Posadas se sumó al movimiento nacional en repudio a los recientes femicidios conocidos en La Matanza, en Buenos Aires, y en Puerto Esperanza, en Misiones. Bajo el lema “Ni Una Menos”, y en memoria de Elvira Medina, Lara, Brenda y Morena -víctimas de triple femicidio ocurrido la semana pasada-, decenas de vecinas y mujeres autoconvocadas marcharon desde el Centro Cultural La Estación sobre la avenida Mitre hasta la Plaza 9 de Julio.
Alzando carteles con los nombres y rostros de las víctimas de la violencia de género, en la plaza también se desarrolló una radio abierta para que manifestantes compartan sus miradas y sensaciones sobre el estado de situación.

Una de las presentes fue Tatiana Aquino, joven militante y vecina de Posadas, quien compartió su perspectiva sobre la movilización social en torno a la marcha Ni Una Menos, y resumió que lo que las mueve -una vez más- es la “bronca e indignación” ante la repetición de los crímenes de odio hacia las mujeres.
Aquino expresó que lo que la convoca a participar es la sensación de “siempre salir a marchar por lo mismo”, e hizo un paralelismo con el doloroso recuerdo del triple crimen de 2024 en Barracas, que fue calificado como lesbicidio, al confirmarse que el agresor Juan Fernando Barrientos agredía a las jóvenes por su orientación sexual y que, en la noche del 6 de mayo del año pasado, las atacó con una bomba molotov en la vivienda que el grupo de amigas compartía.
Un debate sobre la gravedad de los femicidios que se creía cerrado
Para Aquino, la discusión sobre la violencia de género debe ir más allá del concepto tradicional de femicidio. Al analizar las reacciones ante estos crímenes, como el de La Matanza y Puerto Esperanza, la entrevistada fue contundente al afirmar que “no podemos seguir negando que fue un femicidio”.

Consideró que la sociedad ya superó el debate de si se trata simplemente de un femicidio y calificó de “preocupante” que la discusión recaiga en ese punto, en lugar de hurgar en otras aristas del complejo contexto en el que estos ataques se producen. Su frustración también se dirigió a la tendencia social a culpar a las víctimas: "Veo mucho eso, que se cuestiona qué hacían, dónde estaban, cómo se vestían o dónde se metían. Cuando la realidad es que nadie merece morir así, y da bronca”, resumió en diálogo con Radio Up.
¿Qué rol ocupan las masculinidades en la discusión?
Un punto de preocupación para la militante es el rol que ocupan los varones en este debate. Aquino notó una falta de participación activa por parte de los hombres, asegurando que “no he visto mucho, me parece que no están hablando mucho, me gustaría que hablen más entre ellos, que se tomen el trabajo de hacerlo”.
Aunque reconoció y valoró la presencia de compañeros “que se tomaron el trabajo de venir y estar acompañándonos” en las marchas, percibió una ausencia de opiniones y discusiones de fondo, tanto en el ámbito personal como en las redes.
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