Este último jueves el Senado de la Nación aprobó con media sanción un proyecto que busca regular y limitar el uso de los decretos de necesidad y urgencia (DNU) por parte del Poder Ejecutivo. La decisión despertó el interés de especialistas en derecho constitucional que ven en este paso legislativo una respuesta a un reclamo histórico sobre la división de poderes.
Pulvirenti: ''El Senado corrige tardíamente el uso de los DNU''
En diálogo con el programa La Última Rosca, emitido por Radio Up, el doctor en Derecho Orlando Daniel Pulvirenti sostuvo que la medida llega “muy tardíamente” pero que constituye una corrección necesaria para el sistema institucional argentino.

“Lo que está haciendo el Senado es lo que debió haber ocurrido desde el día uno. Es decir, la Constitución intentó regular el decreto de necesidad y urgencia para evitar su exceso”, señaló.
Pulvirenti explicó que, en la práctica, durante los últimos 20 años el recurso excepcional de los DNU se transformó en un mecanismo habitual de gobierno: “Se utilizó el decreto de necesidad y urgencia para suplir mayorías legislativas que no se tienen. Y no es ese el sentido de esta excepcional herramienta. El legislador es el Congreso de la Nación, no el Poder Ejecutivo”.
Además, el jurista criticó la reglamentación establecida en 2006, durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner: “fue un error horrible del gobierno de Cristina Kirchner de haberlo regulado de esta manera. Se corrige tardíamente”.

También hizo referencia al rol de la Corte Suprema en este proceso: “la Corte no ha actuado demasiado los últimos tiempos para limitar la facultad del Ejecutivo en materia de DNU, y eso ha generado un precedente peligroso donde el Poder Ejecutivo considera cualquier situación como necesaria y urgente para modificar una ley”.
Pulvirenti recordó que en el derecho comparado, países como España e Italia establecen mecanismos más estrictos: “el decreto de necesidad y urgencia exige, en primer lugar, que haya un tiempo en el cual deba decidirse la cuestión y, en segundo lugar, que si no se obtiene los votos que lo confirman, el decreto se cae. Eso es lo que debería haber pasado en Argentina”.
En su análisis, vinculó la problemática con la falta de cumplimiento de las normas constitucionales y la idea errónea de que el poder político es permanente: “cuando vos ponés en la cancha estos excesos de reglamentación o te vas de lo que dice la Constitución, el precedente nunca sabés dónde termina jugando. Porque si hay una regla en la República se cambia gobierno. Lo que hoy te parece genial y conveniente, después cuando lo tenés en contra te parece un exceso o una dictadura. Bueno, lo es siempre”.

Finalmente, Pulvirenti reflexionó sobre el desafío pendiente de las instituciones argentinas: “las reglas de juego son un consenso que llega a la sociedad en un momento que es difícil. Lo que sí hay que hacer es cumplirlas. No podés decidir no cumplirlas al antojo. El Poder Judicial, además, siempre llega tarde: responde cuando el que está en el poder político se fue, y no corrige la deficiencia a tiempo. El sistema termina descompaginándose”.
Concluyó que el debate actual no responde únicamente a un gobierno en particular, sino a una construcción de décadas: “no es algo atribuible al último gobierno, es una construcción sucesiva, desviada de la Constitución, que tiene este resultado de hoy día”.



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