El colectivo de dos pisos y un automóvil particular colisionaron sobre el puente, y el vehículo de transporte terminó con el techo aplastado, recostado sobre uno de sus laterales, 18 metros más abajo.
Campo Viera: 9 vidas perdidas y la advertencia sobre alcohol y salud emocional
La escena fue devastadora, con personas atrapadas entre los restos y otras arrastradas por la corriente del arroyo. La coordinación entre bomberos, policía y vecinos fue clave para asistir a los heridos y recuperar a quienes pudieron sobrevivir.

Testigos del colectivo relataron que el choque habría ocurrido de manera intencional. Según la investigación, el conductor del Ford Focus había enviado audios previos que sugieren su intención de terminar con su vida. Además, dio positivo en el test de alcoholemia con más de 3 miligramos por litro de sangre, lo que confirma que circulaba bajo los efectos del alcohol. La noticia aumentó la indignación y el dolor de la población, que lamenta la pérdida de vidas inocentes por una decisión irresponsable.
Entre los sobrevivientes, se destaca el rescate de un niño de 12 años que logró ser liberado de los restos del colectivo, un hecho que, en medio de la tragedia, dio un atisbo de alivio en la comunidad.

El hecho no solo generó indignación por la imprudencia al volante, sino también un profundo debate sobre la salud mental y la falta de contención emocional. La tragedia expone la urgencia de prestar atención a las señales de alerta, de fomentar el diálogo y de garantizar el acceso a espacios de asistencia psicológica, especialmente entre los más jóvenes. Cada mensaje no atendido, cada pedido de ayuda ignorado, puede convertirse en una bomba silenciosa con consecuencias irreparables.

Hoy, una semana después, Misiones recuerda a las víctimas con homenajes y mensajes de apoyo a las familias. La tragedia del puente Yazá se convirtió en un símbolo de dolor, pero también en un llamado urgente a la empatía, la prevención y la responsabilidad colectiva.



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