El consumo masivo en la Argentina registró en julio un aumento mensual del 3,4%, pero todavía no logra recuperarse frente a los niveles del mismo mes del año pasado, con una caída interanual del 4,3%, de acuerdo con un relevamiento de la consultora Focus Market junto a información del lector de códigos Scanntech, que monitorea 756 puntos de venta en todo el país.
En cuanto a la cantidad de tickets, el número total creció un 2,1% respecto a junio, mientras que las unidades por ticket mostraron una suba del 0,6%.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el consumo mejoró un 6,6% frente al mes anterior, aunque se mantiene en terreno negativo frente a julio de 2024, con un derrumbe del 11,7%. En el interior del país, la tendencia fue similar: suba mensual del 9,3%, pero baja interanual del 1,2%.
En términos de facturación, el AMBA registró un alza mensual del 6,4%, mientras que el interior mostró una mejora del 10,1% respecto a junio. En cuanto a unidades vendidas, el incremento fue del 0,6% intermensual y del 5,9% en la comparación anual. El ticket promedio subió un 1,5% mensual y un 34% interanual.

Contexto de desaceleración inflacionaria sobre el consumo
El director de Focus Market, Damián Di Pace, explicó que “hoy, en un contexto de desaceleración inflacionaria y mayor previsibilidad en la variación futura de precios, el patrón de compra se está normalizando”. Añadió que los hogares “ya no sienten la urgencia de acopiar” y que “reponen con mayor regularidad y en volúmenes más ajustados a la necesidad inmediata”.
El economista sostuvo que “hay un giro en el ciclo macroeconómico: la estabilidad relativa de precios, aun con niveles altos, reduce el incentivo al adelantamiento del gasto y permite reasignar ingresos hacia otros rubros, como el gasto en servicios”.
En ese marco, el desafío para las empresas de consumo masivo será “adaptarse a un mercado que deja atrás el ‘pico de ventas por stockeo’ y se orienta hacia una demanda más estable, pero menos voluminosa en cada acto de compra”.

Tras un 2024 marcado por la inercia inflacionaria y la incertidumbre sobre el valor del dinero, los consumidores argentinos adoptaron un comportamiento defensivo, adelantando compras y acumulando mercadería no perecedera. Sin embargo, incluso con el movimiento del dólar en julio, esa estrategia perdió fuerza, obligando a mayoristas y minoristas a enfocarse más en la rotación que en el stockeo.
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