El recorrido de Franco Bogado, un joven de 21 años que estudia en el Instituto Roque González, llamó la atención de miles de usuarios en redes sociales. Su historia se viralizó luego de que se conociera que vende alfajores rasta en el microcentro de Posadas para sostener sus estudios. La iniciativa también le permite cubrir gastos básicos y acompañar económicamente a su familia.
Franco comentó que usa lo que gana para la comida, el alquiler y los materiales que necesita para el Profesorado en Educación Tecnológica. Dijo que vive con su padre, quien es comerciante, y que busca aportar como puede en su casa. “Las ventas me sirven para solventar mis estudios, para la comida, la cuota del alquiler”, expresó.

El estudiante recordó que comenzó a vender alfajores a principios de este año, cuando buscaba un ingreso que no interfiriera con sus clases. Aseguró que no encontraba un trabajo de medio tiempo y decidió apostar por algo que le resultara cercano. Explicó que eligió los alfajores porque siempre le gustaron. “Siempre fui fanático de los alfajores, probé los rastas y me parecieron muy ricos”, contó.
Con el correr de los meses, organizó un circuito de venta que lo lleva por la Costanera, el centro y distintos puntos de Posadas. Su padre lo ayuda a conseguir la mercadería, mientras él distribuye los horarios entre clases, exámenes y recorridas. “Hace un año empecé a vender los alfajores rastas, quería ganar algo de dinero y poder aportar en mi casa”, recordó.
Franco divide su día entre las ventas en Posadas y los exámenes finales de la facultad
El compromiso de Franco también se refleja en su rutina diaria, donde divide su energía entre el estudio y el trabajo. Reconoció que algunos días vende poco, pero en otros logra superar sus expectativas. “Gracias a Dios siempre me fue bien, aunque hay días que se venden menos, pero en otros vendo hasta tres cajas”, afirmó.
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El joven destacó el acompañamiento que recibe de su entorno, algo que considera clave para mantenerse motivado. Aseguró que sus compañeros suelen apoyarlo con pequeñas compras y que los profesores también se suman cuando pueden. “Mi familia, amigos y compañeros me alientan con sus palabras y sus compras”, comentó.
Incluso, mencionó que con las ganacias de las ventas pudo comprar un kit de robótica que necesita para sus estudios, mientras que otro de los kits recibió a través de una donación.
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De cara al futuro, Franco quiere continuar con los dos mundos que hoy articula con disciplina. Planea terminar su carrera y trabajar en el área tecnológica, pero sin abandonar del todo la actividad comercial. “Voy a seguir combinando el mundo del comercio y la tecnología, que es lo que me gusta”, dijo.



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