La Argentina sigue siendo uno de los países más caros de la región en una amplia variedad de rubros. Así lo señala un reciente informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, que realizó un relevamiento comparativo de precios en alimentos, bienes durables y servicios con respecto a países como Brasil, Chile, México, Polonia, China, Estados Unidos, Francia y Corea del Sur.
El estudio refleja una tendencia sostenida de encarecimiento, que no solo se explica por la inflación, sino también por fallas estructurales del sistema económico argentino. Entre ellas se destacan los altos costos logísticos, una carga impositiva que recae sobre todas las etapas de la producción y comercialización, y una política de administración del comercio exterior que encarece artificialmente bienes y servicios esenciales.
"Se trata de una situación intermedia, si bien en la comparación era de esperar precios de alimentos relativamente baratos en Argentina, por su elevada productividad en el sector agropecuario y por la existencia de altos derechos de exportación (DEX), que reducen los precios en el mercado interno de muchos alimentos que los pagan directamente en su exportación, o cuyos insumos y materias primas abonan esas retenciones en sus ventas al exterior", explicaron desde la Mediterránea.

Alimentos: más caros que en Brasil, Chile y México
En el rubro de alimentos y bebidas al consumidor final, Argentina es más cara en el 48% de los casos comparados. Al analizar 10 productos en 10 países, el estudio revela que Brasil resulta más barato que Argentina en todos los bienes cotejados, y que también se observan diferencias marcadas con Chile y México: en el 60% de los productos, los precios argentinos son superiores.
En contraste, países desarrollados como Estados Unidos, Francia y Corea exhiben entre un 80% y 100% de precios más altos que Argentina en este rubro. No obstante, el informe señala que, por su elevada productividad agropecuaria y la vigencia de altos derechos de exportación (DEX), Argentina debería tener alimentos más baratos. Esos impuestos suelen reducir el valor en el mercado interno, algo que hoy no se refleja en los precios reales que paga el consumidor.

Bienes durables: Argentina lidera en sobreprecios
La diferencia más notoria se encuentra en los bienes durables, donde Argentina presenta precios más caros en el 91% de los casos analizados. El informe incluye productos como autos, motos, bicicletas, electrodomésticos, ropa y calzado, que, siendo transables, deberían tener precios más homogéneos entre países.
Los factores explicativos de estos precios elevados son, según el IERAL, la alta protección comercial (derechos de importación y restricciones cuantitativas) y la presión impositiva interna, que incluye IVA, Ingresos Brutos, impuestos municipales y el impuesto a los débitos y créditos bancarios.
Entre los artículos donde Argentina presenta los mayores sobreprecios respecto de todos los países evaluados se destacan: televisores, freidoras, vestidos y zapatillas.

Servicios: también más caros que en Brasil
En lo que respecta a servicios, Argentina es más cara en el 36% de los casos, pero cuando se compara exclusivamente con Brasil, el país resulta más costoso en un 80% de los rubros. Esto incluye, por ejemplo, comidas fuera del hogar y planes de telefonía móvil.
En cambio, Argentina sigue siendo relativamente más barata en algunos servicios subsidiados, como el boleto urbano de pasajeros, las expensas en edificios, la cuota del gimnasio y los niveles preescolares.
El informe señala que, aunque es esperable que los países desarrollados tengan servicios más costosos, en la región Argentina se destaca por su nivel elevado de precios frente a vecinos como Brasil, y en menor medida frente a Chile o México.
El IERAL concluye que los precios en Argentina reflejan una combinación de inflación acumulada, presión tributaria, subsidios cruzados y políticas de protección comercial. Estas variables impactan negativamente en la competitividad y el poder adquisitivo de los consumidores, que enfrentan precios desproporcionados incluso frente a países de ingresos similares o menores.



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