusta la música tengas un lugar chiquito, pero donde vienen tus amigos, tu familia, y podés tocar.”
Ese valor simbólico es el que explica la cantidad de mensajes que Laura está recibiendo desde que se conoció el cierre, sobre todo de quienes encontraron en Universal su primer escenario, su primera fecha, su primer público.

Lo que viene: un cierre emotivo y una reapertura que ya se espera con ganas
Mientras se organiza el cierre de lujo de diciembre, con bandas que ya pidieron estar en la despedida, vecinos invitados y la vereda tomada por la música, el nombre Universal Club ya comenzó a funcionar como una especie de promesa a futuro.
Desde Radio Up, la producción le lanzó un desafío: que para la reapertura los chicos del rap y el freestyle preparen un tema especial para el bar. Ella lo tomó con entusiasmo: “Tal vez les pida que hagan un rap de Universal para la reapertura.”
En el aire quedó flotando una certeza: Universal Club cierra sus puertas físicas, pero no se apaga como proyecto cultural. Mientras haya jóvenes que necesiten un escenario, bandas que busquen un lugar donde tocar, familias que quieran acompañar y una periodista obstinada en sostener espacios para la cultura, la posibilidad de una nueva dirección, una nueva casa y una nueva etapa sigue más que viva en Posadas.
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