En Aristóbulo del Valle, la solidaridad de un grupo de policías y vecinos cambió por completo la vida de un hombre de 39 años que atravesaba una dura situación. Tras sufrir una discapacidad que lo alejó de su trabajo como tarefero, quedó sin ingresos y vivía en condiciones muy precarias. Gracias al esfuerzo colectivo, hoy volvió a tener un hogar digno.
La iniciativa surgió del Oficial Ayudante Lucas Stibe, jefe de la División Canes de la Unidad Regional XI, y de su pareja, la Oficial Subayudante Aldana Fernández, de la Comisaría de la Mujer de Campo Grande. Ambos conocieron el caso a través de un familiar y decidieron actuar. “La idea surgió a través de una prima que nos comentó que un señor estaba pasando necesidad económica y en su domicilio”, contó Stibe a Radio UP.

Cuando se acercaron, encontraron una vivienda de madera a punto de derrumbarse. “Era época de lluvia y frío, y el señor sacó las maderas del piso para hacer fuego. En ese momento se tapaba con un cubrecama y una carpa negra”, relató el oficial. En ese primer encuentro, le llevaron mercadería, un colchón y abrigo. Sin embargo, comprendieron que hacía falta mucho más.
Decidieron organizar rifas y ventas de locro para reunir fondos y construirle una nueva casa. “Nos pusimos de acuerdo con un vecino que realiza trabajos solidarios, sorteamos un lechón asado y también hicimos dos ventas de locro. Con eso compramos un corte de casa de madera”, explicó Stibe.

La comunidad se sumó al gesto solidario. Vecinos, familiares y empresas locales colaboraron con materiales y mano de obra. En apenas dos días, lograron levantar la estructura principal. “Pedí ayuda a unos vecinos y familiares y en dos días levantamos la casa”, recordó el policía. También intervinieron el IPRODHA y el municipio, aunque finalmente un comerciante local donó las chapas de zinc necesarias para el techo.
El hombre, que no cuenta con servicio eléctrico ni ingresos fijos, mostró una profunda emoción al recibir su nueva vivienda. “Es una persona que tuvo una vida muy sufrida. En un accidente se quebró las dos piernas y quedó con una discapacidad”, explicó Stibe. Para sostenerse, el beneficiado fabrica pequeñas artesanías en madera, como barquitos y mesitas de luz, que vende en la zona.

“La difusión de la historia hizo que más personas se acercaran para ayudar. El señor no percibe ningún beneficio, vive de lo que puede vender”, agregó el oficial. También mencionó que la vivienda cuenta con una cama, un colchón y una cocina usada que consiguieron con donaciones.
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Stibe valoró el trabajo colectivo y el impacto de la acción en la comunidad. Tambié, resaltó que la solidaridad de los vecinos permitió transformar una historia de abandono en una oportunidad de dignidad y esperanza.



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