La inestabilidad del dólar en Argentina no solo impacta en los grandes mercados financieros, sino también en sectores sensibles de la economía real, como el frutihortícola. La dinámica diaria de precios y la dificultad de prever los costos de importación están dejando a productores, distribuidores y consumidores atrapados en una espiral de incertidumbre.
El vicepresidente de la Cámara Argentina de la Actividad Frutihortícola, Marcos Danuzzo, expuso la gravedad del problema: “Nos encontramos cruzando los dedos porque estos no son productos que los podes pagar anticipadamente”. Según explicó en diálogo con Argentina Divina Comedia por Radio Up, la naturaleza perecedera de frutas como la banana convierte al negocio en una verdadera ruleta frente a las variaciones del tipo de cambio.

¿Cómo afecta el dólar a las frutas?
Un ejemplo claro es el caso de las bananas provenientes de Brasil. El transporte demora alrededor de 25 días, y durante ese tiempo la cotización del dólar puede variar de forma abrupta. “Vos pagás a 11 USD, pero en esos 25 días, con el cambio del dólar y los impuestos de aduana, terminás pagando 20 USD”, señaló Danuzzo. La ecuación se complica aún más porque el comerciante no puede trasladar automáticamente esos incrementos al precio final: “Si lo vendés muy caro, la banana no se vende y se pudren”.
La incertidumbre no solo se refleja en los balances de los empresarios, sino también en el bolsillo de los consumidores. Con un poder adquisitivo deteriorado y precios en alza, la demanda muestra un fuerte retroceso. “La gente ahora en vez de comprar un kilo de banana, compra medio”, remarcó. Este comportamiento, que se repite en otros productos, muestra cómo la inflación del dólar termina reduciendo la calidad de la dieta de las familias.
La Cámara frutihortícola advierte que el escenario actual pone en jaque a toda la cadena de valor. Desde la importación hasta la venta minorista, cada actor enfrenta riesgos financieros difíciles de sostener. “Necesitamos de un milagro para no tener pérdidas con la suba del dólar”, resumió Danuzzo, quien además destacó la urgencia de políticas que otorguen previsibilidad y permitan garantizar la continuidad del abastecimiento.

En un país donde el consumo de frutas y verduras ya se encuentra por debajo de los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud, la crisis frutihortícola puede profundizar aún más las brechas en la alimentación. Actualmente, los argentinos consumen en promedio apenas 2 porciones diarias por persona, muy por debajo de las 5 porciones recomendadas por la OMS y la FAO, que sugieren un mínimo de 400 gramos diarios. La incertidumbre cambiaria, convertida en un problema estructural, no solo golpea a los mercados sino también a la mesa de millones de argentinos.
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