En el corazón del Parque de la Salud de Misiones, la residencia en Medicina General y Familiar se consolida como un espacio formativo integral, que busca formar médicos con mirada comunitaria, clínica y humana. A cargo de este proceso está la doctora Analis Herrera, jefa de residentes, quien día a día acompaña a los profesionales en formación en su recorrido por consultorios, hospitales y centros de salud.
Actualmente, el área cuenta con 20 residentes en formación, distribuidos en primero, segundo y tercer año. Se trata de una especialidad transversal, que promueve el enfoque en la atención primaria, el trabajo en red y el abordaje integral de las personas en el sistema de salud.
“Nuestro trabajo se enfoca en la clínica ambulatoria, la continuidad del cuidado y la cercanía con el paciente. Es una especialidad que te enseña a escuchar, a acompañar procesos y a mirar la salud en su contexto”, explica Herrera.

Aprender haciendo: el valor de la residencia
La residencia en Medicina General y Familiar se extiende por tres años y combina la práctica asistencial con la formación académica. Los residentes participan activamente en consultorios, visitas domiciliarias, derivaciones hospitalarias, atención en CAPS y jornadas comunitarias, donde articulan con equipos interdisciplinarios.
“La residencia te forma en la realidad. Te da herramientas para decidir, comunicar y resolver en el primer nivel de atención, pero también para derivar y acompañar cuando es necesario”, destaca Herrera.
Los residentes trabajan bajo supervisión, con una jornada intensiva de lunes a viernes y rotaciones por distintas áreas del sistema. Además, participan en guardias clínicas, donde adquieren experiencia en la atención de urgencias y emergencias, desde un enfoque clínico integral.

Una formación centrada en el paciente y su contexto
Lejos de los quirófanos o las terapias intensivas, el día a día de esta residencia se basa en el seguimiento de pacientes en su contexto real de vida. La especialidad prioriza la relación médico-paciente a largo plazo, la educación en salud y la prevención.
“Medicina General y Familiar no solo forma clínicos. Forma personas que pueden acompañar procesos de salud desde la empatía y el compromiso social. Es una especialidad profundamente humana”, resume Herrera.
Además de los espacios asistenciales, los residentes participan de ateneos clínicos, instancias de evaluación, encuentros con tutores y actualización científica, promoviendo una formación continua y basada en evidencia.

Jóvenes profesionales comprometidos
La especialidad atrae a quienes buscan un perfil profesional que combine compromiso territorial, resolución clínica y trabajo en equipo. Muchos de los egresados de la residencia se desempeñan luego como médicos de atención primaria en hospitales, CAPS o zonas rurales de Misiones.
“Nos importa mucho la formación ética y el acompañamiento. La residencia no es solo un trabajo, es una escuela profesional de vida. Apostamos a formar médicos que escuchen, que sepan trabajar con otros y que sean referentes en sus comunidades”, concluye Herrera.



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