A casi tres décadas del brutal asesinato de Carolina Aló, su familia y allegados mantienen vivo el reclamo de justicia y el recuerdo de la joven que fue víctima de una de las agresiones más atroces en la historia reciente del país. El femicidio, ocurrido el 27 de mayo de 1996 en la localidad bonaerense de Tigre, marcó un antes y un después en la lucha contra la violencia de género en Argentina.
Carolina tenía apenas 17 años cuando fue asesinada con 113 puñaladas por su entonces novio, Fabián Tablado. La saña del crimen conmocionó a la sociedad y puso en evidencia la necesidad urgente de políticas públicas de prevención y justicia con perspectiva de género. Sin embargo, en ese momento, el Código Penal no contemplaba la figura del femicidio, por lo que Tablado fue condenado por homicidio simple a 24 años de prisión.

“Estos años fueron de demasiada lucha y con la Justicia sorda, muda y corrupta”, expresó Edgardo Aló, padre de Carolina, en diálogo con la agencia Noticias Argentinas. A pesar del tiempo transcurrido, asegura que el dolor y la necesidad de justicia siguen intactos, especialmente frente a la liberación del femicida, quien hoy reside en la ciudad de Posadas, Misiones, bajo una orden judicial que le impide acercarse a menos de 300 kilómetros de la familia Aló.
En el marco del nuevo aniversario, Edgardo participará este lunes de un homenaje en Rosario, donde el municipio declaró el 27 de mayo como el “Día de la No Violencia en el Noviazgo”, en memoria de su hija. El acto se llevará a cabo en una facultad ante unas 300 personas, con disertaciones, intercambios de opiniones y la entrega de reconocimientos de la Fundación Carolina Aló a autoridades locales, entre ellas el intendente, concejalas y secretarías de género.

El caso de Carolina no solo generó una profunda conmoción social, sino que también fue clave para visibilizar la violencia en los vínculos adolescentes, un fenómeno que por entonces era ampliamente silenciado.
Tablado fue arrestado horas después del crimen, tras confesarle el hecho a un amigo. Durante su estadía en prisión obtuvo salidas transitorias y se vio nuevamente involucrado en hechos de violencia de género y amenazas, por lo que sumó nuevas condenas.

A 29 años del femicidio, la memoria de Carolina continúa impulsando acciones de concientización y reclamos de justicia. Su historia se convirtió en un símbolo de la lucha contra la violencia machista, que aún hoy exige respuestas concretas del Estado.
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