Pablo Grillo, el fotógrafo que recibió un disparo de gas lacrimógeno en la cabeza durante la represión de la marcha de jubilados del 12 de marzo, fue dado de alta del Hospital Ramos Mejía y trasladado al Instituto Manuel Rocca, donde inició su proceso de rehabilitación. El hecho ocurrió cuando el cabo Héctor Guerrero, de Gendarmería Nacional, disparó de forma horizontal contra manifestantes, hiriendo gravemente al reportero gráfico.
Según el informe del Cuerpo Médico Forense, al que tuvo acceso Noticias Argentinas a través de la abogada del CELS, Agustina Lloret, las lesiones fueron clasificadas como “graves y gravísimas” y “pusieron en riesgo cierto y serio la vida de Grillo”, destacando especialmente una fractura de cráneo provocada por el proyectil de alta velocidad.

Lloret confirmó que la documentación ya fue presentada ante la Justicia, y se solicitó la indagatoria del gendarme Guerrero. “Ya hay pruebas suficientes para avanzar hacia un juicio”, aseguró, señalando además que existen videos , algunos registrados por la propia Gendarmería, que muestran a Guerrero disparando a la multitud y a otro agente celebrando la acción.
El proceso de rehabilitación que comienza este martes será clave para determinar las secuelas neurológicas y físicas permanentes que podrían afectar a Grillo. La querella insiste en que lo ocurrido no fue un exceso aislado, sino un hecho con responsabilidades concretas y pruebas contundentes que comprometen a las fuerzas de seguridad.



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